Gustavo Santaolalla pasó por Buenos Aires para dar una serie de conciertos y presentar el nuevo disco de la banda que lidera. En un stop de su recargada agenda, el ganador de dos Oscars habló como nunca antes de drogas, religión y política. Entre otras cosas.

Estamos en la sala de reuniones de la discográfica Sony mirando la tapa de mayo de El Planeta Urbano, en la que Griselda Siciliani muestra esas contorsiones que tanto dieron que hablar. “Yo también puedo hacerlo”, dice Gustavo Santaolalla, mientras acerca el pie a su boca en una elongación majestuosa. “Pero en lugar de fumar un cigarrillo, estaría fumando un porro”, aclara, y abre el debate.

 

 

–En Los Ángeles está permitido el uso medicinal de la marihuana, ¿usted tiene la autorización para comprar?

 

 

–Yo no la tengo, pero me la consiguen igual.

 

 

–Tiene amigos que la tienen.

 

 

–Exacto, de hecho me voy a sacar una.

 

 

–¿Qué es necesario demostrar para sacarla?

 

 

–Nada, te mira un médico y le tenés que decir: “Me siento medio deprimido o necesito relajarme a la noche porque no me puedo dormir”.

 

 

”Me encuentro con un país mucho mejor del que dejé cuando me fui en el 78. También mucho mejor que el de hace diez años”.

 

 

 

 

 

 

–¿Dónde se compra?

 

 

–En tiendas donde venden de todo: hash y el mejor pot que te puedas imaginar. Pero sin la tarjeta no podés entrar.

 

 

–¿En la Argentina llegaremos a ese punto?

 

 

–Ojalá.

 

 

–Siempre tarde nosotros…

 

 

–No creas, acá con el matrimonio igualitario llegamos antes. Los estados de allá son todos conservadores.

 

 

–¿El tango está de moda?

 

 

–Ahora acá se está comenzando a ver un nuevo boom del tango. ¡Pero grosso! Hay más estudiantes de bandoneón que nunca, las milongas están llenas de gente joven. Yo lo veo muy conectado con la gente joven.

 

 

–Viniendo de Arco Iris, una mítica banda de los 70, y habiendo vivido tantos cambios, ¿cómo se adapta a los nuevos tiempos?

 

 

–A mí no me ganó la nostalgia. Toco en una banda de vanguardia y me parece que todo lo que sirva y sea conductivo para comunicarse mejor, para poder llegar con tu arte a más gente, es superválido y valioso.

 

 

–Es un hombre abierto a los cambios.

 

 

–Totalmente.

 

 

–¿Dónde guarda sus dos premios Oscar?

 

 

–En un bolso adentro del placard.

 

 

–¿En su casa de Los Ángeles?

 

 

–Sí.

 

 

–¿Por qué no los tiene exhibidos en su living?

 

 

–Porque no tengo lugar, y además son muy fuertes y tienen mucha energía, mucho power.

 

 

–¿Cómo era la vida antes del Oscar y después del premio?  

 

 

–Y, antes era la vida sin Oscar, y después fue la vida con Oscar.

 

 

– Entonces, ¿fue lo mismo que nada? 

 

 

–Te da más visibilidad, obviamente. Pero no te creas que porque te ganaste dos Oscar sos millonario. Es un reconocimiento muy especial. Están todos los premios y he tenido la suerte de haber recibido muchos: tengo 14 Grammys , dos Baftas, un Golden Globe, pero los Oscars son real mente algo más pesado. Igual, a la mañana siguiente te levantás y los chicos van a la escuela. 

 

 

–¿Qué edad tienen sus hijos?  

 

 

–Tengo una hija grande, de 33 años, otra hija de 18 y un hijo de 13.

 

 

–¿Viven todos en Estados Unidos?

 

 

–Sí, todos vivimos en EE .U U., incluso mi ex mujer, somos todos muy unidos.

 

 

– ¿Cómo fue sobrevivir al hipismo de la época del grupo Arco Iris? 

 

 

–Arco Iris era la antítesis del hippismo.

 

 

–¿En serio?

 

 

–Claro, el mundo hippie era un mundo más anárquico, desarticulado, relajado. El mundo Arco Iris era un mundo hiper disciplinado, llevamos una vida monaclal: no drogas, no carne, no sexo. 

 

 

–¿Era una especie de secta? 

 

 

–La idea era un grupo de estudio comparativo en las religiones, un grupo espiritual  y un grupo musical que estaba metido, como los Beatles cuando se metieron con el maharishi. Lo nuestro duró unos años, y para mí fue una continuación de mi búsqueda espiritual que empecé de pequeño, porque empecé de pequeño, porque fui criado como católico, iba a ser sacerdote y después tuve una crisis espiritual a los 11 años y me separé de la Iglesia.

 

 

– ¿Y ahora, en qué cree?

 

 

–Soy agnóstico. En realidad, no creo en Dios o en un dios, creo en algo superior pero que no tiene una forma en particular ni vive en un lugar.

 

 

–En Brokeback Mountain le propusieron crear música para una película de amor entre dos hombres. ¿Cómo fue la experiencia?

 

 

–Leí el guión y me encantó porque me pareció una hermosa historia de amor más allá de la sexualidad. De hecho hay un momento en la película donde eso se convierte en algo totalmente irrelevante, en el sentido de que es más acerca de la historia de este tipo y de todo lo que le ha tocado vivir y sufrir y pasar en su vida. A mí me cautivó  la historia, pero fue una película que estuvo nueve años en Estados Unidos esperando, porque no la quería hacer nadie. 

 

 

–Increíble. La música de esa película me hizo llorar. 

 

 

–¡A mí también me hizo llorar!

 

 

“Ahora acá se está comenzando a haber un nuevo boom del tango ¡pero grosso!”.    

 

 

      

 

–¿Cómo hace para crear a partir de la música  esos climas de tristeza, de melancolía, de abandono? 

 

 

–Yo trabajo mucho con la intuición, y después me ha pasado en la vida que con el tiempo puedo articular en palabras lo que he hecho. Con la música de la película me pasó lo mismo: después de hacer varias ex periencias me empecé a dar cuenta del uso del silencio, las pausas, el uso minimalista de los instrumentos y cómo eso rinde. Y ver qué es lo que pasa, porque de alguna manera cuando tenés esos espacios, esos silencios capturan lo que estás viendo. Te lleva adentro de la pantalla y adentro de la historia.

 

 

–¿Hay algo que le quede pendiente en su trabajo?

 

 

–Por lo pronto tengo un musical de danza que ya está escrito y vamos a montar en Toronto, con música de Bajofondo, que se llama Arrabal. Voy a escribir un musical de El laberinto del fauno con Guillermo del Toro. Siempre en mi vida había soñado con hacer un musical, entonces estoy en camino. Pero me encantaría actuar, me gustaría dirigir.

 

 

–¿Actuar?

 

 

–No sé, en algún momento, ¿por qué no? Me gustaría involucrarme más en las artes visuales y en artes plásticas, y me gustaría también meterme en el mundo de la gastronomía.

 

 

–¿Cómo se ve el actual escenario de la Argentina viviendo en el extranjero? ¿Con qué se encuentra cada vez que visita su país?

 

 

–Me encuentro con un país mucho mejor del que dejé cuando me fui en el 78. También me encuentro en un país mucho mejor que el de hace diez años atrás; creo que hay cosas muy positivas que han ocurrido en estos diez años. Y celebro esas cosas, como la asignación universal por hijo, el matrimonio igualitario, el juicio y condena a los que ya sabemos, la ley de medios. No tengo ningún partido político, pero tengo la capacidad de apreciar y tengo muy buena memoria. Entonces, creo que hay cosas muy buenas. Que es perfecto, no. Creo que no existe lo perfecto. Hay un montón de errores, y como siempre digo yo: sería ridículo un gobierno que es una compañía que tiene tantos empleados –si lo ves al estado como una compañía– y quiere que todos sean eficientes y que no haya ningún corrupto. Si hay alguien de la oposición al gobierno que me pudiera demostrar que si ellos estuvieran en el poder toda la gente pensaría de la misma manera, todos eficientes y ningún corrupto, me quedo escuchándolo tres días seguidos, sin dormir. Y hasta los votaría. Pero ninguno lo puede decir, porque sabemos que no es así.

 

 

–Se define a Presente como un álbum conceptual. ¿Qué significa eso?

 

 

–La diferencia es la siguiente: los otros álbumes que hicimos antes, por la misma forma que fueren diseñados los temas, eran colaboraciones, eran más bien una colección de tracks individuales. Este álbum no tiene invitados, está todo hecho por la banda y fue concebido como una unidad, como una cosa. Si bien no hay una línea argumental, es como un viaje. Empieza con una cosa que te llevaa otra y vuelve nuevamente al final a cerrar el flujo. Eso es lo que empezaron a hacer muchos músicos para que no se venda el track solo a través de iTunes y todo eso. El valor del disco ahora es contar toda una historia, y que vos puedas escuchar el disco en su conjunto. Si bien tardamos dos años en hacer el álbum, en realidad este disco nos llevó diez años. Siempre nos gusta hablar de eso, porque fue así: en diez años logramos desarrollar este lenguaje musical que pasó de ser ese experimento de laboratorio a una música que hoy en día nos juntamos y ya sabemos los gestos, las cosas que tenemos… Un lenguaje “bajofondero”. Eso no lo podríamos haber hecho cinco años atrás.