Es uno de los mejores destinos del sur de Italia, lo que no es poco decir. En medio de un mar turquesa, la isla ofrece un paisaje majestuoso en un recorrido que asciende hacia el cielo.

Es junio, o julio, o agosto. Incluso septiembre. Estás en Nápoles, mirando esa maravillosa bahía. O en Sorrento, tirado en una reposera, dejando ir la vista del libro al Vesubio, despreocupadamente. El verano es maravilloso. La gente es bella. El aroma de los limoneros y los naranjos lo impregna todo. Las mujeres italianas y sus guapos maridos pasean sus esculturales cuerpos por la cornisa que va y viene bordeando esa costa. Y de golpe, como fruto de un razonamiento allá Sherlock Holmes, descubrís que todo lo que querés en ese momento está a menos de una hora de ferry. Es una isla, y se llama Capri.

 

A medida que tu ferry se acerca, el mojón rocoso se materializa ante tus ojos como una aparición surgida de las aguas esmeralda del Tirreno. La imagen se acerca, y comenzás a ver los coquetos barcos y los yates anclados en la Marina Grande, primer punto en darte la bienvenida a la isla. Detrás de las barcas, las típicas casitas mediterráneas rosas, ocres, azules, que parecen parte de un decorado de Cinecittà. Sólo falta Fellini con su megáfono, anunciando ¡Acción! Para que el sueño se complete. Al final de la marina te esperan el funicular que te llevará a Capri, si tu visita es breve; o los taxis que te dejaran en tu hotel, en la bella Anacapri, o quizá en la misma Capri, después de serpentear una minúscula ruta ascendente que, claro, termina en el cielo.

 

 

La passeggiata

 

La encantadora Capri tiene su punto de partida en la Piazzeta Umberto I, el lugar para iniciar una passeggiata, observar y ser observados. Desde allí podés perderte en sus pequeñas calles hacia uno u otro lado, y curiosear la huella de los siglos: la Chiesa di Santo Stefano, los Jardines de Augusto, y observar desde muy cerca la isola Faraglioni, tres piedras que emergen majestuosamente del agua. En las vias Vittorio Emmanuelle y Camarelle encontrarás las boutiques más exquisitas y con tus coquetas bolsas en las manos finalizarás el día tomando un Campari en Anema e Core o en Guarracino, donde seguro te cruzás con alguna celebridad.

 

 

 

 

 

 

 

La terraza del Hotel Caesar Augustus nos aproxima a la arquitectura del lugar.

 

Vista desde la playa Marina Piccola y sus aguas color esmeralda.

 

Bella Anacapri

 

Si tu meta es la calma, siguiendo apenas unos minutos el camino, llegarás a la tranquila Anacapri. Anacapri conserva aún su encanto pueblerino, repleta de puestos de souvenirs. Un gran atractivo es la Villa San Michele, construida sobre las ruinas de un primitivo pueblo romano. Desde allí, y a media hora de camino a pie, llegarás a la cima del Monte Solaro, el pico más alto de la isla. Desde allí, la vista de la bahía, las islas y la costa amalfitana quita el aliento. Para finalizar tu viaje de película, tomarás un bote que va a llevarte a la Gruta Azzurra, una cueva excavada en la rocosa costa de Capri, que debe su nombre al azul turquesa de sus aguas. Una vez que hayas atravesado la escueta entrada, no podrás olvidarte nunca, jamás, de este sueño.

 

 

 

 

 Vista nocturna de la Piazzatta Umberto I, un lugar para observar y ser observados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Via Vittorio Emmanuele, rodeada de exquisitas boutiques.