En medio de una frenética rutina diaria de viajes, desfiles y colecciones, el diseñador hace gala de su mítica seducción para mostrar sus mejores creaciones y contarnos los secretos de su éxito. 

Cada uno en su posición: ella impecablemente peinada y maquillada y preciosamente ataviada y dispuesta. La luz está medida, la toma, el espacio… Es la hora señalada; avisó que estaba demorado. Se abre la puerta y aparece él corriendo y hablando fuerte “Acá no, mejor allá, probemos así, traigamos ese fondo, me trepo por ahí”. Y en medio del vértigo que impone su presencia, igualmente es posible la abstracción: algo en su estilo, quizás la ascendencia libanesa, remite a un mundo antiguo, a la evocación del caos griego, ese al que le adjudican nada menos que la serie de eventos que derivó en toda la humanidad, el mismísimo origen del mundo.

 

Lejos de Ovidio, en un rincón de San Telmo, su representación modernatoma la forma del concepto científico por el cual los sistemas más complejos son susceptibles de grandes cambios ante una leve alteración. Y eso es exactamente lo que está pasando: una intrincada armonía entre modelo, peinador, productora, fotógrafo, maquillador y asistentes está siendo violentamente intervenida por un detalle: la avasallante personalidad del diseñador Carlos Di Doménico.

 

Le sobran las razones para tanto apuro: esta nota la realizó entre el diseño y la confección de su colección otoño/invierno 2013, que presentó a fines de abril en su maison de la calle Cerrito para un selecto grupo de clientas y celebridades. Por esos días también estaba ultimando los detalles del desfile que se hizo sobre el final del mes en el Hotel Bourbon, de Asunción del Paraguay. Y más: faltan horas para la inauguración de una tienda en esa ciudad, fruto de una sinergia con la marca brasileña de calzado Carmen Steffens.

 

–¿Cómo es el proceso creativo en medio del dinámico trabajo diario?

 

–Trato de aprovechar al máximo los viajes. Europa es una gran fuente de inspiración, inspiración, especialmente Italia, un país del que soy habitué desde hace 38 años. En general, las telas son la base de mi inspiración. Cuando pienso una colección, por sobre todas las cosas priorizo que sea para una mujer ultrafemenina y que abarque todas las edades.

 

–¿Es un proceso que se disfruta o se padece?

 

–Yo lo disfruto mucho, disfruto el armado de una colección, la búsqueda de materiales…

 

–¿Recuerda su primer desfile?

 

–¡Claro! Esas cosas son inolvidables, recuerdo incluso la textura del cashmere de los abrigos.

 

El permanente contraste entre el brillo de las piedras y la sensualidad de las transparencias en sus diseños remite a la noche y su poético encanto. De vuelta a los griegos, la asociación es inevitable: en el principio sólo reinaba el caos, y de él surgieron los dioses primordiales, entre ellos, por supuesto, Nyx, la noche representada como una bella mujer alada al mando de un carro, vestida con un gran manto negro plagado de estrellas.

 

–¿Qué presencia tiene la noche en sus creaciones?

 

–Absoluta. Es la protagonista excluyente en todas mis colecciones.

 

–La noche es sinónimo de seducción.

 

–Sí, creo que entre las cualidades personales que me han llevado al lugar que ocupo, mi sensibilidad, mi intuición y un gran poder de seducción me han ayudado mucho. Siempre llego a mis clientas gracias a esas herramientas, soy un seductor nato, probablemente sea algo que llevo en los genes por ser el hijo de una madre libanesa y un padre italiano.

 

–¿Disfruta del trabajo con las clientas?

 

–Enormemente. Los momentos que comparto con mis clientas son únicos, porque son muchas las cosas que se movilizan ante cada persona que atiendo.

 

–¿Y cuál es la parte difícil de ser un diseñador reconocido?

 

–Mantenerse.

 

Carlos se entusiasma ante la aparición de su hija, que acaba de bajar para hacer un retrato juntos. Carla estudió Diseño en la Universidad de Palermo y desde hace cuatro años trabaja con su padre, acompañándolo tanto en las duras horas del taller como en la producción de los desfiles y los eventos nacionales e internacionales. La sonrisa franca y su melena negra la hacen parecer la representación de la deidad que se opone naturalmente al frenesí del caos, imponiendo una femenina dosis de calidez. Se ubican, se miran y se funden en un abrazo que cierra un círculo perfecto.

 

–¿Adónde proyectan llevar la marca?

 

–Al mundo.