Ubicado dentro del club más tradicional de la Argentina, el restaurante del Club del Progreso es una verdadera joya porteña no sólo por su impactante arquitectura, sino también por su fabulosa cocina. Los invitamos a descubrir el pasado junto con platos del presente moderno.

Creado en 1852, no sólo es el club más antiguo de nuestro país, sino también de toda Sudamérica. Con el fin de realizar diferentes actividades sociales y crear un espacio para la integración y el debate político, nació esta entidad integrada por personalidades ilustres de la época. Hoy en día, sigue manteniendo el sistema de membresía pero sus restaurantes ya están abiertos para el ingreso de todo sibarita que sepa apreciar una buena comida.

 

En la planta baja, nos encontramos con un coqueto bar donde una pequeña barra ofrece aperitivos de todo tipo. Junto al piano y rodeado de retratos decimonónicos con fastuosos marcos, vale para tomar también un café o un té cuando es aún de día.

 

Más atrás, justo antes de la biblioteca que guarda celosamente valiosas ediciones, en la cava de vino se pueden degustar diferentes cosechas con una picadita, antes de llegar al restaurante informal del patio. En el primer piso, rodeado de varios salones más modestos para reuniones y eventos, está el salón principal donde podemos almorzar o cenar: una belleza sin igual por sus enormes arañas antiguas, por la imponente chimenea de mármol, por el tapizado, por las mesas de madera… por todo. Lo amamos. La carta es corta y muy completa, sugerimos comenzar con la irresistible canasta de chipá ($20), seguir con un moderno revuelto gramajo con papas pay ($41), las empanadas de carne con cazuelita de ingredientes ($29 c/u) y las coquetas humitas en chala ($39 c/u).

 

Entre los platos principales, se puede optar por carne, pescado o pasta además del cochinillo, que es simplemente espectacular. Se puede pedir porción para uno, medio cochinillo ($352) o uno entero cuando son varios; lo traen a la mesa y lo cortan con un plato. Placer supremo. Pedir también los exquisitos fideos rellenos con sesos ($78). Para el final, la isla flotante para compartir ($31), la degustación de dulces varios y quesos es un gol ($34), y el flan casero con dulce de leche es un clásico de todos los tiempos ($32). Servicio atento, cobran cubiertos ($14). Lo recomendamos.

 

 

 

El edificio es histórico y cada salón lleva el nombre de un prócer local.

 

 

 

 

 

 

 

Tienen un jardín secreto que es un verdadero oasis urbano: totalmente descubierto y rodeado de plantas, hay que reservarlo para eventos y festejos.

 

 

 

 

En el patio hay otra carta más informal que se puede disfrutar tanto de día como de noche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El cochinillo, plato estrella de la casa, es una verdadera atracción para los bonvivants.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los platos, muy bien presentados, conjugan la tradición con un toque de modernidad.