Vik y Pablo, la pareja detrás de esta exitosísima firma dedicada a editar a los artistas visuales más destacados en irresistibles objetos al alcance de todos, tienen una estrategia infalible: el amor.

 

Monoblock Industry of Imagineering edita ailustradores y artistas jóvenesen accesibles series limitadasde objetos y productos. Cuandoel arte comenzó a desplegarseen las calles a partir de la crisisde 2001, Vik Arrieta y PabloGaluppo vieron que había unanueva camada de diseñadores,artistas e ilustradores que, afalta de propuestas rentables,tomaban el espacio público.

 

 

Por entonces al frente deuna agencia de branding, notuvieron suerte en el intentode incorporarlos comocontenidos para las marcasy así nació la idea de estemodelo editorial en el quelos contenidos son el disparadory los soportes se adaptana las necesidades de consumo.

 

 

Todo eso se materializó sobre la tapa negra de un cuaderno, ese plano que consideraban un cartel vacío en ubicación premium. “Para concebirlo, todo lo que precisamos fue un salto de fe”, recuerdan.

 

 

–¿Qué diferencia hay entre un cuaderno de autor y una tapa estampada?

 

 

–El modo en que se concibe el proceso de diseño y edición. Nosotros partimos de una idea o un autor que queremos hacer visible, no se trata de revestir un producto para diferenciarlo de un competidor en el mercado, que es un proceso guiado por una motivación únicamente económica. Esa diferencia en nuestro proceso aparece como una consecuencia.

 

–¿Y el consumidor la percibe?

 

 

–Uno podría verse tentado de pensar que al final todo aparece como lo mismo, pero no: cuando se observa la serie completa, es aun más evidente.

 

 

–¿Cuál es el criterio para elegir a los artistas?

 

 

–Es caprichoso. Las relaciones personales que establecemos con ellos son muy importantes porque creemos que un equipo que disfruta trabajando genera mejores ideas y puede alcanzar momentos de genialidad que nunca alcanzará un equipo que no comparte eso.

 

 

–¿Sienten la responsabilidad de incorporar artistas emergentes?

 

 

–Lo emergente es aquello que en algún momento rompe la superficie, no necesariamente es un nuevo personaje, puede ser un concepto. El desafío es llevarlo a un soporte “comercial” porque no todo puede trasladarse; hay ideas que sólo son rupturistas en su contexto. Y por otro lado, no todo lo emergente genera circuitos de consumo que sostengan el desarrollo de un producto.

 

 

–¿Y cómo funcionan esos productos?, ¿cómo explican “el amor por los objetos”?

 

 

–Creo que el fetichismo por los objetos nos conecta con nuestra parte más naif, nuestro niño interior. Cuando somos chicos todos pasamos por una fase en la que otorgamos vida a las cosas que nos rodean para vincularnos con ellas y construir un mundo propio, una identidad. Este juego nos conecta también con el presente, con el placer, con la magia y con la belleza, por eso hablamos de “el poder de la imaginación”. Los objetos son un puente entre ese amor que volcó quien los concibió y aquel que está abierto a recibirlo. Y lo más lindo es que se actualiza en tiempo presente cada vez que ese objeto se disfruta. Es realmente sanador, provoca sonrisas, se transforman en talismanes de la alegría.

 

 

 

–Sin embargo existe la idea de que el arte se desmerece en objetos accesibles.

 

 

–El arte es emoción; si el objeto es capaz de actualizar esa emoción cada vez que se disfruta, ¿cuál es la diferencia? Es cierto que todo arte no puede “aplicarse” a un objeto pero a veces un objeto lleva una imagen que en otro soporte no generaría ninguna emoción y ahí produce un encuentro maravilloso. ¿Eso no es un poco arte también? Creo que dibujar límites y encajonar obras y gente bajo etiquetas sólo colabora con intereses de mercado.

 

 

–¿Creen que parte de su éxito tiene que ver con la idea de que “la creatividad está de moda”?

 

 

–La creatividad no es una moda, es un derecho humano. Crear en un entorno de amor y de libertad es un derecho divino. No importa si están creando una obra de arte, una receta con las sobras de la heladera o una vacuna para el cáncer; no importa si impacta en una persona o en millones; lo importante es entenderlo como un derecho y pelear por esa posibilidad.

 

 

“Somos mediadores entre los autores que nos confían su obra y el público. Somos los arquitectos de ese puente de amor, lo único que podemos desear es que cada vez conecte a más gente”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lata hermética con visor de acrílico, por Ana Sanfelippo ($150).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Stick & Decal Lemur, por Christian Montenegro, y Panda, por Laura Varsky. Disponibles para Blackberry, iPhone y iPod Touch ($60 c/u).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Letras para banner tipográfico, por Monoblock ($55).