El Salmón volvió con todo. Después de meses de escandalosa tormenta mediática, cerró filas y le dio vida a Bohemio, un viaje de confesiones expresadas entre baladas y melodías de rock. Reflexiones sobre la vida y el amor en palabras del músico argentino más reconocido de la actualidad.

Andrés Calamaro es el músico argentino de mayor impacto en el mundo de habla hispana. Sus canciones tienen el poder de circular a través de toda la geografía de América latina, cruzar el océano y quedarse clavadas en la memoria emotiva de millones de personas. Pero también es un acontecimiento en sí mismo. Haga o no haga, diga o no diga, buena parte de la atención popular siempre está puesta en sus pasos y el imaginario que encienden.

 

 

Además, siempre hace: compone, escribe, graba, toca, tuitea con fervor, se fanatiza subiendo a la red sus mashups –collages de canciones–, va a corridas de toros y mucho, mucho más. No duda en lanzarse cíclicamente en la desmesura, naufraga en sus abismos interiores y siempre se rescata.

 

 

De eso alimenta su vida, su obra y quizás también la magia que elude cualquier fecha de caducidad. Luego de un febril período de exposición mediática, el músico logró aislarse de la trampa de los programas del mediodía, recuperó su intimidad y nos regaló un nuevo disco, Bohemio, que se presentará oficialmente el 7 de diciembre en el Hipódromo de Palermo.

 

 

El flamante álbum del ex Los Abuelos de la Nada y Los Rodríguez reproduce una estructura vinílica de diez canciones y 35 minutos de duración. Bien podría entenderse como un lado A de cinco y uno B de otras tantas. Lo atraviesa cierto clima de melancolía y un aura de pérdidas y reencuentros que va más allá de las palabras. “La creación en el abismo de la conciencia es el malditismo de toda mi vida. Hay que ajustarse los cinturones”, revela Calamaro a El Planeta Urbano a modo de mapa aproximatorio al álbum. Bohemio abre con “Belgrano”, donde el Salmón le canta a Spinetta y alcanza el momento más hondo del álbum –“Cuáles fueron tus últimas palabras/ Tu último destello de conciencia. / Qué dejaste escrito en una carta, / Qué canción elegiste escuchar”–, y cierra con el rock entre festivo e irónico “Doce pasos”. “Una oración del colectivo de alcohólicos y narcóticos anónimos con letra de Marcelo Scornik”, explica el propio Calamaro.

 

 

En medio de esos dos extremos hay lugar para el hit instantáneo “Cuando no estás”; la balada confesional “Tantas veces” –“Perdón vida de mi vida/ Perdón si es que te he faltado/ Por mí saldría el sol todos los días/ Por mí no existirían heridas”–; la también lenta pero más existencialista “Nacimos para correr” –“Muchos amigos que no están me recuerdan la fortuna de existir”–; el groove lento y adictivo de “Bohemio”; la acidez desesperada de “Plástico fino”, y el juego de espejos de “Dentro de una canción”, casi una definición filosófica de la vida de Calamaro.

 

 

 

 

 

–Bohemio incluye diez canciones y dura 35 minutos, casi como los viejos vinilos. ¿Lo pensó de esa manera?

 

 

–Aunque el resultado responde a asuntos formales de la grabación y sus tiempos, también identifico un concepto de long play que celebro. Discos pares que pueden partirse en dos y escucharse en menos de cuarenta minutos. El formato revolucionario de la música grabada.

 

 

–En este trabajo dejó atrás ritmos con los que venía trabajando últimamente, como el reggae, el tango, la cumbia y el funk, por citar algunos, a favor de su perfil más folk/rock. ¿Esa estética se la fueron demandando las letras?

 

 

–Las canciones estaban presentadas y presentables, respondiendo a mi única forma de componer y grabar al mismo tiempo. Busco el sistema para que la letra llegue al mismo tiempo que la música, mientras grabo una versión “vestida” de cada canción. El concurso de las guitarras acústicas es un sello de la producción y grabación del disco. Teníamos guitarristas para un buen disco de guitarras y los usamos.

 

 

–Algunos colores del disco recuerdan a Roy Orbison y Tom Petty. ¿Lo ve de esa manera?

 

 

–No pensé en Roy o en Tom Petty mientras grababa. El tono general del disco debería recordarnos a “Wild Horses”, salvando las distancias. Es decir, el rock que los Rolling Stones tocaron sentados. Hay un cierto paralelo con algunos sonidos de Honestidad brutal, mi álbum del siglo pasado, sin el reggae de arrabal ni los tangos jamaiquinos presentes en aquel disco.

 

 

–¿Cómo tomó la decisión de cantar y no tocar ningún instrumento? ¿Le ofreció una nueva perspectiva trabajar de esta manera en el estudio?

 

 

–No es una decisión. El canto siempre se graba en la soledad de la sala (de grabaciones) y el micrófono. Hace cuarenta años que grabamos solos las voces principales, quitando las grabaciones en vivo. En los ensayos y recitales también canto libre de instrumentos. Hay un diferente enfoque de la interpretación, aunque estoy entrenado para cantar tocando el piano sin problemas. No toqué instrumentos porque entendí que la prioridad era involucrar a mis compañeros (de giras y ensayos) en la grabación, que ocurría mientras simultáneamente ensayábamos para estrenarnos en vivo. Si me hubiera presentado solo y solista, es probable que hubiese tenido mayor participación instrumental, pero llegué con un quinteto de músicos inspirados y talentosos. Uno por uno.

 

 

–¿Cómo fue armando la nueva banda y cómo es la química interna?

 

 

–Nos armamos en un día. Aunque fue Julián (Kanevsky) el que terminó de cuajarnos como grupo sonoro. Mi compadre Guidenson (Guido Nisenson, productor e histórico colaborador de AC) me ayudo a convocar un casting cerrado y quedamos todos. La química es buena porque somos músicos de conciencia pura y nadie quiere ir a remolque de los demás. Somos todos locomotoras. Además, elegimos a un líder que ordena los ensayos proponiendo arreglos, diagramando la secuencia de canciones y corrigiendo detalles. Es nuestro pianista Germán “Jero” Wiemeyer, que también toca los teclados del disco.

 

 

–“Belgrano” es la primera canción homenaje a Spinetta. ¿En qué momento la compuso y qué le duele más de su ausencia?

 

 

–La muerte de Luis fue una revolución de perspectivas, más allá de la pérdida emocional de un héroe y un compañero muy querido. Escribí estos versos hace un año y poco. En su momento, no quise escribir para periódicos y publicaciones. Hay cosas que no pueden ser tratadas como asuntos urgentes de actualidad. La actualidad urgente es un invento bastardo que no debería salpicar asuntos artísticos ni humanos, más allá de la información contrastada y seria. O elegante y cultural.

 

 

–En “Nacimos para correr” reaparece el tema de la muerte y se plantea la suya.

 

 

–Es la eternidad. La eternidad es una idea. Para las religiones es un concepto presente y permanente. El anzuelo de la fe. “Nacimos para correr” transmite una sensación solemne pero luminosa, porque es un momento de música cantada, y eso es una canción: un episodio inquebrantable. La música y la letra están juntas y jamás habrá quien las separe.

 

 

–El “buen día” de “Plástico fino” remite a “Buen día, día” de Miguel Abuelo, pero termina siendo una crónica amarga y dura. ¿“Rehenes” también surge desde una impronta más desesperada?

 

 

–“Rehenes” es el collage de “Polaroid de locura extraordinaria”. La escuché y pensé en Big Fish (la película de Tim Burton sin Johnny Depp). Una serie de memorias demasiado coloridas para ser reales que confirman su verdad de episodios realmente vividos por alguien. Está cantado en tercera y primera persona al mismo tiempo. “Plástico fino” responde al malditismo químico prosaico. El opio de los poetas y los pueblos. La frase “Prefiero la mañana cuando no he dormido” es una referencia directa a “San Diego Serenade”, de Tom Waits. Una de mis canciones preferidas de todos los tiempos.

 

 

–“Tantas veces” reflexiona sobre la vida y el amor. Y en ese contexto pide perdón. ¿Tiene algo que ver con lo que vivió en los últimos tiempos?

 

 

–Esa canción está escrita hace unos años, está fuera de cualquier contexto alentado por la actualidad del absurdo cotidiano que impulsa la televisión al mediodía. Está armada con frases que responden al catálogo inmortal de frases célebres. “Perdón” en el bolero del maestro Flores, “perdón” es Ryan O’Neal en Love Story, el gaucho es Martín Fierro y también aparece una cita a “Naranjo en flor”. Hasta el “músculo sano” de Los Rodríguez late en esta canción de canciones. No es personal. Solamente estoy cantando.

 

 

–“Bohemio” es una canción, el nombre del disco y de alguna forma ya funciona como una forma de definirlo. ¿Hoy se identifica más con la vida del bohemio que con la del salmón?

 

 

–Hoy en día, entre el tardo hipe del segundo mundo y los teléfonos galácticos (con tanta gente consumiendo información inútil), la bohemia se me antoja como la independencia de los pensamientos, la mirada poética y contemplativa de la realidad y del arte. El bohemio es el dandy posible.

 

 

–“Dentro de una canción” delibera sobre la importancia y posibilidades de las canciones. ¿Podría vivir sin canciones? ¿Las canciones funcionan en su vida como puente y a la vez escondite?

 

 

–Son un puente pero podrían llevarte a ninguna parte. Y son un escondite transparente donde esconderse exponiendo. Ya estamos en el terreno de la dialéctica y la metáfora. Escribir canciones no es fácil, pero es mucho más sencillo que la teoría de las canciones. Es la expresión humana, instantes de creación. Pueden quedarse en un cajón, en el lugar donde nunca sale el sol y pasar al olvido. Pero cuando circulan como canciones adquieren otra dimensión.

 

 

–¿Qué nos puede adelantar del show presentación de Bohemio en Buenos Aires?

 

 

–De momento no contamos con el concurso de artistas invitados en ningún concierto de los que brindamos hasta la fecha. Nos estamos estrenando y somos un grupo de solistas conjuntados. Tenemos mucho para mostrar y armamos un recital de rock en el estricto sentido. No nos presentamos solamente como coleccionistas de canciones. Vamos a interpretar y hacer lo que mejor hacemos: tocar y cantar con responsabilidad, buscando las buenas sensaciones y “el duende”. Después de la gira vendrán las demás giras, no voy a dejar que nos oxidemos. En el intermedio me gustaría viajar a París.

 

 

–Usted empezó en los 80, en un momento de mucho movimiento en el rock argentino. ¿Cómo lo ve hoy?

 

 

–En el rock, un valiente puede más que mil traidores. Ahora mismo, el nivel lo marcan el Indio Solari, Ricardo Iorio y Peter Capusotto, que también es un artista de rock, aunque practicando humor de primera clase. Los textos, la inteligencia y el “fenómeno” que arrastra el Indio es el presente grande del rock local. El tiempo/país se pone de pie para escuchar las intervenciones de Ricardo Iorio en Almafuerte, que ofrece la conciencia pura y su gran corazón, recordando las verdades de José Larralde y Miguel Abuelo. Peter “Diego” Capusotto paraliza al país una vez por semana para disparar puro código rockero de insólita gracia e inteligencia. Son valientes y graciosos. El mejor momento para el rock siempre es hoy.

 

 

 Calamaro bajo el ala de Cachorro López

 

 

Acerca de la producción de su nuevo material, dice Andrés: “Cachorro hace discos fieles a su forma de entender un sistema de grabaciones y un resultado con garantías. Creí oportuno compartir con él algunos archivos musicales. Nos esperamos seis meses hasta que los calendarios dijeron “esta boca es mía”.

 

 

EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR

 

Luego de un febril período de crisis amorosa y exposición mediática, que él mismo documentó a través de Twitter, Calamaro parece haber recobrado su privacidad y también su relación con Micaela Breque. Fueron momentos turbulentos que seguramente no querrá volver a pasar y de los cuales –asegura– supo aprender. Más que comunicados oficiales, la participación de Breque haciendo del propio Calamaro en el clip de “Cuando no estás” parece dejar las cosas en claro y cerrar las puertas definitivamente al conventillo mediático.

 

 

–¿Cómo surgió la idea del clip de “Cuando no estás” y la participación de Micaela? ¿Fue una inspiración la película I’m Not There?

 

 

–Puedo pedirle a Leo Damario un video promocional conservador con mímica y lo haría muy bien, creativo y artístico. Pero preferimos evitar la fórmula de la promoción pura y encarnar un clip con aromas cinematográficos. Evidentemente rescatamos el personaje de Cate Blanchett/Bob Dylan en I’m Not There y también el erotismo parisino del El último tango. Algunas secuencias remiten al video de “Flaca”, realizado por Diego Kaplan para el disco Alta suciedad.

 

 

–A principio de año muchos medios prestaron particular atención a su vida amorosa. ¿Pudo aprender o sacar algo positivo de todo eso o sólo se trató de aguantar el vendaval?

 

 

–“Jamás apuestes en contra de mí que vas a tragarte tu propio vómito en la ambulancia” es la lección que los demás tendrían que haber aprendido. El conventillo mediático es una mancha que va a perseguir siempre a los mercaderes de vergüenza y a aquellos que hayan tragado el morbo. Yo saco cosas positivas de todo, porque quiero, porque puedo y porque sé cómo.

 

 

 

“Hoy en día, entre el tardo hipe del segundo mundo y los teléfonos galácticos (con tanta gente consumiendo información inútil), la bohemia se me antoja como la independencia de los pensamientos, la mirada poética y contemplativa de la realidad y del arte. El bohemio es el dandy posible.”

 

 

 

“Jamás apuestes en contra mío que vas a tragarte tu propio vómito en la ambulancia’ es la lección que los demás tendrían que haber aprendido. El conventillo mediático es una mancha que va a perseguir siempre a los mercaderes de vergüenza y a aquellos que hayan tragado el morbo. Yo saco cosas positivas de todo, porque quiero, porque puedo y porque sé cómo.”