Dueña de una cara y curvas para el infarto, Julieta Cagj demostró que lo mejor que tiene es su cabeza. Pasa sus mañanas en la radio junto a Andy Kusnetzoff en Perros de la calle, sus tardes en un programa de la señal Fox y las noches en teatro con El hombre elefante. ¿La asignatura pendiente? Hacer cine.

Hace no demasiado tiempo estudiaba Medicina, ¿se da cuenta de que hoy podría estar en un quirófano operando?

 

 

–Frecuento mucho los alrededores de la facultad y no hay día en el que no se me mueva algo adentro. Pasé muchas cosas ahí, estuve cuatro años y puse el alma en esa carrera, me encantaba. Lo que odiaba era no poder hacer otras cosas más allá de estudiar Medicina.

 

 

–¿Dónde cree que estuvo el punto de quiebre para que sea esta que es y no una cirujana cardiovascular, como era su idea original?

 

 

–Yo estudié teatro desde chica, pero en mi cabeza no entraba la posibilidad de vivir de eso. Mi vida se tornó doce horas en la biblioteca y el resto ensayando y haciendo funciones. Empecé a vivir mundos paralelos. Después tuve una crisis muy fuerte y no sabía para qué lado ir, todo el mundo me decía: “Ya estás a mitad de camino en la carrera, vas a ser médica, el título no te lo saca nadie”. Pero me empecé a angustiar mucho porque me levantaba y no era feliz. Lloraba mucho y sentía que mi espacio estaba en los teatros.

 

 

–¿Su hermano, compañero de Andy Kusnetzoff en la radio, cuánto tuvo que ver en ese cambio?

 

 

–Mi hermano tuvo mucho que ver. Con él me di cuenta de que se podía llegar a trabajar en los medios de comunicación, que no era gente de otro planeta.

 

 

–¿Ayuda ser linda?

 

 

–Sí, seguro. Igual a mí lo que más me ayudó no es la belleza sino mi personalidad, y eso lo tengo muy claro. No llego a un lugar y me presento como una mina que está buena.

 

 

–Pero no reniega de ser linda.

 

 

–Aprendí a usarlo. Lo hice pero me angustiaba, siempre renegué aun sabiendo que me servía.

 

 

–¿Le quisieron pagar por sexo alguna vez?

 

 

–No, nunca me quisieron pagar por sexo. Justo ayer tuve una conversación con Luli Fernández sobre este tema y le decía que nunca en la vida, no sólo no me quisieron pagar, sino que nunca me buscó un productor, nunca un jefe, nada de nada. Para mí se dan cuenta con quien sí y con quién no. No sé si ponerme contenta porque no doy el perfil o qué pensar de mí misma (risas).

 

 

–¿Cree que tendría precio?

 

 

–Alguna vez me gustaría vivir la experiencia de cómo sería, pero uno está tan en contra de la trata de personas y la cosificación que no, no está bueno.

 

 

–No es necesario llegar tan lejos, algunas mujeres cumplen esa fantasía jugando a cobrarle a su pareja.

 

 

–Vi muchas veces la película de Demi Moore y me parecía maravillosa esa parte. Saliendo de la situación de necesidad, y teniendo claro que estoy en contra de la trata, para divertirme le pondría un precio a mi cuerpo, y no sería muy alto (risas).

 

 

–Mínimo un auto.

 

 

–Querida, eso no es muy alto. ¿Vos no leés las revistas? Un auto no es nada (risas).

 

 

 

–Es cierto. Pasando a otro tema, ¿en su vida cotidiana es más diurna o más nocturna?

 

 

–Me volví más diurna, pero siempre fui nocturna. Si no fuese por una cuestión laboral sería nocturna a full. Me gustaría dedicarme en unos años a la vida del teatro. El teatro empieza mucho antes de entrar en el escenario y termina mucho después del aplauso. El hombre elefante es mi segunda obra comercial, todas las anteriores fueron del circuito independiente.

 

 

–¿Era importante que sucediera ese pasaje del circuito independiente al comercial?

 

 

–Hay actores que se mueren por pasar al comercial y hay actores que no quieren saber nada. Yo en particular estaba muy expuesta desde otro lugar, y tenía la necesidad de estar expuesta como actriz.

 

 

–Pero la fama llegó de la mano de Cayetina la columnista de radio y televisión.

 

 

–No reniego de eso porque tiene que ver con mi personalidad, pero en un momento estuve muy peleada con esa situación. Para los medios soy Cayetina personaje, pero terminaba la radio o la tele y me iba a limpiar el piso al teatro porque era la asistente de dirección y la que compraba la verdura para la escena, y después me iba a ensayar otra obra los domingos. Era otro mundo que no trascendía. No me importaba hasta que me empezó a importar, porque internamente estaba creciendo mucho como actriz y sentía que quería exponerme y empezar a crecer. Yo siento desde siempre que soy actriz, los demás se están enterando ahora, pero yo soy actriz de toda la vida.

 

 

–¿El personaje Cayetina ayudó a la actriz?

 

 

–No sé si ayudó a la actriz, ayudó a hacerme conocida. La verdad es que productores, directores, departamentos de casting me conocen por Cayetina. En ese sentido ayudó.

 

 

–Decía que es más nocturna, ¿le cuesta levantarse a la mañana temprano para ir a la radio?

 

 

–Mucho. Me cuesta cada vez más, y haciendo teatro, imaginate. Venís a cualquier hora y pum para arriba hasta que bajás, comés, te bañás, dormís. Yo soy mucho más creativa de noche, disfruto más una película de noche que de día, disfruto más la cena que el almuerzo. Todo disfruto más de noche.

 

 

–¿El sexo también?

 

 

–¿El qué? Me parece que en septiembre del año pasado, en mi cumpleaños, fue la última vez (risas).

 

 

–A simple vista parece una mujer muy sexual.

 

 

–Porque el envase es así, yo soy natural al 100 por ciento, no me hice jamás un retoque. A cualquier lugar que voy, mi cuerpo llega antes que mi persona. Estuve muchos años traumada con eso, me quería sacar, adelgazar, no quería estar buena. Ahora ya está.

 

 

–¿En su casa es igual?

 

 

–En casa sí me gusta estar bien y que mi pareja me vea bien. No me produzco, pero si vengo de la tele me dejo un rato el pelo, los ojos.

 

 

–¿La pueden llegar a encontrar en baby doll?

 

 

–No tengo, pero en lo que tenga sí. Me importa mucho estar buena para mi pareja. Para los demás, no.

 

 

–¿Cómo se lleva su novio con las fotos sexy que le sacan?

 

 

–No me dice nada. Es lo menos fanático de mí que vas a ver.

 

 

–Eso acomoda el ego.

 

 

–¡Y cómo! Se cansa, porque yo llego y como mina empiezo “No sabes lo que me paso…”. Y él me manda a terapia. En casa no se habla de mí, por suerte.

 

 

–¿Tiene algún TOC?

 

 

–Varios. Mientras hablo con vos escribo lo que voy hablando y lo borro en mi mano; es tremendo [NdR: Muestra cómo escribe imaginariamente con su dedo pulgar sobre el índice las palabras que va diciendo].

 

 

–¿Por qué borra?

 

 

–Para seguir escribiendo, no tengo lugar si no, boluda. Es chico el dedo (risas).

 

 

“Soy natural al 100%, no me hice jamás un retoque. A cualquier lugar que voy, mi cuerpo llega antes que mi persona. Estuve muchos años traumada con eso.”

 

 

 

–¿Sufre otros trastornos?

 

 

–No puedo estar en un número impar con el volumen de la música, del teléfono, de lo que sea. Todo lo que sea volumen es par.

 

 

–Hace radio, tele y teatro, ¿el cine es un desafío pendiente?

 

 

–Obviamente. Hice algunas participaciones y ahora me convocaron para hacer una película que se va a filmar en Buenos Aires, Marruecos y Nueva York. Va a ser la primera vez con un personaje importante y con un director muy importante.

 

 

–Hay un punto en el que pueden llegar a ser incompatibles la actriz y Cayetina. En una tira de ficción, por ejemplo. ¿Quién de las dos ganaría?

 

 

–Seguramente gane la actriz: primero porque es lo que soy y segundo porque hay un montón de lugares como actriz que todavía no recorrí.

 

 

“Saliendo de la situación de necesidad, y teniendo claro que estoy en contra de la trata, para divertirme le pondría un precio a mi cuerpo. Y no sería muy alto.”

 

 

 

 

 

 

 

Producción: Natalia Zubeldía // Asist. producción: Pía Fellay // Maquilló: Johana Andino Make Up // Peinó: Caterina Cavalieri para Daiana Saucedo // Agradecimiento locación: Hotel BABEL Suites (www.hotelbabel.com.ar) //Vestuario: Justa Osadia, Cuatro Musas, De la Ostia, Las Pepas, María Gorof.