Ni Carmen Maura, ni Victoria Abril, ni Rossy de Palma, ella es la protagonista del musical Más de 100 mentiras, con canciones de Sabina. En esta entrevista nos cuenta cómo se preparó para interpretar al personaje más importante de su carrera. Hasta ahora.

−¿Cómo fue filmar su primera película a los 19 años en el exterior? 

 

−Fue una locura: era mi primer trabajo como actriz y requería irme a México sola, a un pueblito lejos de todo, sin señal de teléfono, ni internet. En esa época no tenía ni compu… ¡recién salía del colegio! Fue fuerte haber estado ahí dos meses, todos encerrados filmando. Pero fue lo que me hizo tomar la decisión de que me quería dedicar a esto, porque quizás uno se la pasa estudiando actuación pero hasta que no estás frente a la cámara, no sabés lo que es. Además, que mi primer trabajo fuera con Gael García Bernal, a quien admiro tanto, tener que estar a la par de él, que hacía de mi pareja, fue toda una responsabilidad y fue muy gratificante. Siento que aprendí mucho. Haberla presentado en Cannes, estar con mi primer trabajo en la alfombra roja fue una locura, definitivamente.

 

 

−¿Qué preparación tenía? 

 

 

−Durante la secundaria entrenaba gimnasia rítmica, que me dio toda una base física y de coordinación, después empecé a tomar clases de canto, de danza y de actuación. Y ya cuando terminé el secundario comencé la carrera Actor y Director de Artes Escénicas y, paralelamente, estudié con Julio Bocca. 

 

 

 

 

− En comedia musical.

 

 

−Sí, y canto, que es otra faceta que me encanta, con una profe particular. Cantando en un escenario es de la única manera en que me siento desnuda, no podés dibujar nada… en la voz se nota todo. Es el mayor desafío porque es donde tengo menos experiencia y me tengo que cuidar, trabajar la voz hablada, la resistencia. No es lo mismo hacer función toda la función que quizás grabar una novela. Lo tengo que tomar con otra responsabilidad.

 

 

−Volviendo a Déficit, ¿cómo la recibió la Argentina después de esa experiencia?

 

 

−Cuando volví tuve que empezar de cero porque, a pesar de haber estado en Cannes, no había arrancado mi carrera acá. Música en espera fue una experiencia muy chiquita pero causó gracia: arranca toda la película con mi cara, es solamente una escena. Más tarde Desmadre estuvo bueno porque después de las cosas que había hecho afuera, ya tenía ganas de hacer algo acá y surgió esta oportunidad de trabajar con Jazmín Stuart y con Juan Pablo Martínez. Es un personaje también chiquito pero que tenía influencia en la historia principal, me divirtió mucho hacerlo y trabajar con Jazmín y con Flor Otero fue un placer también.

 

 

−Hizo teatro, cine y televisión. ¿Cómo vive cada cosa que hace?

 

 

−En general busco que sean cosas que me saquen de lo que ya hice. En Sos mi hombre tuve que hacer de bombero, cosa que nunca me imaginé… El primer día tenía que levantar una barreta para abrir un auto que estaba chocado ¡y claramente no podía! El año pasado tuve la oportunidad de filmar en Uruguay una miniserie del año 1800 para la RAI. Fue un sueño, teníamos vestuario de época y yo hacía una especie de Magdalena de bar pero en el campo, una mina que se la pasaba dando órdenes porque había quedado viuda y a cargo de todo. Lo gracioso es que yo anduve alguna vez en Miramar a caballo pero acá tenía que estar toda la serie arriba del caballo ¡y mostrando que era una crack en eso! (risas). Son experiencias que jamás pensé que viviría: arriar vacas en el campo o haber aprendido algo de italiano o aprender a hablar en portugués en diez días. Siento que esas cosas me hacen crecer, me divierten, me generan desafíos. Me apasiono mucho con mi trabajo.

 

 

−¿Es verdad que no le gusta la comedia musical tradicional?

 

 

−A veces me peleo mucho con el género… no me gustan tanto las obras que son todas cantadas, cuando la escena es toda cantada (canta) “¡vení para acá, andá para allá…!”. En Más de 100 mentiras hay una historia muy concreta de cuatro personajes que podría funcionar perfectamente como una obra sin música porque tiene su conflicto, su desenlace y está muy bien planteada. La música está para completar el cuento, no es todo cantado. Por ejemplo mis amigas, que no son muy fans de Sabina pero vinieron a verme, se re-engancharon con la historia, que tiene momentos de comedia, de tensión y de tristeza que te atrapan.

 

 

−¿Cómo se preparó para este personaje?

 

 

−El proceso hasta el estreno es lo que más disfruto siempre. En este caso, todo fue fluyendo muy rápido; el director David Serrano nos puso a hacer las escenas y le dio mucha importancia al tema actoral. Está bueno porque a veces en comedia musical se desdibuja un poco la actuación y termina siendo todo muy así (enfatiza y exagera sus palabras). David también viene de otro palo, viene más del cine y de una actuación más detallista, no quiere que hagamos las cosas muy agrandadas. El teatro es bastante chico, se ve bien de todos lados y por eso no hace falta hacer una cosa muy grande, sino buscar la realidad. Entonces lo primero que se trabajó fue el registro donde íbamos a estar todos y, a partir de ahí, construir.

 

 

−¿Y cómo fue el trabajo con el director?

 

 

−El director tenía muy clara esta obra que ya hizo durante dos años en Madrid, eso fue de gran ayuda porque hubo que montarla en sólo dos meses. Además él también es uno de los autores junto con Diego San José y Fernando Castex, e hizo un gran trabajo para transmitirnos qué era lo esencial de cada personaje y cómo había que plasmarlo. Valoro mucho eso y el trabajo de todos mis compañeros, que la tienen muy clara en comedia musical. Christian Giménez, Sebastián Holz y Carlos Silveyra son actores del género, y para mí, que vengo de otro palo, era un desafío poder estar a su nivel cantando, bailando y actuando al mismo tiempo.

 

 

“Me peleo mucho con el género, no me gustan tanto las obras que son todas cantadas”

 

 

−Su personaje es la imagen femenina más fuerte del musical.

 

 

−Es divertido que en su presentación no sabemos si es la novia de alguno y después nos terminamos dando cuenta de que es la que está llevando las riendas de la situación. Si bien hay otro personaje y están las bailarinas, yo siento la presión de que Magdalena tiene que estar muy presente. Ella tiene ese motor muy fuerte y lo va a seguir pase lo que pase: es una mina a la que no le importa acostarse con cualquiera con tal de cumplir su objetivo. ¡Es tremendo! Me gusta poder mostrarla como una mina que se puso un objetivo y lo va cumplir y no como el cliché de la prostituta reventada. Tiene su costado de mujer vulnerable que también quiere ser amada y momentos donde se la ve más humana, ¿no? Pudo salir de la droga y de la prostitución pero lo que finalmente quiere es encontrar a esa persona que la ame de verdad.

 

 

−Es, de los tres protagonistas, la última en cantar y de pronto entra con “Yo quiero ser una chica Almodóvar”. ¡Y la rompe!

 

 

−Es lo que más me divierte porque desde el día en que me anoté en la escuela de Ricky Pashkus y Julio Bocca me quería poner la galera dorada y bailar con lucecitas a los costados. Lo disfruto mucho y me divierte que estén los personajes de Almodóvar ahí y entrar como en esa fantasía del glamour pero sin olvidarme de que es Magdalena. Aunque creo que Luz lo disfruta más que Magdalena.

 

 

 

“Cantando en un escenario es de la única manera en que me siento desnuda, no podés dibujar nada, en la voz se nota todo”  

 

Estilismo: Natalia Zubeldía

Maquilló: César Rajoy para Bobbi Brown

Peinó: César Rajoy para Blanc Noir

Vestuario: Verónica Far, Alló Martínez, Vírgenes de Bs. As., Complot, Paruolo, Ricky Sarkany y Lorena G