El único hijo varón de Alfredo Casero es tan irreverente, gracioso y buen tipo como su progenitor. Además, descubrimos en el a un seductor nato que no esconde su pasión por las mujeres. Afianzado en la profesión de actor, se acerca a la música y fantasea con un futuro en el campo.

Nazareno se declara fanático del fútbol, cosa que pude constatar personalmente cuando al terminar la nota se fue a jugar un partido y una extraña sensación de pertenencia se apoderó de él. Loco también por el trabajo, una actividad que sigue disfrutando hoy, a sus 25 años, pero comenzó cuando sólo tenía 7, en el mítico programa de culto Cha cha cha.

 

–¿Cómo resultó la experiencia de trabajar con su padre?

 

–A mí me encanta laburar con mi viejo, siempre queremos hacerlo, pero se tienen que dar los tiempos. Cada uno hace sus cosas y cuando nos juntamos de lo que menos hablamos es de laburo. Él ahora tiene campos, está laburando mucho con eso y quiere que me meta, así que lo estuve haciendo de a poco.

 

–¿Se viene un Nazareno patrón de estancia?

 

–Me encantaría, pero tenés que saber mucho para ser patrón de estancia. Creo que el campo es el futuro, porque ya en la ciudad no se puede estar.

 

–Alfredo, más allá de lo laboral, ¿cómo fue como papá?

 

–Ha sido un padre muy cariñoso, al día de hoy lo sigue siendo. Con sus locuras descabelladas, absolutamente.

 

–Poco ortodoxo.

 

–Totalmente poco ortodoxo. Por suerte, creo. Tanto a mis hermanas Guillermina y Minerva como a mí nos ha mostrado lo más lindo que puede tener un padre, que es desde molestarte a la mañana tirándose encima de vos y raspándote con la barba, con muchísimo cariño, hasta decirte “el martes es tu cumpleaños, te voy a regalar algo” y después ese regalo era un chocolate. Nunca me ha dejado faltar nada. Cuando éramos muy chicos fuimos pobres hasta mis 7 años, pero así y todo fue siempre un lugar con mucho amor, nunca hubo malos tratos. Han sido muy buenos padres, muy cariñosos y eso se los agradezco a ambos.

 

–Esa época de falencias ¿en algún momento lo hizo pensar en la inestabilidad de su profesión?

 

–A mí me gusta mucho laburar, cuando no laburo me aburro. Y sí, mi profesión tiene eso de que por ahí estás para hacer un laburo y se posterga y al final lo termina haciendo otra persona. Da un poco de miedo, pero también está el vértigo, cuando agarraste de vuelta el viaje y estás nuevamente en la estabilidad aprendiste de ese momento en el que te faltó o en el que dijiste “Puta, tengo que volver a vivir con mi madre”. Por suerte no pasé por esa situación.

 

–¿Y alguna vez hubo un: “Madre, lávame la ropa”?

 

– “Madre, lávame la ropa” es una cosa que puede suceder por el hecho de que a veces las madres necesitan que uno dependa de ellas. Entonces llega la situación en que te dicen “Venite a casa, traete ropa para lavar”. Y vas, lo hacés y te quedás con ella mientras lava. En definitiva te hizo un gran favor pero lo importante es la interacción que uno mantiene, es esa cosa de dependencia. Hay una relación con las madres que muestra que ellas se tienen que sentir necesitadas por el hijo.

 

–Hablando de figuras femeninas, el año pasado se publicó que salía con dos mujeres a la vez, y fue muy envidiado.

 

–Empezó siendo una situación graciosa que terminó teniendo mucho más ribete del que realmente había. Las fotos son en un boliche, pero tampoco son incriminatorias y salí a desmentirlo. Fue una situación un poco confusa, pero yo novia tengo una sola, Carlina.

 

–Lo vendieron como el ídolo de los hombres.

 

–Contrario a lo que podés llegar a creer, dije que si tan banana es el hombre que anda con dos minas, que entonces la mujer deje de tener ese estigma de ser trola porque anda con más de un hombre a la vez.

 

–Más allá de esta situación, ¿le parece atractiva la idea de sexo grupal o de un trío?

 

–No me apetece más hombres con una mujer porque lo veo desparejo en cuanto a fuerza. Me da violento y no me parece erótico. Es otra la energía que pueden tener dos mujeres con un hombre, lo veo menos violento y más racional. El hombre cuando garcha es irracional en un punto, no lo veo ni frío ni cool. Ojo, que el sexo sea violento también está bien, no es que sólo hablamos de besos y caricias.

 

–Ya lo veo con las esposas y el látigo.

 

–(Risas) ¡Siempre en la mochila! No, no, ella los tiene en casa y me dice “vení”, y pienso “hoy creo que me toca a mí ser culeado” (risas). Hablando en serio, tal vez es un poco polémico, pero dos hombres que están con una mina tienen algo no resuelto en su sexualidad, y por eso necesitan tener una mujer en el medio para verse con las pijas paradas entre ellos… Lo veo bastante así.

 

–Entonces, a la situación con otro hombre no se presta.

 

–La verdad, no. Cuando éramos chicos fuimos alguna vez con las locas y ninguno lo disfrutó. Desde ahí nunca más estuve con una mujer paga, me parece que pierde la gracia de lo que es salir a cazar.

 

–¿Qué cosas lo apasionan?

 

– El fútbol me apasiona, soy hincha de Comunicaciones. Me hicieron de River, Independiente, Racing, y nunca me gustó ninguno. Pero un día fuimos a ver a Comunicaciones y ahí dije: “Este es el equipo”. Es fácil ser de Boca, podés ir dos veces a la cancha y listo, pero en un equipo más chico si no vaste dicen “hace mucho que no venís, eh”. Veo un equipo pobre y veo que la hinchada y la barra se mueven más por identidad que por poder. Juego una vez por semana y babeo. Ahora me estoy yendo a jugar, soy violento (risas). Hay algo de un frenesí animal que si lo digo con la camisa abierta soy un pelotudo, pero la necesidad de competencia es inherente al hombre. La mujer no tanto, no sé si tiene una pulsión de jugar y de tener contacto físico.

 

– ¿Las mujeres lo apasionan?

 

–Sí, me apasiona la seducción. Las mujeres y todo lo que ellas significan pueden ser un antidepresivo natural. Me apasiona la relación humana, el hecho de conquistar a otra persona y no sólo en lo sexual; ir y venderle algo que pensás, que te lo compre y que haya un triunfo.

 

 

– ¿La fama le trajo muchas mujeres?

 

–Sí, pocas que valieran la pena tal vez. Tampoco es que arranco y digo: “Hola, qué tal, nos conocemos de novelas como Michael Jackson y yo…”. Hay una situación muy divertida cuando una chica te dice: “No te conozco, ¿quién sos?”, como queriéndote bajar. Entonces le decís: “Ismael me llamo”, y ahí la cagaste. Y después hay muchas que quieren ser la que no se pudo coger al de la tele. Con muy pocas fui un arrastrado de que me queden frutillas en las rodillas de insistir. Hace bastante tiempo dejé de darme vuelta para mirarle el culo a las chicas, si te vas a clavar una tanga de leopardo con una calza blanca para que todos te miren el ojete, no lo hago porque estás esperando eso.

 

–¿Le molesta que una mujer lo invite a salir?

 

–No, está bien. Depende de qué te invita a hacer, si te dice “vamos a…” y te das cuenta que te quiere pavonear frente a gente, no. No es que me gusta la chica que se hace rogar. Lo que sí me hincha las bolas es la histeria, tanto femenina como masculina, esa cosa de esperar dos días a que te llame. Me desencanta.

 

 

“Hay una situación muy divertida cuando una chica te dice: ‘No te conozco, ¿quién sos?’, como queriéndote bajar. Entonces le digo: ‘Ismael me llamo’, y ah la cagaste”.

 

–¿Cómo imagina el futuro? ¿Hacia dónde le gustaría encaminarse?

 

–Estoy empezando a meterme de a poco en la música, creo que es una herramienta que va mucho más allá de la actuación, porque la música la tenés siempre adentro como espectador, vos no vas en el auto escuchando una obra de teatro.

 

–¿Se imagina músico dentro de 20 años?

 

–Me imagino la música como elemento de sanación para mí, y si es sanador para otros, me encantaría. Me imagino escapando de las ciudades, entiendo que mi padre ya ha empezado a buscar lugares adonde poder irse a estar en paz con él mismo y a no depender de si hay carne en el supermercado o si el agua está 30 pesos el litro.

 

–En una entrevista que hicimos con Alfredo, nos dijo que si un padre no le da el ejemplo a un hijo, la vida no vale nada. ¿Qué ejemplo siente que le dio?

 

–Laburar, romperse el ojete laburando. Me enseñó que la palabra vale. Me dio el ejemplo de que las cosas se las gana uno mismo, no me regaló nada, y esto lo digo orgulloso. Me enseñó cómo hacerme de esas cosas y se lo agradezco muchísimo. Me ha dado las herramientas para salir a la vida, y eso es una gloria.

 

 

“Entiendo que mi padre ya ha empezado a buscar lugares adonde poder irse a estar en paz con el mismo y a no depender de si hay carne en el supermercado o si el agua está 30 pesos el litro”.