Casi todo lo que ocurre se genera en las grandes urbes, y pasan tantas cosas que provocan un efecto imán: todos quieren vivir en ellas, que cada vez son más importantes, quizá más que los Estados.

El mundo del 1900 tenía 1.600 millones de habitantes. El de hoy tiene 7.000 y se estima que en 2050 tendrá 9.000 millones. Un crecimiento exponencial.

 

En aquel mundo de comienzos del siglo XX sólo el diez por ciento de la población vivía en ciudades. Hoy lo hace la mitad: estamos hablando de nada menos que 3.500 millones de personas. Nos hemos vuelto crecientemente urbanos.

 

El progreso, la innovación, el desarrollo económico y la oportunidad de una mejor calidad de vida, con más confort, mayor oferta cultural y de entretenimiento, nos atrajeron hacia las grandes metrópolis. Se prevé que esta tendencia se profundizará y que para 2050 el 75 por ciento de los seres humanos vivirá en una ciudad: 6.800 millones de personas, prácticamente la población actual. Sin dudas todo un desafío.

 

El atractivo de las ciudades no para de crecer. Son los íconos de la modernidad. Donde sucede la vida, desde el urdido de la real politik hasta los grandes espectáculos, incluyendo los avances de la ciencia. La mayor parte de las cosas que pasan se genera en las ciudades.

 

Cuando se le pregunta a alguien dónde vive, hoy puede contestar con el nombre de su país o de su ciudad. Las grandes urbes del mundo son faros de referencia. El 28 de enero de 2008, la tapa de la revista Time tituló: Ny-lon-kong, para luego aclarar: “Nueva York, Londres y Hong-Kong: cómo tres ciudades conectadas manejan la economía global. Las claves para su éxito y los desafíos que enfrentan”. La publicación estadounidense nos vino a reconfirmar la creciente importancia de las grandes ciudades como matriz interpretativa de la globalización. No se puede entender el mundo de hoy, mínimamente, sin descifrar cómo se articula la trama que une, cruza y conecta a los Estados y sus ciudades. En ese contexto vale pensar en Buenos Aires, una de las grandes ciudades del mundo. Basta recorrerla un poco para comprobar que compite mano a mano con cualquier otra. Su oferta cultural es, sin duda, top 5. Su vida “24 x 7 x 365” resulta única y magnética. Los turistas se sorprenden cuando la descubren. Y las encuestas demuestran que la gran mayoría volvería y además recomendaría a sus amigos que vinieran. Es un polo en el fin del mundo que atrae a viajeros capaces de cruzar grandes distancias con tal de llegar a la ciudad que no duerme.

 

Tiene día y tiene noche. Y además es bonita. Mucho más de lo que se supone a priori. Su arquitectura deslumbra al visitante que se encuentra con algo que no esperaba. Buenos Aires es una metrópoli power. Tiene una historia poderosa y un potencial que la coloca entre las grandes del planeta.

 

Un reciente informe que proyecta el mundo al 2020 la ubicó en el puesto número 11 para ese entonces. Acaba de ser considerada por los ejecutivos latinoamericanos como una de las mejores ciudades de la región para hacer negocios en una encuesta realizada por la prestigiosa revista América Economía. En la encuesta, la capital argentina ocupó el primer puesto entre las ciudades “con más interesante vida cultural” y también como la que tiene “la mejor arquitectura y urbanismo”.

 

En 2008 la glamorosa editorial Taschen la incorporó en su kit de referencia, al lanzar Buenos Aires Lifestyle como parte de su colección “Icons” a la par de Nueva York, Tokio, París o Berlín. Allí sostenía: “La capital argentina fusiona el aire europeo con la pasión latina como ninguna otra ciudad en Sudamérica.

 

No hay duda de que fue una ciudad que se inspiró en París, Londres o Milán. Luego de la crisis de 2001, los porteños están redefiniendo su estilo encontrando inspiración en su propia cultura. Buenos Aires es una ciudad que hipnotiza en un instante”. Los argentinos contamos desde siempre con una gran ciudad que es parte fundamental de nuestro patrimonio. Un hecho de enorme relevancia en este nuevo mundo de ciudades.

 

Una luz, que junto a otras como El Calafate, la Patagonia, Mendoza o Cataratas, nos ubica en el tablero global. Una ciudad mítica que, como bien decía Borges, su retratista literario por antonomasia, parece no tener principio: “A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y el aire”.

 

 

Se prevé que para 2050 el 75 por ciento de la población vivirá en ciudades.