Cocinera, actriz de cine y estrella de la televisión, La Gunda se consagra a sus 46 años como una de las favoritas de Adrián Suar. Tímida por naturaleza y extrovertida por elección, maneja el humor como pocas y asegura que el paso del tiempo, lejos de angustiarla, le da más confianza en sí misma.

Nos encontramos con Claudia en Pol-k a, su segundo hogar por estos días de intensas grabaciones. Es que la tira Solamente vos, lo más visto en la ficción actual, la tiene como una sus principales figuras y le absorbe el día entero. El esfuerzo, dirá después, vale la pena:  “ Michelle es un personaje hermoso, lo adoro, tiene todos los matices, y para un actor eso es muy lindo”, cuenta. De sus inicios recuerda  las clases de danza, a las que asistía junto a sus hermanas casi por obligación. Esas sesiones la acercaron a sus primeras línea s en comedias musicales y le marcaron el camino de constancia y esfuerzo hasta transformarse en la gran actriz que es hoy.

 

–Michelle, a quien interpreta en Solamente vos, perdona la infidelidad de Félix, su marido. ¿Usted podría perdonar?

 

–No, creo que no. Igualmente hay que estar en la situación. Antes, las parejas o las cosas que se rompían se arreglaban, una taza se rompía y se pegaba.  

 

– Ahora es todo más descartable.  

 

–Claro, yo veía en la casa de mis abuelos la manijita de la taza pegada, existía el Poxipol. En esta misma línea, las relaciones también duraban más. Las in fidelidades deben ser difíciles de perdonar, pero sí creo en las segundas vueltas.

 

–Está en pareja con Matías, publicista, desde hace casi quince años ¿cómo se hace?

 

–Sí, desde el año 99.  Nos llevamos muy bien, somos bastante novios. Muy celosos de nosotros, muy de ir a buscarnos, de mandarnos mensajitos.

 

–¿Cómo vive la maternidad?  

 

–Muy bien, ver crecer a tus hijos es algo increíble, hoy me pasó a la mañana que la fui a despertar a Antonia y ocupaba todo el largo de la cama, y pensé: “¿Cuándo creció tanto esta chica?”.

 

 

 

 

“Me veo mucho mejor, me acuerdo que cuando tenía 20 años me sentía inmunda, horrible, insegura.”

 

 

–¿Le gustaría tener otro hijo?  

 

–Me hubiese gustado tener otro hace un tiempo, y no se dio. Yo laburo mucho y creo que eso me generó alejarme del acto fecundador, me parece que esa calma que te da el no estar trabajando y estar en una situación más germinativa es más propicia para la maternidad, pero la verdad que no, no me cuidé y no quedé; se dio así. Ahora Antonia es grande, y me parece que es una distancia muy larga.

 

–¿Qué cosas suyas quisiera que herede y cuáles no?

 

–Me gustaría que mi hija tuviera mi alegría de vivir; soy bastante alegre y tengo buen humor. Me despierto de buen humor, eso me gustaría que lo herede porque es una cabrona a la mañana. Uno para los hijos quiere lo mejor, le bajaría la Luna, el Sol y las estrellas si pudiese. Le evitaría la ira, soy muy irascible y pierdo la energía en cosas que no tienen ninguna importancia. Si la tostada en vez de pan negro me la traen en pan blanco, me empieza a agarrar como: “¡Pero si yo le dije pan negro!”.

 

–¿Cómo hace para levantarse de buen humor a las cinco de la mañana?

 

–Tengo una ventaja y una desventaja por manejar casi una hora y cuarto para llegar. Por un lado, me tengo que levantar mucho tiempo antes, pero todo el camino que hago es mu y reflexivo, porque no podés hacer otra cosa. Llego muy relajada a la grabación, no  es que me levanté, tomé un taxi y me senté en el asiento de maquillaje. Pensá que yo me levanto en general cinco y cuarto y empiezo a grabar a las nueve.

 

–No la pone de mal humor el tráfico y la combinación constante de primera y embrague.

 

–Ahora tengo un auto con caja automática, y eso me ha solucionado bastante la vida. Yo manejo mucho, la verdad es que soy casi un camionero, y como iba a hacer un año más de tira decidimos comprar un buen auto y me gusta subirme. Te gusta subirte a tu auto nuevo.

 

–De cualquier manera, debe doler levantarse a esa hora.

 

–Duele, sí, pero cuando estás acostumbrado ya está. Tenés que tener disciplina, no te podés acostar a la una de la mañana después de haber ido a un asado.

 

 

 

“Yo me emborracho los viernes nomás. Es el único día que puedo tomar vino, porque tengo sábado y domingo para recuperar.”

 

 

–Ni llegar borracha.

 

–No, yo me emborracho los viernes nomás. Es el único día que puedo tomar vino, porque tengo sábado y domingo para recuperar, entonces los viernes me tomo unos vinitos. Pero en la semana, si sos desprolijo lo padecés.

 

–Su cartera tiene un tamaño interesante, ¿por qué cosa vuelve a su casa en caso de olvido?

 

–Ahora la achiqué ¡eh! Antes usaba unas carteras enormes y no las podía transportar. Por el teléfono vuelvo.

 

–Nos hemos vuelto muy adictos a la tecnología.

 

–Lo que pasa es que yo estoy todo el día fuera de mi casa y es una conexión con Lili, la persona que nos ayuda. Aunque esté trabajando, me ocupo de si la receta es así o asá, o llamo y digo “andá sacando un pollo del freezer”. Las mujeres, a diferencia de los varones, estamos trabajando  pero también sabemos si hay leche en casa, si la manteca se está acabando; los varones no tienen ni idea.

 

–¿En lo cotidiano suele estar producida?

 

–No, voy al supermercado de unos modos imposibles.

 

–¿No le afecta la mirada del otro?

 

–No, yo registro la mirada del otro por Antonia, cuando se empieza a dar cuenta de que me miran. O mi marido lo nota: “Ay, gorda, te está mirando todo el mundo”. Yo no me doy cuenta, no lo veo. Eso me permite actuar naturalmente, porque si no imaginate, no me puedo estar rascando una teta tranquila porque me están mirando.

 

–¿Cómo se lleva con el paso del tiempo?

 

–Muy bien, porque me veo mucho mejor, me acuerdo que cuando tenía 20 años me sentía inmunda, horrible, insegura.

 

–¿Se gusta más hoy?

 

–Sí, porque yo me quería parecer a todas mis amigas, entonces no me daba cuenta de mi capital. Se usaba el pelo lacio, tener rulos era un horror, entonces me estiraba el pelo y me quedaba horrible. En esa época no existían las planchitas, dormía toda la noche con la toca y me armaba unos peinados… tenía toda la marca del rulero, un asco.

 

–¿Y en qué momento o siente que encontró su lugar?

 

–Creo que no hace tanto, eh, hace como unos diez años. Puede tener que ver con mi matrimonio, con una segunda vida que siento que viví que tiene más seguridad y más aceptación. Creo que tiene que ver con la edad.

 

–¿Le costó ser la ex de Fontova?

 

–No, no, eso no puede costar para nada porque el Negro es un ser maravilloso que me dio mucha sabiduría, yo era muy ch ica cuando estaba con él.

 

–¿Cuándo fue la primera vez que se vio y dijo “ah, mirá, soy buena en lo que hago”?

 

–Lo descubrí en el teatro, en la inmediatez de la risa. Yo hacía un personaje dramatiquísimo y todos mis compañeros se reían. Yo decía: “Pero es re dramático lo que estoy haciendo”, ahí empecé a descubrir que tenía algo que hacía reír.

 

–¿Alguna vez sintió el peso de tener que hacer reír?

 

–A mí me gusta mucho el humor, y me gusta mucho distender las situaciones con humor. Lejos de molestarme, es un poco una herramienta que tengo, porque sigo siendo bastante tímida.

 

–Si pudiera elegir un superpoder, ¿cuál sería?

 

–Ay, la invisibilidad, creo que todo el mundo debe decir lo mismo. De chusma me salió.

 

–¿Qué le gustaría ver?

 

–Me gustaría escuchar lo que dicen de mí.

 

–¿Hay mucha hipocresía en el medio?

 

–Me parece que a veces hay una hipocresía piadosa, ¿no? No me relaciono con gente hipócrita, pero hay una hipocresía que tiene que ver con la cotidianeidad, con el estar bien con el otro. Me parece que la sinceridad porque sí, no sé… A veces hay que ser un poquito hipócrita para pasar el día.

 

–Digamos que la honestidad brutal tampoco es necesaria.

 

–Claro, los “mirá, yo soy muy sincera y digo las cosas como son”. No, no me digas las cosas como son porque no tengo tanta confianza, no me interesa tanto tu opinión acerca de cómo yo procedo o no procedo, cómo actúo o no actúo, entonces la verdad que prefiero a veces que seas un poquito hipócrita conmigo. No me digas tantas verdades, mentime que yo te creo, mentime que yo sí quiero, y te creo.

 

 

Producción: Ash Mateu. Asistente de producción: Paula Basso y Gimena Bugallo Raponi.

 

Peinado: Juan Olivera, www.estudioolivera.com. Maquillaje: Fabiana Molina Zuviria

Agradecimientos: Hotel Boutique Mío Buenos Aires, Av. Quintana 465. Buenos Aires, www.miobuenosaires.com. Teléfono: 5295- 8500.

Vestuario: Paula Cahen D’ Anvers, Ginebra, Mishka, Carla Danelli, Etiqueta Negra.