Es una de las voces más originales del stand up local, un género que parece cortado a medida para una generación de humoristas que se despega del chiste fácil y cultiva una onda más bien autorreferencial.

Llega puntual a la esquina de Mansilla y Jean Jaurés. A media cuadra está La 100, la radio en la que comparte la tarde con Ronnie Arias, de 13 a 17. La cita es ahí porque es jueves y tiene programa. Después de la nota, al aire, directo. Después, las fotos de esta nota y, luego, a casa, en Villa Ortúzar.

 

Va a regar las plantas, prender la compu y la radio, darle de comer a Chavela, su gata con la que convive desde hace ya unos diez años y que se llama así por Chavela Vargas, obvio. Pero no por admiración sino porque no sabía como llamarla, miró entre los discos que tenía para ver qué onda y le gustó Chavela, el nombre. Le gusta Chavela Vargas, pero no se lo puso a la gata a modo de homenaje y esas cosas de fanáticos.

 

Aclarada la cuestión. Va a comer algo, algo que no va a cocinar porque no es buena en la cocina aunque le gustaría, y es muy probable que mire Dulce amor, el culebrón de Telefé que protagonizan Carina Zampini y Sebastián Estevanez. No lo mira siempre, no hace falta, con una vez por semana más que suficiente. Y va a leer un rato el libro que empezó anoche, cuentos de Martín Rejtman. Antes había terminado, en apenas unas horas, Cineclub, de David Gilmour, y lo hiperrecomienda. Así es un día, por ejemplo el jueves 14 de febrero, en la vida de Malena Guinzburg.

 

Con radio, proyectos para tele y un éxito los sábados en el Paseo La Plaza, donde hace Más canchero, así la agarran los 35 recién cumplidos. Feliz de estar haciendo lo que le gusta. Disfrutando de su evolución y crecimiento profesional de estos últimos años y aprendiendo de nuevo a vivir sola: sin entrar en detalles, se separó hace poco. Cosas que pasan, pero que hay que pasar.

 

 

La actriz se prestó con gusto a una larguísima producción de fotos como nunca lo había hecho. Se realizó en el Club del Progreso, que resultó ser un marco perfecto.

 

Malena debe parte de su popularidad a Más canchero, el espectáculo que ya va por su segunda temporada en cartel en la calle Corrientes. Es una combinación de stand up con videos, teatro negro y hasta comedia musical.

 

 

–¿Hacer stand up es terapéutico?

 

–Sí, por lo que uno habla, los temas. Pero más allá de eso, el hacer lo que me gusta es terapéutico. Tenía que encontrar ese espacio. Ya está, no soy más una resentida. 

 

 

–¿Cómo fue el camino?

 

–Pasó y se dio. Fueron algunas casualidades y causalidades. No sabía por donde ir y empecé a laburar con (Sebastián) Wainraich en la radio, y estaba rodeada de estandaperos. Y venía ayudándolo a (Diego) Reynhold con los textos de los monólogos, y cuando entré en Metro y medio, Seba (Wainraich), Peto Menahem, Pablo Fábregas, Cabito, por todos lados tenía a alguien haciendo stand up. Hice un curso con Fernando Sanjiao, compañero en Más canchero, hice la muestra y ahí arranqué. Funcionó y no paré más. Lo busqué, pero también es como que se dio.

 

–¿Hace terapia?

 

–Con algunos parates, toda mi vida hice terapia, paro y siempre vuelvo, a veces necesito un descanso. Y voy cambiando de terapeuta, tengo mi tiempo de enamoramiento con ellos y después se me pasa, dicen que es la resistencia a empezar a hablar temas importantes.

 

–¿Escribe sus textos?

 

–El verdadero estandapero escribe sus propios textos.

 

–¿Cómo se eligen los temas?

 

–Cuando me pongo a escribir me pregunto qué me está pasando. Escribo muy autorreferencialmente, lo que me pasa a mí. Hay otros que trabajan más con la observación; a mí, casi sin proponérmelo, siempre me salió hablar de lo que me pasa. Los temas de este momento mío, y algunos que me acompañan siempre, el cuerpo, mis complejos, otra vez sola, después de novia, ahora estoy de nuevo sola.

 

–¿Tiene ganas de tener hijos, le preocupa el reloj biológico?

 

–Ahora estoy distraída con el trabajo, pero el año pasado hubo una seguidilla de embarazos a mi alrededor, zarpados, todos. En el grupo de stand up, Fer acaba de ser padre, Fábregas tiene un hijo de tres años, Diego Scott tiene una nena de dos años y pico y Natalia, que estaba antes en el grupo, se fue porque tuvo un bebé. En el momento en que me estaba separando, todos se reproducían y yo sólo quería morirme. Es una edad en la que se empieza a pensar en el tema, si bien en algún momento dudé de querer tener hijos, cumplí 35 y lo miro de otra manera. Por suerte me agarró en un momento distraída, con la energía puesta en el laburo y estoy completamente llena con la radio, con proyectos.

 

–¿Se permite los bajones, estar triste?

 

–Sí, obvio, y me pongo la película para llorar y todo. Y si quiero entrar entro, me pongo bien bajón y le doy hasta agotar; y lloro, y me miro en el espejo porque me gusta cómo quedan los ojos después de llorar.

 

–¿Es de estar en su casa o es más bien salidora?

 

–Soy mucho de estar en casa, a veces voy al cine, pero poco, y cada vez que voy digo “hay que venir más”, pero después no voy.

 

–¿Le gusta la vida en la ciudad?

 

–Sí, me gusta vivir en la ciudad, pero cada vez que me alejo pienso en lo sano que se vive afuera de Buenos Aires. Me gusta esto de tener todas las opciones, salir tarde y tener donde comer, pero a veces está bueno alejarse un poco. Hace un año me mudé de Congreso a Villa Ortúzar, un barrio con vida de barrio. Ahora ando en bici, un gran cambio.

 

–¿Anda en bici por el barrio onda paseo o como medio de transporte?

 

–Me manejo mucho en bici, estoy a favor de la bicisenda. Voy y vengo pedaleando, sólo si después tengo que ir a algún lugar a donde no puedo llegar muy chivada voy en bondi o en taxi.

 

 

“Estoy aflojando con el uso del celular, si no me encuentran por dos horas no pasa nada”.

 

 

 

“Uso un casco rosa y me da vergüenza”.

 

 

 

–¿Cómo se lleva con los peatones?

 

–Más o menos. Agarro mucho Gorriti y no se puede creer los baches que tiene. Cuando voy para un lado no hay problema, porque la bicisenda va como la mano de los autos, pero a la vuelta corre a contramano y en la zona de Palermo Hollywood, donde les chupa un huevo todo, esperan para cruzar en la mitad de la bicisenda, o se paran a mandar mensajitos, y gritás, pero nada. Ahora tengo bocinita pero no la escuchan, odio a los peatones, pero la bicisenda me tranquiliza. (Piensa) Lo de los autos también es re peligroso. Soy medio cagona, entonces la primera vez que quería venir al laburo practiqué el camino un domingo. Después empecé a venir los feriados y ahora ya todos los días.

 

–¿Usa casco?

 

–Sí, tengo que cambiarlo,porque me da mucha vergüenza el que tengo. Es de bicicleta, el clásico, rosa. Te ven y te dicen, ¿qué hacés con esa bici de paseo y canasto?

 

–¿Y sin bici cómo se mueve?

 

 –En el 140, y lo detesto. Tengo la Sube con 30 pesos cargados. También uso subte, a veces, pero desde que ando en bici soy mucho más feliz porque el transporte público es un desastre.

 

¿Cómo se lleva con las redes sociales?

 

–El Twitter lo uso bastante para laburar, en Más canchero lo utilizo mucho y si estoy viendo tele también. Es un medio de comunicación tremendo, si hacés algo que necesitás comunicar es “el medio”, si no tenés nada para comunicar no sé bien para qué se usa.

 

–¿Les contesta a sus seguidores?

 

–No puedo contestar a todos, a veces si es algo puntual, sí, pero nada más. Me la pasaría dedicada a eso, me da culpa no contestar, hago agradecimientos generales.

 

–¿Tiene dependencia del celular?

 

–Lo puedo controlar, pero me estoy planteando dejarlo en la cartera si salgo a comer con amigos.

 

–¿Le gustan las nuevas herramientas?

 

–Sí, pero me pasa de empezar a chatear con una amiga y, después de un rato, una de las dos llama. Y decís ¡gracias! porque ya se hace insoportable. Así como a veces da fiaca hablar con alguien y se manda un mensajito, cuando es muy largo es mejor llamar. Me parece que se va a ir encontrando un equilibrio, yo lo estoy buscando. Tuve momentos intensos, hace como un año y pico me afanaron el celular y fue medio una señal, estaba todo el día con el teléfono, fue como un ¡pará, aflojá! Lo re uso, pero trato de que en algún momento no esté a mano, ¿qué pasa si no me encuentran por dos horas? Si pasa algo muy importante me van a llamar a casa.

 

–¿La divierte la seducción vía redes sociales o mensajes de texto?

 

–Si es un conocido y me manda un lindo mensajito no vamos a andar haciéndonos las difíciles, si es un desconocido soy un poquito fóbica. Yo no me considero famosa, ando por la calle y la gente no me reconoce, pero mi nombre sí es conocido, y me da un poco de miedo. Da cosa, pero si descartás esta herramienta tampoco quedan muchas opciones para conocer gente.

 

 

 

Producción: Ash Mateu

Asistentes : Juan Mansilla y Camila Bustos

Maquillaje: Ingrid Lapczuk para Sofi Klei Studio

Pelo: Gabo Escobar para Juan Olivera

Locación: Club Del Progreso

Vestuario: Chocolate , Garófalo, Breeder `s, Portsaid, De María, Ipolita