¿Quién no tuvo alguna vez la sensación de que ya ha vivido una experiencia? ¿Es posible que el futuro nos envíe señales anticipándonos premonitoriamente sucesos que aún no han tenido lugar? ¿Qué sucedería si descubriéramos que de alguna forma funcionamos desdoblados en otro tiempo, haciendo lecturas de lo que viviremos conscientemente?

Estas preguntas parecen no incomodar al científico cuántico francés Jean-Pierre Garnier Malet, quien ha presentado la teoría del desdoblamiento del tiempo en el American Institute of Physics, de Nueva York, en 2006. La teoría del desdoblamiento aborda estas preguntas de manera revolucionaria y permite formular teorías que amplían los límites de las fronteras impuestas por la física moderna.

 

Una teoría desarrollada por la física cuántica establece que, sin observación, nada existe; es decir que sin la presencia de un ser consciente que observe lo existente, la creación no tendría sentido. Para entender mejor este concepto hay que diferenciar al observador del espacio observado.

 

Uno puede ser considerado como observador del tiempo en el que sencillamente existe (presente) y de su propio horizonte de observación (realidad observable).

 

La teoría del desdoblamiento aborda una realidad muy distinta de la que estamos acostumbrados y la que conocemos como el “aquí y el ahora”. ¿Qué pasaría si de pronto tomáramos conocimiento de que existimos proyectados en otra realidad en la que operan otras funciones y leyes espacio-temporales?

 

La dualidad existencial

 

La física cuántica nos abre a la posibilidad de que una parte de nosotros mismos exista desdoblada de nuestro cuerpo físico y más allá de nuestro flujo lineal del tiempo. La teoría establece que existe un mismo observador, con dos horizontes distintos de observación. Esta realidad permitiría explicar lo que en disciplinas místicas es conocido como “revelación” o “premonición”. Bajo esta teoría, nuestro propio ser espiritual podría tener una amplitud de existencia en la que el horizonte observable fuera mayor y se manifestara en una realidad dimensional superior en la que pasado, presente y futuro existan como un tiempo paradójico y dependiente de las decisiones que tomemos en nuestra realidad física. ¿Qué significa eso? Que el tiempo es una matriz moldeable, y de acuerdo a las decisiones tomadas en el pasado determinamos la realidad presente y predeterminamos un destino futuro. Sería como vivir desdoblados en dos realidades temporales distintas y que tan sólo fuéramos conscientes de una, la que vivimos y nos atrapa en el presente. El observador de la realidad del “aquí y ahora” ignora al observador desdoblado puesto que desconoce su horizonte de existencia y su tiempo de observación.

 

 

Las aperturas temporales

 

Existen ciertos momentos en los que se crean aperturas temporales y que, a través de canales de comunicación que actúan sutilmente, se puede sentir como si todo se detuviera en un no tiempo, un tiempo sin tiempo, instantes en los cuales se puede obtener la información proveniente del tiempo desdoblado en el futuro. El desdoblamiento implica a un observador desdoblado en el futuro, evolucionando en las aperturas temporales que va determinando el observador inicial en el presente. Nuestra “otra parte”, nuestro propio ser esencial y espiritual, preestablecería potencialmente las mejores opciones de futuro que nos permitan cumplir con los desafíos necesarios para evolucionar en conciencia. Así pues, el observador futuro proporciona intercambios de información al observador presente en las “aperturas temporales” que son comunes a ambos.

 

El famoso déjà vu, en el que el tiempo parece detenerse, se manifiesta en la apertura temporal en la que el observador inicial adquiere una propiedad premonitoria que le permite, mediante “pálpitos” y “corazonadas”, anticipar lo que se está a punto de vivir como si ya lo hubiese vivido.

 

Esta anticipación le permite ganar tiempo pero no le otorga necesariamente respuestas a sus necesidades evolutivas. Esta teoría no se contrapone con el libre albedrío, ya que es nuestra propia parte consciente la que finalmente toma las decisiones, atendiendo o desatendiendo la voz del ser espiritual que se comunica a través de la intuición, los sueños, el subconsciente y otros tantos sistemas sensitivos y cognitivos suprafísicos.

 

Entrelazamiento cuántico

 

Todo acto humano empuja una matriz de tiempo y de realidad. Todo está unido. Las personas, las cosas, los eventos, el pasado, el presente y el futuro están entrelazados en una misma matriz de tiempo. Dicha matriz es la que se encarga de reflejarnos y materializar, con base en la información que acumula en toda su extensión, en las elecciones personales y de todo el conjunto (humanidad), las tendencias en la construcción de realidades a futuro.

 

Todo evento del pasado produce una onda en el tejido del tiempo, que se expande afectando a un evento del futuro para crear el destino presente, y ambos tejen la matriz de probabilidad hacia el futuro.

 

Así, tenemos que nuestro espacio-tiempo es una sustancia activa, un espacio vibratorio (el movimiento de las olas del espacio) y esta es la causa de la fluctuación del espacio y del tiempo. Aristóteles también se había dado cuenta de esta relación entre el tiempo, la materia y el movimiento.

 

A cada momento nuestras decisiones determinan el fluir del cause del futuro. Lo que nos sucederá en el futuro no es fruto de sucesos aleatorios o azarosos, sino que será el efecto y consecuencia de una cadena de causalidades que son producto del entrelazamiento cuántico.

 

El determinismo cuántico dice que aunque no puedo saber exactamente qué sucederá, puedo anticiparlo con base en la probabilidad y el desdoblamiento. A escala humana, la elección nos permite determinar consciente e inconscientemente qué opción disponible de futuro elegir con base en probabilidades predeterminadas por sucesos causales de nuestras propias elecciones pasadas y lo que nuestro ser desdoblado nos comunica desde el futuro.

 

El futuro es una multiplicidad de opciones

 

El futuro está esencialmente abierto en múltiples opciones y se encuentra en un estado latente e indeterminado. En otras palabras, se constituye de una pluralidad de posibles futuros, pero que solamente puede colapsar como realidad, sólo una opción que es determinada por nuestras propias elecciones presentes. La construcción del futuro, entonces, no habría que entenderla como la aparición inexorable de sucesos provocados por factores ajenos a la voluntad humana, sino como un factor resultante de acciones pasadas y decisiones presentes que se crean mediante la focalización de atención e intenciones movilizadas, consciente o inconscientemente por nosotros mismos. El presente personal, entonces, es el resultado de nuestras propias elecciones, y el presente grupal o colectivo es creado por el efecto de una masa crítica de personas.

 

Una nueva visión de nosotros mismos

 

 

Los físicos cuánticos consideran al universo como un medio constituido esencialmente por información. Y la existencia en evolución sería el resultado de una búsqueda constante de información organizada bajo un esquema de proyección de nosotros mismos en diferentes dimensiones espaciales y temporales. Los sentidos mal llamados “paranormales” sugieren la capacidad humana de captación de las distintas realidades que, en ocasiones, superan brechas emocionales y espaciales para proveer información independientemente de todo canal de comunicación conocido. Es probable que una de las claves para encontrar un sentido a la evolución esté depositada en una dimensión que se nos presenta comúnmente como un irresoluble misterio y tal vez sea el hábitat de nosotros mismos y que permita con el desdoblamiento, vivir en dos realidades de una misma existencia: la realidad que experimentamos, con nuestro limitado cuerpo físico, y la sutil y etérica, que permite la expresión y la comunicación con realidades superiores de nuestro espíritu. Un espíritu que busca no tener que ser ajeno ni distante a otra manifestación de sí mismo, que busca existir consciente como un todo (mente, cuerpo y espíritu), alcanzando la verdadera iluminación que radica en vivenciar la unidad a pesar del desdoblamiento de la existencia, en un punto supremo en que todo se contacta y se siente al creador. Como un horizonte que conecta el cielo y la tierra, en el que nuestra mente y nuestro espíritu se funden con el ser material. Al final, todo es como un gigantesco holograma, en el cual la parte refleja la imagen del todo.