¿Inteligencia emocional? Los personajes literarios suelen saber poco al respecto. Son las grandes pasiones y la irracionalidad lo que más a menudo nutren el terreno de la ficción. Historias cuyos protagonistas difícilmente hayan podido pasar la quinta página de un libro de autoayuda y mueven al mundo a fuerza de desmesura.

Las relaciones entre hermanas no siempre son sencillas. Mucho menos si se trata de Emma y Ernestina, las protagonistas de Selección natural, de Cecilia Szperling, tan próximas de niñas, tan abismalmente distintas. La primera, modelo acostumbrada desde chica a ganar concursos de belleza, se casó con un inglés al mando de una multinacional que hizo que cambiara la casa húmeda de su Gualeguaychú natal para vivir con él en una mansión descomunal. Mientras tanto la segunda, menos agraciada, pasa sus días con un seudoartista (que no quiere hacer arte sino llevar una vida como si lo hiciera) que no hace más que compararla con Fedra, su maravillosa y sofisticada ex novia.
La “selección natural” a la que alude el libro hace lo suyo: se sabe que hay personas que vienen al mundo con ciertas ventajas adaptativas. Pero la suerte también puede hacer el resto y, en este caso, es demasiado. Tanto que Ernestina, con paciencia, logra fundirse en la identidad de su fantasma, y de a poco logra adueñarse de la personalidad de Fedra. Una novela inteligente, trágica y disparatada sobre la lucha por la aceptación, con Buenos Aires como telón de fondo: un escenario mudo que incluso crece hacia abajo, hacia sótanos acondicionados en los que un anestesista experimenta con drogas duras junto a su novia, tentando a un límite que a veces encuentra, demasiado tarde y encima bajo tierra. Relaciones siempre excesivas y complicadas donde los celos, las identificaciones y las pretensiones artísticas crean mundos cerrados, mientras una canción de moda, repetitiva y sincopada se va adueñando de cada uno, sin que puedan hacer nada.

 

 

Emma y Ernestina, dos hermanas muy particulares, son las protagonistas de esta novela de Cecilia Szperling.

 

 

 

 

Corre, Victoria, corre

 

Una joven despierta al lado de su amigo muerto en su departamento en París y, sin hacerse muchas preguntas ni angustiarse demasiado, decide salir, sacar toda su plata del banco, tomarse varios trenes e instalarse en un pueblo remoto. Así arranca Un año, la nouvelle de Jean Echenoz, escritor francés muy reconocido en su país (en 1999 ganó el Premio Goncourt, el mismo que ganó Michel Houellebecq en 2012) e inexplicablemente poco conocido en la Argentina. Echenoz logra un contrapunto perfecto entre los hechos que narra y el ánimo de su protagonista, Victoire, una mujer que desafía los estereotipos y encara una situación absolutamente trágica (en la cual además podría estar implicada penalmente) como si no pasara nada.
Una trama movida por el impulso irracional, puro existir y luego pensar (toda una burla a Descartes), que sigue a su heroína en una suerte de
plano-secuencia acelerado, atolondrado hasta la última página.

 

Un año es lo más nuevo de Jean Echenoz, un celebrado escritor francés injustamente poco conocido en nuestro país.

 

 

 

Historias mínimas

 

Una borrachera a media tarde, una niñera muerta, el miedo de que una perra se ahogue, una chiquita que insiste en preguntar y no se calla: pequeñas anécdotas que en la pluma de Alice Munro se vuelven grandes historias, las de lo cotidiano cuando –de repente– se revela extraordinario.
Con relatos que incorporan lo autobiográfico, en Mi vida querida la autora canadiense (siempre favorita para el Nobel) sorprende y emociona desde lo conocido, lo aparentemente trivial. Eso que, sin anunciarse, aguarda y desarma con una vuelta de tuerca final. En “Llegar a Japón” una mujer se entrega primero al flirteo y después al sexo con un desconocido en un tren, al principio con su hija dormida como testigo, después quién sabe si a resguardo, porque aunque la cosa pasa en otro camarote la niña ya no está en el suyo cuando su madre vuelve. En “Amundsen” es un médico quien se deja llevar por la inercia del deseo, puro acto y salto al vacío, y su prometida la que va a terminar en otro tren y con otro destino, en una de las mejores historias breves de amores truncos. Finalmente es lo no dicho lo que termina desafiando al lector en cada cuento de Munro: lo que hay que completar de lo que, aunque allí, nunca fue explícito. Eso que logra dejarnos perplejos, algo enrarecidos.

 

Pequeñas anécdotas se vuelven grandes historias en este trabajo imperdible de Alice Munro, una segura candidata al Premio Nobel.