La capital de Cuba es tantas ciudades como uno quiera. Artística, colorida, humana, cosmopolita, sofisticada. Nadie que no haya recorrido esta urbe con curiosidad puede imaginársela. Trataré de retratarla, pero será una pintura inevitablemente parcial.

París existió alguna vez en el Caribe, y se llamó La Habana. Todavía existen sus rastros, sólo que han sufrido un mestizaje que, según el cristal con que se mire, los ha enriquecido o los diluyó para siempre.

 

 

La ciudad histórica

 

La Habana vieja probablemente ya no es lo que era. Está íntegramente restaurada por la Unesco y parece una bella maqueta. Los edificios antiguos, la Plaza Mayor y las iglesias coloniales que la rodean son, como en todas las capitales latinoamericanas, magníficos.

 

Son imprescindibles las visitas a la fábrica de habanos Partagás, al bello edificio art déco de la antigua fábrica Bacardí y a los museos de la Revolución (antiguo palacio de gobierno, con ornamentos originales de Tiffany’s) y de Bellas Artes. No debés perderte el paladar (restó en la jerga cubana) La Guarida, construido en el set de filmación de la película Fresa y chocolate. Alta sofisticación.

 

 

 

 

 

Hotel Nacional

 

 

 

La Rampa y La Torre

 

 

Montado a un viejísimo y elegante Bentley, remontás La Rampa y degustás fresa o chocolate en la heladería Coppelia. Enfrente verás el histórico hotel Habana Libre, donde durante dos años funcionó el gobierno de Castro, y a unas cuadras, sobre el Malecón, el Hotel Nacional, que albergó a las más rutilantes estrellas de los 50.

 

 

Si llegás a la hora del cóctel o de la cena, el hotel La Torre, chic y francés, con una vista deslumbrante de la ciudad, es la elección correcta.

 

 

 

Hotel Habana Libre

 

 

 

 

Miramar y playas cercanas

 

Miramar es el antiguo barrio aristocrático, de casonas que hoy son embajadas. Una ciudad dentro de otra. Amplias avenidas, mujeres custodiadas por personal trainers y Mercedes-Benz transitando sus calles. Muy cerca, a uno y otro lado, se encuentra el increíble mar turquesa de las Playas del Este, muy bellas y poco turísticas, y el Club Habana, de uso exclusivo y aspecto monegasco, que amerita más de una visita.

 

 

Para terminar una jornada glamorosa, cená langosta grillada en el roof garden del hotel Sevilla, mirando la cúpula iluminada del Capitolio, oyendo un cuarteto de cuerdas, y sentite Gatsby.

 

 

Catedral de San Cristóbal

 

 

 

 Museo de la Revolución

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

Playas del Este