Casi sepultados con la llegada del CD, los discos analógicos primero resistieron desde las casas de los melómanos y pequeñas tiendas perdidas. Hoy son los protagonistas de un segmento creciente de consumidores especializados que día tras día son más codiciados por la industria.

El reconocido ingeniero de mastering Eduardo Bergallo, uno de los más prestigiosos de la escena argentina, propone un análisis de ventajas y desventajas. “A favor del vinilo diría que el formato predispone mejor a la experiencia de escuchar la obra como la pensó el artista. No hay shuffle. El oído descansa entre tema y tema, y entre lado y lado. Ese silencio es muy importante.

 

Ver la tapa y las letras grandes no se compara con los 12 por 12 centímetros del CD. En cuanto a las contras, obviamente se rayan y hay que cuidarlos mucho. Se desgastan con cada escucha y crecen los ruidos. Pero hoy en día, valoro ese ruido y esas mañas. Y no me molesta tanto como antes. Es como una vieja novia a la que dejaste y le perdonás algunos defectos porque la nueva es más joven pero tiene menos tetas”, compara Bergallo. Pero agrega, “desde el punto de vista de la dinámica (las variaciones de volumen posibles) el CD es mejor, aunque sea en 16 bits”.

 

Acá entra a jugar otro factor que condiciona enormemente a cualquier soporte: cómo se masteriza. Desde mediados de los 90 la industria vive –o padece– lo que algunos llaman la guerra del volumen. Las grandes compañías impusieron la tendencia –que repiten muchos sellos y músicos independientes– de sonar más fuerte que nadie, cueste lo que cueste. El resultado son dinámicas pobres, compresiones brutales y sonidos de menor calidad que desperdician las posibilidades que da el CD porque están más pensados para formatos digitales, reproductores de baja calidad y auriculares –una tendencia cada vez más dominante en las formas de escucha–. Los vinilos originales eludieron esta tendencia por una cuestión de tiempos, lo que los mantiene en un rango dinámico no distorsionado por el gozan de lanzamientos especiales de 180 gramos –de gran calidad–, otras disfrutan de versiones dignas y algunas padecen de versiones bajadas de CD –un virtual engaño–.

 

Álvaro Villagra es un ingeniero de sonido de gran experiencia y uno de los más requeridos en la escena local. Su perspectiva no es tan determinante a favor del vinilo: “Yo creo que un disco bien grabado y masterizado tiene que sonar bien en cualquier formato. Hay mucho de nostalgia. Alguna gente añora vinilos editados acá hace 30 años, que se hacían con un material muy berreta y tienen el desgate de décadas. Eso no es lógico. Toda grabación hecha en un estudio pierde algo cuando pasa a un soporte. Pero técnicamente el que mejor puede sostener esa calidad es el DVD de audio. Puedo reproducir 24 bit y 96 kh, lo que es un nivel de calidad muy alta. Pero los DVD de audio extrañamente no tuvieron demasiada cabida en el mercado. Yo estoy todo el tiempo rodeado de músicos que tienen vinilos pero te diría que sólo el 5 por ciento los escucha. El resto sólo los tiene como objetos”.

 

Para Sergio Rotman, de los Fabulosos Cadillacs y El Siempreterno no hay verdades a medias: “El vinilo es para escuchar música de verdad, el CD para ir en el auto y el MP3 es algo difícil de entender. Que se lo bajen gratis puede ser. Pero pagar por un MP3 me parece una de las estafas más grandes de la historia de la industria”, sostiene. Fernando Laviz, propietario de la mítica disquería Zivals, explica: “Nosotros lo vemos en el mostrador. Las ventas de vinilo crecieron en forma importante, pero siguen siendo un porcentaje muy menor del total. Creemos que seguirá creciendo. Pero siempre teniendo en cuenta que los hábitos de ocio y escucha cambiaron muchísimo. Por eso esta vuelta del vinilo, aunque no sea masiva, permite recuperar un formato, pero ante todo una cultura de escucha más detenida y profunda”.

 

En el mundo la mayoría de los músicos de gran convocatoria y muchos de alcance más modesto hacen pequeñas ediciones en vinilos –muchas de ellas también incluyen bonus digitales–. En la Argentina, bastante más a pulmón, pero con igual entusiasmo, Charly García, Gustavo Cerati, Miranda!, Babasónicos, Divididos, Ratones Paranoicos, Los Natas, Leopoldo Federico junto a El Arranque, Boom Boom Kid, El Mató a un Policía Motorizado y Pablo Dacal –mediante al metodología de crowdfunding o donación previa–, entre otros, también lo lograron.

 

Hace pocas semanas el sello Universal lanzó el proyecto “Uvinyl: The Vinyl Project”, una campaña de crowdfunding para reeditar en vinilo discos clásicos. La especie despertó enormes críticas: una cosa es financiar a Pablo Dacal y otra a una de las empresas más grandes del planeta.

 

Pero la iniciativa sigue su curso. En plena era dominada por las descargas y los formatos digitales, el regreso del vinilo encarna una cruzada minoritaria, pero en crecimiento. Más allá de gustos personales y debates técnicos, acaso lo más atractivo que encierra esta tendencia es que expresa el deseo de reencontrarse o descubrir una forma de disfrutar de la música que exige tiempo, atención y un compromiso con la obra según fue pensada por su creador. Todo eso, en tiempos de ansiedades y sobreinformación, no deja de ser una noticia inspiradora.

 

En tiempos de ansiedades y sobreinformación, volver a los discos en vinilo implica una escucha atenta y dedicada.