La Bienal de Venecia volvió a sorprender. Con 155 artistas de 88 paí­ses, algunos de ellos debutantes en el evento, como la Santa Sede, Angola y Kosovo, entre otros, se vuelve a reflexionar sobre el mundo de los artistas aceptando todas las miradas.

Disminuir la hipocresía y aumentar la tolerancia”, la propuesta alguna vez enunciada por Carl Gustav Jung como la fórmula básica para incorporar la consideración del otro es, quizá, gran parte del eitmotiv de la 55ª Bienal de Venecia recientemente inaugurada. No por nada es también el Liber Novus, el famoso Libro rojo que el psicoterapeuta suizo escribió y dibujó durante 16 años, la pieza que abre la muestra, evento que ya ostenta el nada despreciable récord de 88 pabellones nacionales y que suma a surecorrido conventos, iglesias, palacios y plazas. Con semejante despliegue y diversidad, y con una orientación que privilegia los mundos habitados en sueños, símbolos y mitos, la Bienal lleva el nombre de El Palacio Enciclopédico, en alusión al artista italoamericano Marino Auriti, autor de un proyecto –nunca concretado– de un museo capaz de albergar todo el conocimiento humano.

 

Para el italiano Massimialiano Gioni, curador de la Bienal y crítico de arte asentado en Nueva York, más allá de la incorporación de una importante lista de artistas contemporáneos, todo esto está motivado por la necesidad de reflexionar sobre los impulsos creativos y la pregunta acerca de cuál, o cómo, es el mundo de los artistas. La consecuencia es –o será, tal vez– generar relaciones entre esos diferentes universos incorporando además el pasado para ahondar en los estímulos que en todos los tiempos dieron como resultado una obra de arte.

 

Con esta premisa, apasionada y ambiciosa, se nucleó la obra de 155 artistas de 88 países, diez de los cuales tienen sus debuts en la Bienal: Angola (premiada con el León de Oro a la mejor participación nacional), Bahamas, Reino de Bahrein, Costa de Marfil, la República de Kosovo, Kuwait, Maldivas, Paraguay, Tuvalu y, por último, la Santa Sede. Esta última ocupando su lugar junto al pabellón de la Argentina en el que la artista Nicola Constantino presentó su ya tan comentada “Eva-Argentina. Una metáfora contemporánea”. Siendo una de las principales novedades, Francisco mediante, el pabellón de la Santa Sede está inspirado en la historia bíblica del Génesis. El conjunto de obras que presenta se divide en tres unidades temáticas: la Creación, la Decreación (el juicio universal) y la Re-creación como apertura hacia una nueva humanidad. La tarea fue asignada a tres artistas que concretaron diferentes caminos que, sin embargo, se comunican entre sí. Para la Creación fue convocado el Studio Azzurro, responsable de investigar en lo inmaterial de la luz y los estímulos sonoros, La De-creación estuvo a cargo del fotógrafo checo Josef Koudelka (quien todavía no sale de su asombro al ser elegido por el Vaticano), con 18 panorámicas que reflejan los hechos que, de 1986 a 2012, son parte de la desolación y el caos en el que el hombre es víctima y victimario. Por último, la Re-creación le corresponde a Lawrence Carroll, quien con su trabajo parece haber llevado a la vida a materiales de desecho como símbolo de un renacer esperanzado aún desde las profundidades.

 

Un vistazo por las obras de los artistas presentes en esta edición de la Bienal permite también comprobar la premisa de “no más exposiciones sin archivos”, algo que se ha transformado en un grito a la manera de orden por parte de los curadores. Como vimos en la Bienal de San Pablo, esta urgencia puede deberse a la característica efímera de los tiempos que corren, en donde lo tangible pasa casi a ser una pieza de museo (o en este caso de exposición) porque lo cotidiano es virtual. Así, la obra del artista ruso Evgenij Kozlov, de la italiana Linda Fregni Nagler, los austríacos Oliver Croy y Oliver Elser, y el vietnamita Danh Vo, por nombrar apenas algunos, recurren al ordenamiento, enumeración, guardado y rescate an propio de los archivos. Incluso este último con su estructura de una iglesia católica de la época colonial en Vietnam, construida hace 200 años aproximadamente, acerca la arqueología a este concepto. Otros, recorrerán los universos alternativos, los laberintos y los temas de lo monstruoso, la locura y la muerte, siempre partiendo de esta inclusión de un saber relegado que busca un mejor posicionamiento en el mundo todavía legitimado de las ciencias.

 

La imagen número 55 del Libro Rojo de Jung tiene escrito: “Una palabra que nunca fue pronunciada. Una luz que aún nunca brilló. Una confusión sin igual. Y una calle sin fin”. Nada parece explicar mejor los caminos del arte hoy.

 

 

1. Shinichi Sawadar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2. Carl Gustav Jung

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3. Pawel Althamer

 

 

 

 

 

 

 

 

4. Marino Auriti

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5. Studio Azzurro