El Premio Nobel ruso Boris Pasternak le hace decir a Yuri, el personaje central de su novela Doctor Zhivago (editada en 1957): “Su salud se verá afectada si, día tras día, se dice lo contrario de lo que sientes, si te humillas ante lo que no te gusta… Nuestro sistema nervioso no es sólo ficción, es parte de nuestro cuerpo y no puede ser por siempre violado con impunidad”.

Las reacciones humanas pueden tener tantas interpretaciones como pensadores se dedican a su estudio. La hipocresía es una actitud negativa que conduce a ese lugar espantoso donde se separan la luz y la oscuridad con una línea muy fina. El término hipocresía proviene del griego hypokrisis, que significa fingir o actuar una respuesta, y es justamente en la cultura griega y en el ámbito artístico del teatro donde se la llegó a utilizar mucho para referirse al actor, que normalmente se colocaba una máscara para interpretar un personaje y así marcaba la diferencia entre ficción y realidad.

El esfuerzo de demostrar y mostrar lo que no se es, es una carga tan pesada que grandes estudiosos le dedicaron sus mejores horas. “Si la gente pudiera ser educada para ver la parte más baja de su propia naturaleza, sería esperanzador que aquellos que lo aprendieran pudieran entender y amar a sus semejantes mejor. Un poco menos de hipocresía y un poco más de tolerancia hacia uno mismo puede otorgar solamente buenos resultados con respecto a nuestro prójimo”, escribió el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung acerca de esta condición de la personalidad que llamó tanto su atención.

“La hipocresía en un velo dañino que la gente usa demasiado”, cuenta Norma Aleandro en su entrevista en esta edición de El Planeta Urbano. “Simular (del latín simulare) es representar algo, fingiendo o imitando lo que no es. Y disimular (de dissimulare), en cambio, es encubrir con astucia la intención.

También es ocultar, encubrir algo que se siente y padece. Disimular el miedo, la pena, la pobreza, el frío. No se nos escapa que en este disimular hay cierto deseo de disfrazar u ocultar algo, para que parezca distinto de lo que es”, argumenta en su columna de opinión la escritora Malele Penchansky.

Durante mucho tiempo las mujeres consideraron que la hipocresía era cosa de varones. Pero por qué no evocar a una grande que sabía del tema como pocas: “Exageran la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble”, decía Marguerite Yourcenar.

A esta altura, y sin cuestión de género, es una discusión acabada. Hombre, mujer e hipocresía. Es una pena que todo esté tan mezclado.

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