Después de un exitoso primer disco, donde despliega una romántica frescura lejos de su mítica rebeldía, la ex modelo prepara las canciones de su segundo trabajo y sorprende con un femenino talento para la cocina desde el programa Algo de mí, por Elgourmet.

¿Cuándo empezó a cocinar?

 

–Siempre.

 

–¿Desde chica?

 

–Sí, ni me acuerdo.

 

–¿En serio?

 

–Te juro que ni me acuerdo.

 

–Digamos, “conscientemente”.

 

–Bueno, así, onda “voy a preparar esto y lo voy a combinar con tal cosa”, supongo que a partir de los 15 o 16 años, que fue cuando me fui a vivir sola y empecé a laburar y a viajar por el mundo. Iba a restaurantes que me encantaban y trataba de imitar los platos, compraba las especias y me iba trayendo, a lo Marco Polo.

 

–¿Cuál es su fuerte?

 

–Obviamente hago un programa de homecook para homecooks, y los platos en general son bastante sencillos, así que diría que mi fuerte, más que la técnica, es la conceptualización o la combinación de sabores.

 

–Eso es muy intuitivo.

 

–Re… re, re. Y también tengo horas vuelo, tengo muchas horas vuelo en combinación de sabores. La técnica es más floja que la de un chef profesional, pero me sale riquísimo, te lo puedo asegurar.

 

–Se le conoce un estilo de vida bastante inquieto, ¿cuándo acumuló esa experiencia en la cocina?

 

–Es que más allá de eso, que es verdad, también soy supertranquila y muy casera. De hecho, yo me puse a trabajar activamente en la música hace ocho años, mientras que lo de la cocina lo vengo haciendo hace mucho más. Estoy siempre más segura de adónde voy y de lo que hago en la cocina que en cualquier otro lado. Cocinar para mí es una terapia, no un laburo, por eso me copa hacer este programa, no sé si me imagino encerrada con los fuegos en la cara como los chefs superapasionados, ese tipo de pasión se la pongo a la música. O sea: sufro por la música, no por la cocina.

 

–¿Cómo es eso?

 

–Bueno, sufrís, obviamente.

 

–¿Sí?

 

–Es un laburo y, como tal, toma mucho tiempo, mucha energía; componer es supersufrido, tenés que darle, darle, darle… y a veces sale rápido y a veces no. Cuando sos un artista nuevo tenés que laburar un montón para que tu música se conozca e ir de gira haciéndote de abajo, la remás grosso, cualquier músico lo puede decir. Yo tengo la suerte, tal vez por mi nombre y porque también mi música pegó bien desde el principio, de que no me fue tan sufrido, pero lo es.

 

 

–La cocina es lo contrario.

 

–Claro, yo descanso ahí. Cuando trabajaba de modelo o en la tele y estaba estresada o agobiada mentalmente, siempre me tomaba un día para cocinar. Pero una cantidad… ¡tipo compulsión! Tenía que regalar o freezar, porque te imaginás…

 

“Sufro por la música, no por la cocina”.

 

–¡Y usted era modelo!

 

–Yo cuando era chica, tipo hasta los 20, siempre comí como un pibe con hambre, a lo bestia. Me gusta comer de todo y me gusta comer en cantidad, pero ahora estoy un poquito más recatada.

 

–Parece haber un cambio de actitud en general, su imagen pública suponía un disco más oscuro, menos fresco.

 

–Es el disco que me salió. El próximo puede tener un grado más de oscuridad tal vez, no por mi propia neurosis, sino por otro interés musical. De hecho, si bien no se va a distanciar tanto del primero, no será tan diurno.

 

–¿Hay también una intención de contrarrestar esa imagen que se creó de usted?

 

–Es que esa visión que tienen de mí, de rebeldía, por ahí tiene que ver no tanto con que yo quiera romper las pelotas, sino con que no me gusta que me rompan las pelotas a mí. Justamente, para estar tan liviana como ando y para hacer las canciones tan así que hago. Para ser como soy necesito que no me rompan las pelotas, necesito mantener mi eje y mi espacio y mantener cierta distancia, y eso, obviamente, se confunde con rebeldía, pero en realidad es poner límites, no es rebeldía. Decir que no a ciertas cosas para no dejar que la neura del entorno entre y haga lo que quiera con uno. Cuando sos chiquita, además, tenés que tener particular atención con eso. Yo por ahí ahora ya sé que no vas a entrarme con cualquier boludez, pero cuando sos chica tenés que ser un poquito más combativa y estar más a la defensiva.

 

–Definamos “romper las pelotas”.

 

–Romper las pelotas sería que quieras llevarme para un lado que no soy o que no me gusta, que se metan en mi vida privada. Todas las cosas que pasan cuando de golpe sos conocida y sos chica, y bueno, te rompe las pelotas. Y todas las atribuciones que el medio te pone son visiones externas y no necesariamente de uno. Entonces hay que poner cierto límite que por ahí es un personaje un poco hosco y áspero para que no te jodan, es un poco eso: una coraza. “Bueno, hasta acá llegaste”, y te hago “¡Grrrrrhhhh!” para que te asustes un poco y no vuelvas. Es ladrar, es un poquito “perro que ladra…”. Morder no muerdo, pero para ladrar soy buenísima.

 

–Hay determinadas circunstancias que la han expuesto mucho: sus decisiones, su imagen en algún momento y sus parejas conocidas.

 

 

–Sí, bueno. Justo vas y te enamorás de alguien que es re-conocido y vos también y es como “uy, qué paja”. Ahora, por suerte, los medios y los rubros en los que me muevo no tienen tanto que ver con estar expuesta, sino con hacer algo. Antes lo que hacía era conducir un programa o que me sacaran fotos, pero no creaba nada, entonces había una demanda de mí, de comunicarme. Ahora la atención está puesta en lo que hago, y eso me relaja, no te puedo explicar cómo.

 

–¿La evocación de Gustavo Cerati es una de esas cosas que le rompen las pelotas?

 

–Sí, es más: ya me hinché las pelotas y me dejé de hinchar las pelotas. Aparte no tengo realmente nada que decir al respecto, no sé más que el resto. Ya pasaron tres años.

 

–Justamente, es otro ejemplo de lo que decía: la demanda de comunicar a una figura que obviamente no está generando obra.

 

–Sí, pero en este caso es una demanda que yo no entiendo y con la cual no comulgo para nada.

 

–Su disco tiene colaboraciones interesantes, pero no echó mano de su relación con las grandes figuras de la música para llenarlo de presencias estelares.

 

–No, no es un disco con estrellas y con nombres, como podría haber sido. Si se hubiera dado naturalmente por ahí sí, tampoco hay que ser tan prejuicioso al revés. Pero no busqué eso, lo podría haber buscado y no. El segundo tampoco: para mí es re-íntimo el tema de componer y de hacer música, y si se da hacerlo con alguien, está buenísimo, pero que sea natural. No buscaría esas cosas que por suerte mi compañía no me exige pero que una discográfica podría exigir. “¿Por qué no hacés un dúo con Mongo?”

 

–Porque no da.

 

–Claro, porque no tengo ganas (risas). Qué sé yo por qué.

 

–¿Esperaba esta repercusión? Al público y al medio les cuesta recatalogar a un artista.

 

–Cuesta, pero bueno, hay que seguir dándole y llega un momento en que es natural para uno y para los demás. Ayudó el hecho de que con mi primer disco me hayan dado un premio Gardel y me hayan nominado a un Grammy latino, aunque eso no me habilite a nada, pero es una señal de que por lo menos es serio, no soy una modelito que canta. Vengo teniendo mis bandas, me vengo rompiendo el orto haciendo mis canciones, y sí, la verdad es que el disco anduvo increíble, pero me puso muy contenta ver que no sólo el medio se copó, sino también que la gente se enganchó, las canciones les llegan, eso es todo para mí.

 

–¿El próximo disco promete más letras de amor?

 

–Siempre hay de amor y de desamor, pero también con humor, sin llegar a ser muy seria. Estoy un poquito más filosofal que enamoradiza. Las cosas que me están saliendo ahora no son tan romanticonas, algunas son más oscuritas. Mi primer disco se va al carajo de naif, es como “¿Y esta qué onda? Con esa cara de mala que tiene” (risas).

 

–¿Y qué onda?

 

–No sé, hay tantos layers, tantas capas en todos nosotros. Yo sé que somos varias acá adentro, por suerte estamos todas de acuerdo, pero somos un montón, olvidate.

 

 

“No muerdo, pero para ladrar soy buenísima”.