Una retrospectiva de la artista brasileña Adriana Varejão, una de las más cotizadas del mercado, se presenta en el Malba bajo el nombre “Historias en los márgenes”. Una invitación arte que vale la pena no dejar pasar. Hasta el 10 de junio.

Un margen es, según el diccionario de la Real Academia Española, una extremidad o la orilla de una cosa. Una segunda acepción explica que se trata del espacio que queda en blanco a cada uno de los cuatro lados de una página manuscrita, impresa o grabada.

 

También es una apostilla, una acotación que comenta, interpreta o completa un texto. Es, además, una ocasión, una oportunidad, el espacio para un acto o un suceso, y desde otro punto de vista, es la cuantía del beneficio que se puede obtener en un negocio. Un margen es todo eso: un borde, un espacio, un agregado, una oportunidad, un beneficio. Un margen es tensionante y contradictorio.

 

Quienes se encuentran en él ocupan un lugar, pero un lugar al margen de algo a lo que no pueden pertenecer. Son marginales, como lo fueron los monstruos de los manuscritos medievales, entrelazados y enredados en las marginalias de los libros iluminados, poseedores del caos, ajenos a las reglas, pero de alguna forma siendo también parte de un orden. “Historias en los márgenes, la muestra de la artista contemporánea Adriana Varejão, que puede verse por estos días en el Malba, nos enfrenta a cada uno de los significados y consecuencias de estar, o no, en el margen.

 

Figura de convite, 1997

 

El primer impacto son los azulejos. Una mirada rápida, por ejemplo, a Figura de convite II, nos produce la satisfacción de observar una obra de factura impecable que inmediatamente nos recuerda el fantástico desarrollo de este arte en Portugal, arte que, casi sin interrupción desde el siglo XVI, tiene el privilegio de obrar de divulgador de la cultura portuguesa con sus imágenes religiosas, mitológicas, satíricas, históricas y graciosas, adaptadas tanto a pequeños como a monumentales espacios. Pero la obra de Varejão no es de azulejos, es pintura, óleo sobre tela para ser más específicos. Y la artista no es portuguesa, es brasileña. Y Figura de convite no es una sátira, ni es graciosa: una figura femenina, que en iconografía se acerca quizás a una Venus, camina con paso etéreo por una tarima con una cabeza cortada en su mano derecha. A su alrededor hay “azulejos” que intercambian motivos botánicos con imágenes que nos remiten a los antiguos exvotos del catolicismo. En la base, otros “azulejos” son rojos, como si todo lo que está por encima sangrara.

 

 

Varejão tomó así la forma y cambió el soporte. Esa forma barroca que caracterizó un momento del Portugal colonizador es utilizada aquí con el soporte que define a la artista: pintora (más allá de sus trabajos escultóricos y sus diseños). Y es, a su vez, un soporte que le permite rasgar el supuesto azulejo y mostrar las heridas de una cultura sometida. Esto se ve claramente en otras obras de la serie “Propuesta para una catequesis”, como en Parte I díptico: la muerte y desmembramiento, de 1993, donde el blanquiazul es interrumpido por un incómodo rojo que Varejão utiliza para criticar la historia del Brasil colonizado y que sería impensable en un azulejo tradicional. En otras obras, tal es el caso de sus series “Lenguas e incisiones” o “Charques” (tasajos), irá más allá de este ilusionismo pictórico: una gran parte de los ficticios azulejos se desprende del muro, y como carne se desgarra y muestra las vísceras que esconde en su interior: una cultura originaria fue de alguna forma emparedada.

 

Detalle de azulejo pintado, una técnica creada por la artista

 

Claro que la ilusión óptica, el trampantojo, no sólo se limita a la observación de la historia americana. Los azulejos de Varejão van del barroco a la geometrización en “Saunas y baños”, óleos de importantes dimensiones que incluyen piscinas y fuentes con el agua en virtual movimiento y que en su absoluta soledad –no hay aquí figura humana– invitan a pasar. Las sensaciones que generan pueden ser muchas: fascinación, seducción y a la vez temor e inseguridad de verse envuelto en ese enigmático laberinto de azulejos ilusorios. Experiencia que se potencia en Carnívoras su obra de escala monumental –18 metros de extensión y 54 módulos de pintura– que fue realizada especialmente para la exposición de la artista en el Museo de Arte Moderno de San Pablo y que también puede verse en el Malba.

 

 

Otras de sus series como “Platos”, “Académicos”, “Irezumis”, “Mares y azulejos”, y “Tierra incógnita” también curada están presentes en la exposición por Adriano Pedrosa, quien desde su lugar explica: “Las historias marginales son aquellas casi olvidadas o dejadas de lado por la historia tradicional, historias profundas o íntimas, pero también historias contra la corriente, historias poscoloniales, subalternas, historias fuera del centro, historias al Sur. En ese panorama, las historias de Varejão transitan un camino inverso al de Occidente, en un proceso de desoccidentalización, y ganan así una dimensión política”. Razones de sobra para sumarse a una mirada diferente, estimulante, incómoda y muy necesaria.

 

 

 

 Irazumi em ponta de diamante, 1977

 

 

Parede, 20

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mapa de Lopo Homen II, 1992