Sorprendió como notera en “Antes que sea tarde”, el programa de Guillermo “El Pelado” López y debutó en teatro junto a Soledad Silveyra y Betiana Blum en “Humores que matan”. A sus 21 años, la hija política de José Luis Manzano está dando que hablar.

 

Juana se descubre, se anima a probar, se divierte y conquista. Luego de un intenso trabajo interno y espiritual, se permite jugar con la contradicción de ser la niña rica que estudió en Suiza y ahora pasa el verano trabajando en la popular temporada teatral marplatense. “Me adapto a todo, yo te tomo un mate y después voy al Palacio Duhau a tomar un Rutini con amigas”, explica.

 

–¿Le divierte ese contraste?

 

 

–Totalmente, tengo esa contradicción adentro todo el día. Soy así, no es un personaje. Y me parece que está bueno.

 

 

–¿Cómo tomó la familia su vocación artística?

 

 

–Mi papá siempre me apoyó, desde chica me filmaba todo el día. No se sorprende de que esté haciendo teatro con Soledad Silveyra. Mi mamá en cambio, hubiese preferido que estudie, no sé, algo como Medicina. José Luis, el marido de mamá –que en mi vida es super-importante- me dijo que si me lo quería tomar en serio me iban a apoyar, y la convenció a mi mamá de que era lo mío. Les hubiese gustado que me vaya a estudiar a Nueva York, pero a mí me gusta Buenos Aires. Me parece que no hay que mirar tanto para afuera.

 

 

“Tuve una época donde me inspiraba mucho la angustia. El querer ser real, el querer ser, el querer huir, la tristeza de tener todo pero no tener nada”.

 

 

 

 

 

–¿Cuánto tuvo que ver José Luis Manzano en su arribo a los medios?

 

 

 

–El recorrido fue mío. La realidad es que justo se dio que el trabajo que me tocó fue en América, pero a mí me mandó Multitalent, hice tres pruebas de cámara, notas, de todo, hasta que quedé en Antes que sea tarde. Justo era un programa para América, pero podría haber sido para Telefé.

 

 

 

–¿Pero siendo dueño del canal, no pidió que le dieran el puesto a usted?

 

 

–No, jamás. Eso jamás.

 

 

–¿Sufre mucho por ese prejuicio?

 

 

Al principio me dolía mirar en un portal de internet cuando salían cosas como: “Ay, esta pendeja estúpida que sale en el programa y le dan un micrófono porque es la hija del dueño”. No es así, y me dolía porque la verdad es que mi contrato era con Cuatro Cabezas.

 

 

–Antes había estado en Los Sónicos.

 

 

–Sí, a Gastón Portal lo conozco desde que tengo 15 años, cuando hizo el video de mi fiesta. Estuve en Los Sónicos y en Babylon. Me habían llamado para ser coprotagonista con Martina Gusmán, pero era un unitario de tres meses y yo necesitaba un trabajo que me durase todo el año, por un tema económico. Para mí no hay otra independencia que la económica, después vienen la emocional, la espiritual, todo.

 

 

–Pero no tenía una necesidad económica concreta, fue una elección.

 

 

–Sí, desde que era chica supe que a los 21 me iba a ir a vivir sola. No tenía ni idea cómo, pero hay cosas que sabés y que son así, lo tenía clarísimo. Sabía que iba a poder bancarme yo sola, entonces empecé a trabajar porque al ganar mi plata también me siento más mujer.

 

 

–¿Lo pudo hacer?

 

 

–Me fui a vivir con una amiga, porque es más fácil y más barato vivir de a dos. Cuando vuelva de Mar del Plata, creo que va a ser el momento de vivir sola.

 

 

–¿Logró mantenerse o la ayudan sus padres?

 

 

–Me mantengo sola, pero con algún que otro lujito me ayudan. Si me quiero comprar algo y ya me gasté todo, me dan una mano. Lo que sí me pagan es el psicoanalista. Este año fui todos los días, de lunes a viernes. No me lo podría bancar yo, es todo mi sueldo.

 

 

–¿Por qué todos los días? ¿Fue un año muy movilizante?

 

 

–Sí, yo soy muy ansiosa, muy autodestructiva. Al ir todos los días logré una estabilidad emocional y una base que me hizo arraigar bien al piso y poder disfrutar de todo lo que me estaba pasando. Hice un viaje interno increíble. Yo amo a mi psicoanalista.

 

 

 

–¿Está en pareja?

 

 

–Estoy muy enamorada, siento que encontré al hombre de mi vida.

 

 

–¿Qué cosas la enamoran?

 

 

–Me gusta que me cojan sexualmente, intelectualmente y emocionalmente.

 

 

–¿Es machista en sus relaciones de pareja?

 

 

–Soy re machista. Me parece que la mujer y el hombre son totalmente diferentes. No desvalorizo a la mujer para nada. Pero metafóricamente hablando, la mujer es como una llama luminosa que da calor, divina, con todos sus colores, y el hombre tiene que cuidar que esa llama no se apague.

 

 

–¿En qué piensa antes de irse a dormir?

 

 

–Tengo insomnio, mi cabeza no para. Pienso en todo lo que te puedas imaginar, desde proyectos hasta ganas de desaparecer, porque el no poder dormir viene de la angustia. Mi vicio es la tristeza.

 

 

–¿La inestabilidad de la profesión la angustia?

 

 

–No, porque desde que empecé a trabajar nunca paré. Igual, disfruto un poco de estar mal, siempre me invento cosas para estar preocupada, triste y deprimida. En el fondo sé que va a aparecer algo, confío mucho en que todo va a estar bien. Y si no hay ofertas, tengo millones de proyectos míos que quiero hacer. Quiero producir, tengo una película, dos obras de teatro. Mi cabeza no para, genero todo el tiempo ideas.

 

 

–¿La música está dentro de esos proyectos?

 

 

–La música para mí siempre fue un refugio. Empecé a componer a los 17 años, tengo un montón de temas, todos marcan diferentes momentos de mi vida. Pero todavía no es un momento para grabar un disco. Es un sueño que sé que voy a cumplir algún día.

 

 

–¿Qué cosas la inspiran para escribir?

 

 

–Tuve una época donde me inspiraba mucho la angustia existencial de la adolescencia. El querer ser real, el querer ser, el querer huir, la tristeza de tener todo pero no tener nada. Después empecé a vivir el amor de una manera más madura, y me puse a escribir sobre el amor.

 

 

–¿A qué se refiere con tener todo pero en realidad no tener nada?

 

 

–Creo que hay una generación, en la que me incluyo, que económicamente tiene todo. La tarjeta de crédito para gastar en lo que quieras y mil posibilidades para hacer de todo. Pero muchos no saben qué hacer, porque no saben cuál es su vocación y se terminan drogando, o tirados en la cama todo el día, o viajando, pero sin ningún fin. Eso genera un vacío enorme.

 

 

–¿A usted le pasó?

 

 

–Muchas veces me sentí perdida, siempre tuve clara mi vocación, pero ese sentimiento está. Como si fuera una niña rica con tristeza.

 

 

–¿No le fue fácil vivir en una familia de clase alta?

 

 

–Me costó. Adentro de mí tengo muchas contradicciones, y dos papás y una mamá que me dicen lo que tengo que hacer. Son los tres diferentes, tres presiones, tres voces que me van hablando. De repente en tanta presión no me encontraba. Hoy me encontré y creo que me voy a seguir conociendo hasta que me muera.

 

 

 

–¿Tiene muchos sueños?

 

 

Sí, algunos se concretarán y otros no. Sueño con trabajar con Woody Allen, con Almodóvar y con Iñárritu. Ya el hecho de estar haciendo una obra de Woody Allen, con Soledad Silveyra y Betiana Blum, a los 21 años es un sueño. Ya me puedo morir tranquila.

 

 

–¿Tanto?

 

 

–Sí, siempre que me subo al avión, pienso que seguramente se va a caer y digo: “No, este no es el momento”. Pero ayer sentí que si me muero está todo bien, en este momento de mi vida estoy sintiendo esa paz interna de que me puedo morir porque estoy haciendo lo que tengo que hacer.

 

 

 

“Al ir todos los días al psicoanalista logré una estabilidad emocional y una base que me hizo arraigar al piso y poder disfrutar de todo lo que me estaba pasando”.