Es hora de reivindicar a Ian Dury, un genio incomprendido. Creador de Lord Upminster, una obra maestra que no tudo la menor repercusión. Nunca fue editada en los Estados Unidos ni en ningún mercado grande y existe solamente una edición japonesa que ya no se encuentra en ningún lado.

Esto podría empezar así: si te gusta Sumo este es tu disco. Y también podría terminar así: si vos suponías que no había nada que linkeara a Sumo con Serú, con los Ratones Paranoicos o con cualquier banda argentina de los 80, acá está la respuesta. Quiero hablar del link de todas nuestras grandes bandas con el resto de las bandas modernas de esos años de todo el mundo. Quiero decir que somos todos hijos del mismo padre. Y además quiero decir lo que me enseñaron hace 30 años, el primer día que llegué a una discoteca de una radio, cuando me dijeron: “Oye chico, crear, crear, sólo crea Dios”.

 

Hoy quiero hablar de Ian Dury, sin los Blockheads, aunque con Chaz Jankel, de vacaciones en Jamaica, Bahamas y zonas aledañas, que se encuentra en una esquina con Sly Dunbar y Robbie Shakespeare (1,2,3,Google), estos dos sin sus amigos de Black Uhuru, y se ponen de acuerdo en grabar un disco fumando eso que Sly y Robbie se disputaban sentados en el cordón de la vereda, sin ganas ni voluntad de ponerse verticales. Hubo varias historias y leyendas acerca de este disco.

 

Un fracaso cuando salió, un fracaso tan liso y llano, un disco tan ignorado en su momento, tan ninguneado, que ni siquiera fue un fracaso. Podría decirse que fue un disco que no existió. De hecho, sólo salió en su momento en Jamaica, por Sly & Robbie, que de locales siempre ganaron. También salió en Londres, porque a Dury le estaba saliendo un siete atrás de otro, después de Sex & drugs & rock& roll, y Wake Up, And Make Love To Me, y Clevor Trever, y demás. Y lo lanzaron en París, porque en París siempre le daban bola a todo, cuanto más raro, mejor.

 

Por algo allí se desarrollaron las carreras de Miles Davis, el Gato Barbieri y Atahualpa Yupanqui entre tanta gente. Pero ni siquiera en esos países fue un best seller. Y la verdad es que escuchándolo, uno se da cuenta enseguida de por qué fracasó así. Porque aún hoy es moderno y sigue sin editarse en los Estados Unidos, España y la Argentina, por ejemplo.

 

Porque even now no encuentran interés comercial en esta clase de discos. Es una gema que no está en iTunes, hoy sólo se consigue en edición japonesa. Sé que en Río la cadena F Nac lo tuvo un tiempo en sus bateas, carísimo, y su tema principal está en los grandes éxitos de Ian Dury sólo en versión en vivo. Cuando a mí me preguntan eso de los cinco discos en la isla desierta, pregunta pelotuda si las hay, pero que a mí por lo menos me la hacen una vez por mes, no tengo dudas en la selección. I Want You, de Marvin, algo del quinteto de Miles Davis, algo de Piazzolla (cualquiera entre el 67 y el 81), Jobim con João Gilberto, Stan Getz y Astrud y Lord Upminster, de Ian Dury.

 

Para empezar, la tapa, una ignominiosa foto de cuerpo entero ladeado ligeramente del bueno de Ian, agarrado a su bastón. Por si no saben, Ian tuvo polio en su infancia y quedó bastante tullido. Más que Iggy Pop. Digamos que estaba en el medio exacto entre Iggy y Michel Petrucciani. Bueno, la foto de Ian en fondo oscuro y con una plaqueta en su borde superior izquierdo que creo que decía Lord Upminster. Ahí había nacido Ian Dury. Vestido como el orto, como el mío, no como el de Kim Kardashian, y con cara de blockhead.

 

Este es un disco del año 80. Y teniendo en cuenta que Ian Dury fue el músico más prohibido por las dictaduras latinoamericanas tan en boga en esos años, suena lógico que acá no haya aparecido nada de él. Imagínense ustedes a los censores recibiendo en sus mugrosos escritorios un disco cuyo tema fuerte era, “Sexo, drogas y rock & roll”, así que acá inventaron a un imbécil que se llamó Ian Durand y cantaba las canciones de Ian Dury en versiones ATP. Esas cosas generaba Ian. Un genio.

 

Bueno,  sigamos con Lord Upminster, la tapa de Ian, la contratapa con los colores de la bandera jamaiquina, y una foto de Ian, Sly, Robbie y Chaz Jankel, otro genio, tecladista y arreglador de los Blockheads, la genial banda londinense de Ian, saliendo de una plantación de marihuana con sonrisas indelebles en sus rostros. Y aún recuerdo la inscripción de la remera de Ian Dury entre unas hojas de cannabis: “Weeds of wisdom”. Y más abajo el logo del sello que habían inventado los cuatro para la ocasión, que era una semilla (¡je!) con el nombre Great Expectations. ¿Cómo no quererlos desde el primer día?

 

Luca Prodan me había hablado del disco una noche en la pizzería Don Corleone, que quedaba enfrente de Palladium, y al otro día fui al Agujerito, la gran disquería de la Galería del Este, donde Nijhenson me dijo que sabía cómo conseguirlo, y unas semanas después me hice del vinilo. Lo puse, y fui otro. A veces lo ponía en la radio, en pubs o en boliches, y la gente me miraba mal porque no se podía bailar, y si lo escuchabas se te pegaba tanto que fastidiaba.

 

Recién estábamos desmenuzando el reggae, así que no llegábamos al dub ni en pedo. ¡Imagínense ustedes un disco de estos cuatro fumados! Y la historia detrás del disco tiene varias vertientes. La oficial habla de que Chris Blackwell, histórico dueño de Island Records (el sello que sacó a la cancha a Bob Marley & The Wailers y a Robert Palmer, por ejemplo, y que editó a Ian Dury & The Blockheads en Londres), instó a Ian Dury a que conociera a sus amigos Sly y Robbie, batero y bajista de toda la música jamaiquina y productores de los mejores, que estaban en Bahamas de vacaciones, para que grabaran algo. Suena bien pero naif, conociendo mínimamente a los protagonistas de la historia. La otra versión cuenta que el debilucho Ian estaba pasado de rosca en la Londres punk, y entre los medicamentos que debía tomar para sus piernas, las drogas pesadas de las que era un entusiasta consumidor, su demoledor éxito “New Boots & Panties”, que lo había convertido en una celebrity perseguida por las mujeres y venerada por los hombres, más una vida licenciosa y los amigos ingleses, era una mierda caminante. Así es que aparece Chris y le dice: “Lo mejor que podés hacer es irte lejos de Londres un tiempo, desintoxicarte donde nadie te conozca, relajarte, rearmarte y volver cuando estés bien”. “Okey”, dijo Dury, lo llamó a su amigo Chaz y juntos partieron a Jamaica, Bahamas y demás destinos por la zona. Allí Chaz dejó los químicos, pero se hizo fan de la marihuana tropical con el mismo entusiasmo que había mostrado antes con la heroína. En fin, destino equivocado Jamaica y destino marcado el de Ian Dury.

 

Musicalmente, el disco es genial, con una canción que sobresale apenas de las demás, que no son muchas, sólo ocho diseminadas en menos de 40 minutos de gloriosa duración. La canción es “Spasticus (Autisticus)”, nunca supe por qué todas las canciones tienen medio título entre paréntesis, a veces ridículamente, como “The (Body Song)”.

 

La cuestión es que “Spasticus (Autisticus)” sí se podía bailar, y se llamaba así la primera banda de Ian Dury, Los Espásticos Autistas, digamos, pero le puso al tema “Spasticus” por Spartacus. Bueno, se ve que fumaban todo el día. Pobres. Bueno, hasta luego.