Con molderías urbanas siempre innovadoras y una austera paleta de colores, la diseñadora y responsable creativa de la marca nos cuenta cómo enfrenta el desafío de seguir creciendo.

–¿En algún momento hizo un repaso de todos estos años de diseño?

 

–El año pasado cumplimos diez años y saqué toda la ropa que tenía guardada de todas las colecciones para una acción. Fue como revisar mi historia como diseñadora, y lo que veo es que no se va complejizando, sino que se va simplificando.

 

–¿Cómo se evita la repetición?

 

–Es todo un tema, porque no podés hacer todo el tiempo lo mismo y, a la vez, sí tenés que hacer todo el tiempo lo mismo, ya que la identidad se logra, justamente, haciendo lo mismo. Pero tenés que tener la novedad.

 

–¿Todavía no llegó a una conclusión?

 

–Y… yo te diría que estoy en ese momento, metida en ese dilema, antes estaba mucho más convencida de que había que hacer otra cosa.

 

–Además hay una demanda del mercado, por ejemplo con el color.

 

–Claro, pero al mismo tiempo, si vos querés una prenda beige ya sabés adónde ir a buscarla. El color está enfrente, a la vuelta. Y yo tengo una postura con el color que es genuina, no es una cosa que se me ocurrió un día.

 

–¿Cuál es esa postura?

 

–Tiene que ver con lo que a uno le vibra. Yo no tengo ropa de colores, no es que yo hago ropa así para vender y después ando vestida de colores o le pongo colores a mis hijos o a mi casa.

 

–¿Siente que ser genuina es un deber?

 

–Yo siempre pienso que las marcas que están vinculadas a un diseñador tienen que ser genuinas porque es la única manera de que funcionen a lo largo del tiempo. Y para eso es importante hacer un trabajo de autoconocimiento y de ir tomando decisiones y posturas frente a las cosas. Más allá de la postura que yo tenga frente al color, hay que ver si comercialmente la puedo sostener o hay que modificarla.

 

–No me imagino que se modifique.

 

–Yo tenía una amiga que tenía una frase que me encanta: “El brillo es color”. Estoy tratando de incursionar por ahí.

 

–¿Qué expectativas de crecimiento tienen?

 

–Nosotros necesitamos crecer en volumen, ese es nuestro objetivo. Lo que no sabemos es de qué manera, con qué proyecto, porque el mercado argentino tiene sus particularidades. Hace poco estuve viajando mucho y comprobé que tenemos un mercado con muchas marcas propias que en Latinoamérica ocupan bastante lugar. Eso es interesante y hay que tenerlo en cuenta porque las marcas pueden vivir del mercado local.

 

–Definamos el estilo de Cora Groppo.

 

–Es austero, moderno, monocromático, urbano, andrógino, cosmopolita y femenino.

 

–¿Cómo lo ve en el mercado local?

 

–Mi teoría es que en los años 20, los 30… hasta los 80, había una moda que se establecía, y afuera de eso no se registraba casi nada. Pero la del 80 fue la última década en que se pudo hacer una cosa tan marcada. A partir de ahí ¿cómo lo vas a delimitar? Te las discuto todas, hay millones de artista y vertientes y tendencias…

 

–La globalización de la moda.

 

–Tiene que ver con la globalización y tiene que ver con la búsqueda de la identidad, de la propia identidad, los mandatos se rompieron y todo está puesto en tela de juicio, hasta tener hijos. Por eso sostengo que en todas partes del mundo hay gente como yo y gente como vos, y en la sumatoria hay un mercado.

 

–¿Qué siente frente a la marca que creó?

 

–Me da mucho orgullo. Haberla creado casi sin recursos económicos, a puro pulmón, a puro contenido, me parece un logro muy grande porque se percibe casi como una firma de lujo sólo porque la ropa está bien hecha y realmente nosotros nos esforzamos muchísimo por eso. Ese es el mayor logro: haber construido una marca a pulmón; sin pautar, sin estar en shoppings, totalmente afuera del mercado. Ahora el desafío es hacer que esto se sostenga, que la visión de la marca y lo que realmente hay detrás coincida en términos económicos.