En una charla distendida pero profunda, el músico habla de sus inicios y desgrana pensamientos sobre su arte. Entre sonidos, vinos y solidaridad, descubrimos el perfil de un artista completo, inagotable y comprometido.

–Es muy difícil bosquejar un perfil suyo en pocas palabras. ¿Cómo lo haría usted?

 

–(Piensa) Profesionalmente, es difícil. Si tengo que elegir una profesión, lógicamente opto por la música. Es la herramienta con la que más me comunico. Pero la escritura tiene un lugar importante, soy también un apasionado de la fotografía.

 

–Está por lanzar un vino. ¿Qué tienen en común esa bebida y la música?

 

–Que las dos parten de la poesía. Y el trabajo de cualquier artista se sustenta con una mirada poética. Lo que hay en realidad es un ojo poético que ve la vida con una belleza inefable que expresa de distintas maneras. En ese sentido tal vez me gustaría que se piense en mí como un poeta que tiene después un montón de inquietudes.

 

–¿Ver la vida de esa manera supone verla siempre bella?

 

–No, porque la vida también es terrible. Aunque esa terribilità no deja de ser bella. Porque la vida según la vida puede ser tolerable o intolerablemente hermosa; las dos cosas a la vez. En lo que solemos llamar “feo”, “horrible” o “monstruoso” hay una forma de belleza. No hablo de bello como bonito, sino como conmovedor. Podríamos redefinir belleza no sólo como lo bonito sino como aquello que cuando se percibe te saca de la cotidianidad más llana y te pone ante lo transfigurador.

 

–¿Le queda tiempo para ver la vida de una manera menos intensa?

 

–La intensidad es un modo de ser en el mundo y está todo el tiempo presente en cualquier cosa que hago.

 

–¿Cuándo decidió vivir de la música?

 

–A los 14 años, cuando empecé a tocar con Madre Atómica, mi primer grupo profesional.

 

–¿Se puede hablar de profesionalismo a esa edad?

 

–Sí, si se tiene en cuenta el caudal de tiempo empleado en ensayar, desarrollar y componer. Además, fue la primera banda que no era seguida sólo por nuestros amigos. En esa época percibí que esta podía ser una ocupación de tiempo completo.

 

–Pudiendo quedarse dentro de los límites del rock asumió el riesgo de cultivar otros géneros. ¿De dónde proviene esa valentía?

 

–No fue fácil traspasar fronteras musicales. Haber sido adolescente en los años 70 tuvo algo que ver. En esa época el rock irradiaba una propuesta muy abierta que podía englobar muchas cosas. Por otro lado, mi menú musical era muy variado. Por mi propia curiosidad escuchaba a Egberto Gismonti, Maurice Ravel, Krzysztof Penderecki, Led Zeppelin, entre otros. Haber nacido dentro de esa concepción diversa y amplia ha sido el punto de partida.

 

–¿Hacer música en los 70 era una actividad de riesgo como se cree?

 

–Varias veces mi viejo me tuvo que sacar de alguna comisaría (risas). Hacer música era desafiante en varios sentidos; había mucha menos información que ahora y menos instrumentos de buena calidad. En la época de Madre Atómica nosotros mismos salíamos a pegar los afiches de los conciertos. En cuanto a lo puramente artístico, teníamos interés en encontrar un lenguajea través del rock, que era un ríoabsolutamente subterráneo e ignoradopor los medios de difusión, pero al mismo tiempo muy poderoso y capaz de comunicar ideas muy potentes.

 

 

–¿No sentían miedo?

 

–No, más bien cierto romanticismo porque la dificultad generaba anticuerpos y desarrollaba talentos desconocidos. El rock era una música subterránea, y esa clandestinidad era estimulante. Teníamos la sensación de estar haciendo un trabajo semisecreto que generaba un código común entre los iniciados. No importaba si se tocaba en espacios más o menos amplios, porque el gran público no se enteraba por televisión de lo que pasaba en los recitales. Sólo se accedía a ese mundo por transmisión oral. Hoy es muy distinto. El rock se escucha en todos lados como parte de una oferta global. Internet posibilita conocer la música del grupo menos famoso del mundo y convertirla en tu favorita en un minuto.

 

–Y usted mismo hizo conocer en la Argentina la obra de artistas que hoy son muy respetados.

 

–Sí. Constantemente traía discos que aquí no se conseguían. El trabajo de Hermeto Pascoal era muy poco conocido y ahora viene a tocar a Buenos Aires todos los años.

 

–En muy poco tiempo pasó de ese “tocar con amigos” a compartir escenarios con alguno de los músicos más importantes del país, ¿cómo vivió esa metamorfosis?

 

–Con mucha emoción. Fue muy conmovedor descubrirme al lado de Charly García, David Lebón y Oscar Moro o de Luis Alberto Spinetta. Cuando tomaba conciencia me preguntaba “¿cómo llegué hasta acá?”.

 

–¿Cómo era trabajar con Charly García?

 

 

–Igual que en la actualidad. Trabajarcon él es divertido, exigente y siempremuy complicado (risas). En cierta medidatodo artista es complicado porqueesa cualidad va de la mano de unavirtud que es la complejidad.

 

–¿Cuáles han sido los músicos más influyentes de la música argentina?

 

–No diría nada nuevo. En el caso del rock, los dos grandes padres son Charly y Luis Alberto Spinetta. En el tango, Piazzolla, Troilo y Salgán. En folklore, Atahualpa Yupanqui, el Cuchi Leguizamón y otros. En todo caso, lo interesante es que cualquier listado siempre se queda corto porque una selección desmerece a otros y los ubica en un lugar subalterno que en realidad no corresponde. Tal vez a muchas de estas figuras les tocó ser pioneras, pero hay mucha otra gente que hizo un aporte importante.

 

–¿Qué género hasta ahora inexplorado le gustaría abordar en el futuro?

 

–No lo sé. No es algo de lo que esté pendiente.Creo que desde hace siete años estoy enuna etapa de consolidación de mi lenguaje.Llegué hasta acá buscando qué elementos locomponían.

 

–¿Cuáles son esos elementos?

 

–Fundamentalmente el rock y la canción de raíz latinoamericana. A eso se le suman condimentos del jazz, blues y música clásica.

 

–Este momento de madurez viene de la mano de una respuesta masiva del público que asiste a sus conciertos. ¿Qué reflexión le surge al respecto?

 

–Lo que está pasando es una alegría. Estoy muy contento y muy motivado para ofrecer nuevos materiales. Gracias al público vivo en un estado de creatividad permanente.

 

–También es reconocida su labor social.

 

–Sí, es una forma de regresar al lugar de donde viene todo el amor que recibo. Ese cariño proviene de la gente y tiene que volver con generosidad y respeto de parte de quien lo recibe. Es un fermento que vuelve a la sociedad para generar un cambio. También es una responsabilidad que asume el comunicador al señalar a qué cosas le presta atención.

–¿Qué balance hace de 2013?

 

–Está siendo un año muy hermoso. Cuando termine habré hecho más de cien conciertos con el espectáculo unipersonal “Mil noches y un instante”, en el que recorro gran parte de mi obra en una suerte de miniconciertos. Este año también viene con el desarrollo vitivinícola de alta gama. También estoy terminado un libro sobre música y creatividad que se llamará Hablar el silencio, que va a tener textos y fotografías mías.

 

–¿Al mundo le falta creatividad?

 

 

–No sé si le falta. Tal vez exista más concienciade lo necesaria que es. Lo importante es darnoscuenta de que todos tenemos ese potencial.

 

 

 

Aznar es reconocido como un excelente músico tanto por el público como por sus pares. También se destaca por ser un artista extraordinariamente prolífico, contando en su haber con más 16 discos solistas, 10 como miembro de Serú Girán, cuatro como bajista de Pat Metheny Group, tres con Charly García, 28 como productor y más de 60 con otros artistas. Compuso, además, la música para 10 películas y un concierto. Trabajó con celebridades reconocidas a nivel internacional, como Roger Waters, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Gustavo Cerati, Shakira y Fito Páez.

 

 

“No fue fácil traspasar fronteras musicales. Haber sido adolescente en los años 70 tuvo algo que ver. En esa época el rock irradiaba una propuesta muy abierta que podía englobar muchas cosas”.

 

 

”La intensidad es un modo de ser en el mundo y está todo el tiempo presente en cualquier cosa que hago”.