Este gran compositor es una de las dos reservas morales de la música negra viviente y merece que se lo respete. Dueño De una voz increíble y de una manera sin igual de tocar la guitarra, está siempre listo Para enseñarle a la gilada cómo se hace soul.

Andaba por Buenos Aires una tarde de verano y en la esquina de Libertador y Coronel Díaz veo doblar un taxi de lo más común. No le presté demasiada atención hasta que miro la luneta y  leo en letras grandes y casi góticas lo que tenía escrito. Bobby Womack. “¡Bobby Womack!”, grito solo en mi auto donde casualmente, ¿casualmente?, estaba escuchando el último del genial Bobby, una de las dos reservas morales de la música negra viviente, The Bravest Man in the Universe. Un título de lo más apropiado para él, apodado por sus iguales The Poet, el único sobreviviente junto al otro genio, Leon Ware, que no sólo vivió la época de oro, todas las pocas de oro del soul, sino que fue el más rocker de los músicos de soul y estuvo en todas.

 

 

Es que a Bobby le pasó de todo. Proveniente de una familia de hermanos con oído, muchos de los músicos profesionales como Cecil, o Curtis, o el desaparecido muy joven Harry, a los 20 lo descubre otro genio, Sam Cooke, y lo convierte en su guitarrista. Y acá empieza la leyenda viviente. Conocido es que Sam Cooke muere baleado en una infausta noche de los 60, en el lobby de un hotel en Nueva York, creo, básicamente por culpa de una trola blanca que lo acusa ante el conserje de haberla violado. Ahí nomás se arma la discusión y aparecen las armas, instrumentos a los que son tan afectos los yanquis, y de ahí al tiro pasaron cinco segundos. Muere Sam intentando salirse de la escena, ¿y a que no saben quién estaba junto a Cooke intentando calmar las cosas? Yeah, Bobby Womack, quien pasado el shock comienza su carrera  solista con la que era la banda de Sam y hasta se casa con la viuda luego de un tiempo. Un caso de diván, supongo. También se dice que es Bobby quien toca la guitarra en la inoxidable “Family Affaire” de Sly & the Family Stone. Cuando le preguntaron hace un tiempo si era él  quien tocaba esa finísima y feroz viola en semejante himno, respondió: “Puede ser. Siempre  estábamos grabando boludeces con Sly en esa época, así que puede ser mi guitarra, o no, qué sé yo”. Larry Graham, otra de las glorias vivientes del soul, hoy bajista de Prince y en los 60 de Sly y la familia, corrobora el rumor y dice que es Bobby el de esa guitarra que cambió la historia del soul. Aquí hago un pequeño paréntesis imaginario y paso a referirme a las sutiles diferencias entre los músicos de soul que componen con la guitarra y los que componencon el piano. Son diferentes por la mensura de sus instrumentos, por las escalas que pueden usar y,  básicamente, por las rítmicas distintas que surgen de tocar un instrumento de cuerdas y otro de percusión. Paso a los ejemplos y quizá se me comprenda mejor: con el piano componían Marvin Gaye, Barry White, Isaac Hayes o Donny Hathaway; con la guitarra, Curtis Mayfield, Bobby Womack, Bill Whiters o, si vamos a lo de hoy, Lenny Kravitz o el mismo Prince. ¿Qué genera esto en quien escucha? Nada, excepto que a nosotros, los que a todo llegamos desde el rock, nos suenan más familiares, digamos. Es que la guitarra al frente inmediatamente nos remite a lo nuestro. No es casual que el primer número uno de los Stones en Londres sea un tema de Bobby, “It’s All Over Now”, canción con la que abrían sus shows en la gira de Bridges to Babylon, la que los trajo a la Argentina por primera vez. O sea, la primera canción que escuchamos de los Stones en Baires, en persona, fue una de Bobby Womack. ¡Ja! Un tipo jodido, Bobb y, pero un genio como Miles Davis Fue en esos días que, trabajando en los shows de los Stones, en un cruce con Ron Wood, vaso de whisky en mano, intentando caerle  simpático le digo: “Tengo todos tus discos con Bobby Womack”, lo cual era cierto.

 

 

Ronnie me miró extrañado y el que estaba al lado se rió y le palmeó la espalda. Después me explicaron que parece que el bueno de Bobby había editado algunos de esos discos y se había olvidado de avisarle a Ronnie del asunto. Parece que con el tiempo las cosas se solucionaron y fue Ron Wood el encargado de presentar a Bobby Womack para su ingreso en el Rock and Roll Hall of Fame hace un par de años. Un genial músico de soul en el Rock and Roll Hall of Fame, privilegio que comparte hasta ahora con Al Green y pocos más. Dueño de una voz de hombre inigualable, es una especie de Barry White en ácido, gritón y arrabalero, y de un estilo en la  viola que lo hace un ser superior, sin estridencias como Hendrix, y sin circo como Kravitz. Una vez que lo escuchás, siempre lo reconocerás, lo cual hace difícil elegir una de sus obras por sobre otras, porque aun haciendo covers Bobby esinigualable. Se dice en el ambiente que lo peor que te puede pasar como músico es que Bobby Womack haga una versión de un tema tuyo, porque automáticamente pasa a ser de él. Si no preguntale al enorme enano Paul Williams qué opina de la versión Womack de “We’ve Only Just Begun” o a los mediocres  ochentosos de Ace respecto de “How Long”. Bobby hace lo que en la jerga llamamos versiones definitivas. Y más se complica teniendo en cuenta que aún hoy sigue en plena actividad, grabando solo o con Gorillaz, por ejemplo. En lo personal considero el triplete The Poet, de principios de los ochenta, como el cénit de su carrera, más por trascendencia que por valores artísticos.

 

 

Quiero decir que las canciones de esos tres discos grabados en unos pocos años aún hoy son revisitadas por las más grandes figuras del R&B o neo soul, como por ejemplo Jaheim, una de las más promisorias nuevas estrellas de la música negra, cuyo primer éxito es “Lonely” que no es más que una ligeramente arreglada versión de “If You Think You’re Lonely Tonight” de The Poet, creo que la primera canción del soul que habla de un tipo que ve como su mina se va con otra. The Poet nace en 1980 con el disco The Poet, el que tiene “If You Think…”. Glorioso, hasta 1984 no haría otro disco, así que ese año aparece The Poet 2. Dado el éxito que había tenido el primero decidió ponerle título de saga al siguiente.

 

 

Otra andanada de soul  exitoso en unos años en que el género no estaba muy para arriba: había perdido a Marvin un par de años antes, Barry White estaba de bajón y Stevie Wonder andaba haciendo nimiedades como “Skeletons” y demás, con baterías electrónicas y teclados espaciales que no sólo no le agregaban nada a Stevie sino que le restaban frescura. Imagínense que el mayor éxito del soul en esos años fue “I Just Call to Say I Love You” de Wonder, una verdadera mierda hitera  apoyada por una difusión infernal en esa época de oro de los sellos. Así que ahí aparece The Poet 2 para recordarle a la gilada cómo se hace soul. Y la caja se completa con el siguiente álbum, del 85, Someday We’ll Be Free, la perfecta continuación a las lecciones de soul moderno que habían precedido a este. En lo personal para Bobby fue un tributo a su amigo Donny Hathaway, que se había suicidado unos años antes por amor, tirándose del piso trece del Essex House, frente a la estatua de San Martín en el Central Park, el mismo edificio en el que tenía el pisito María Julia. “Someday We’ll Be Free” era de Donny. Habría mucho más para decir de Womack, y seguramente habrá más de él en el futuro, así que esta historia aún no está terminada. Desde mí, adoro a este tipo, buenas noches. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dueño de una voz inigualable, es una especie de Barry White en ácido, gritón y arrebalero porque su estilo en la viola lo hace un ser superior, sin circo ni estridencias. una vez que lo escuchás, siempre lo reconocerás.