Diosa total desde sus tiempos de top model, arranca el año con un deseo cumplido: protagonizar un filme bajo la dirección de Adrián Caetano. Tras festejar los 40 entre íntimos, se anima al balance: crisis, exposición, belleza, maternidad, política, éxitos, fracasos, proyectos y la pareja que armó hace 18 años con Nicolás Repetto aparecen en una charla donde las utopías le escapan a las ambiciones desmedidas.

 

Entre peinado, make-up y pruebas de vestuario, Claudia Pandolfo, palabra experta en looks y tendencias, le dice que tiene un aire a Audrey Hepburn y que con su estilo perfectamente podría representarla en cine. Ella ríe. Y, al instante, la impresión se confirma. “Sí, alguna vez me lo dijeron… ¡Qué mujer! ¿Quién no la recuerda en Vacaciones en Roma, que le valió un Oscar? Tiene una historia extraordinaria. En su juventud padeció y sufrió la Segunda Guerra Mundial. Siendo una gran estrella de cine, tomó un compromiso social superprofundo, incluso fue embajadora de Unicef, y tenía una filosofía de vida ejemplar: era un ícono indiscutido de la moda, sin embargo siempre rechazó la ostentación.” En el on the record, Florencia Raggi está lejos de fantasear con interpretar a las grandes divas de Hollywood. Acaba de concretar un sueño que la tiene feliz: coprotagonizar Mala, el thriller nacional de Adrián Caetano que llega a la pantalla gigante el 14 de febrero. Y, por ahora, prefiere hablar de eso que andar codiciando alternativas imaginarias.

 

“Quise trabajar con él desde que vi la película Un oso rojo, que me encantó. El año pasado, mientras hacía en casa una producción para una revista, me llamaron de su parte para ver si quería ver el guión de su próxima película y obviamente acepté”.

 

–Sin leerlo ya existía el “sí, quiero”.

 

–Generalmente me pasa que cuando me ofrecen algún trabajo siento algo acá (señala sus abdominales perfectos), es una sensación visceral que no puedo explicar pero me indica de antemano si voy a aceptar o no. Después, leo el guión. Veo si me cierra la historia y el personaje para el que me convocan y recién entonces respondo.

 

 

–Pero el instinto no falla.

 

 

–No creas. A veces me ha fallado. Pero le doy mucha importancia a esa primera impresión. Después analizo por qué sentí eso, hago un estudio más mental, más introspectivo, y en esa reflexión descubro los porqués de esa percepción. Pero sin que se haya estrenado la película todavía, te puedo decir que con Mala no me equivoqué.

 

 

–¿Ya vaticina el éxito?

 

 

–Para mí, como experiencia actoral, lo es. Qué pasará después respecto a las críticas y a la cantidad de espectadores, es imposible saberlo y tampoco es algo que me modifique.

 

 

–Pero a nadie le da igual protagonizar un fracaso que un éxito.

 

 

–Eso depende de cada uno y de cómo lo viva. Yo hice éxitos con los que no quedé tan contenta y también tuve papeles que pasaron inadvertidos para el afuera y en mí fueron muy importantes. Lo que pesó y sumó en mi carera esta vez es que tenía mucha expectativa en filmar en algún momento con Adrián, estaba en mi mira. La idea original, el libro, el elenco, todo me resultó muy interesante. Y lo más atractivo fue que cuando me reuní con él me ofreció otro personaje al que tenía de entrada y era justo el que más me había gustado cuando leí el libro.

 

 

–No es extraño ese giro, lo definen como director rebelde.

 

 

–Ama la espontaneidad sin ser caótico ni improvisado. Lo que rescato y destaco enormemente en él es esta libertad que tiene de ir adaptándose a las situaciones cambiantes del momento, ya sea con los personajes o con las escenas. Hay que tener mucha capacidad para eso, mucho movimiento de cintura.

 

 

–¿Podría vender el argumento en 60 segundos?

 

 

–Bueno, lo intento. Mala es la historia de una mujer llamada Rosario, que mata por dinero a hombres golpeadores y abusadores. Ella, claro, tiene motivos personales para hacerlo: es víctima de un pasado espantoso y esconde todo ese odio en un caleidoscopio del que jamás se separa. Es una asesina y, entre comillas, “justiciera”. Convertida casi en un mito entre las mujeres despechadas, a Rosario la atrapan y la encarcelan hasta que aparece María (interpretada por Ana Celentano), quien la libera a cambio de que cumpla una nueva misión para tomar venganza de su ex. Ahí, el punto de giro: el plan que parecía simple se torna cada vez más enfermo y la lleva a perder el equilibrio haciéndola entrar en un nuevo laberinto de pasión que la desborda completamente. Esa sería la síntesis. Ahora, lo más audaz de esta apuesta es que a Rosario la interpretamos entre cuatro actrices muy distintas hasta físicamente: Brenda Gandini, Liz Solari, María Dupláa y yo.

 

 

–Casi todas ex modelos. ¿Por qué explotó tan poco esa carrera? Muchas a su edad siguen vigentes.

 

 

–Porque nunca quise ser modelo. Fue algo que se dio naturalmente y lo aproveché durante tres años, de los 20 a los 23. No me arrepiento. Pero no bien pude despegarme lo hice. Mi madre (Nilda Marinovich) es actriz y desde chica yo también pretendía eso. Igual, sigo haciendo campañas publicitarias y me encanta, es algo que me divierte. Pero mi verdadera vocación es esta, actuar.

 

 

–Sin embargo se da el lujo de tomarse tiempos sabáticos.

 

 

–(Se sorprende). Generalmente cuando estoy fuera de cámara es porque no tuve ofertas laborales atractivas y opto por dejarlas pasar. El único lujo que por suerte puedo darme es tomarme la libertad absoluta de elegir. Pero reconozco que no la paso tan bien en esos momentos. No está para nada bueno, extraño mi trabajo. Si es por un tiempo corto, trato de aprovecharlo para parar y lo disfruto. Pero cuando el stop laboral es más prolongado, lo sufro. Igual trato de adaptarme, de aprender que este trabajo que adoro es así. Pero cuando se quiere crecer, no es para nada agradable no tener qué hacer. Agradezco que este 2013 viene cargado de proyectos: me propongo empezar una obra de teatro y una nueva película. También me ofrecieron hacer televisión, pero no está definido.

 

 

–¿Está trabajando para imponerse como actriz de cine más que de T.V. o sólo es una apreciación?

 

 

–No, para nada. Yo creo que todo está bueno. Reconozco que el cine o los unitarios tienen la ventaja de que hay más tiempo para trabajar el personaje y te sentís más contenida. Las tiras diarias son muy vertiginosas, es el “ya”, el “ahora”, y la exposición es mayor, pero te dan un entrenamiento importantísimo, y la verdad es que no lo siento ni como algo terrible ni dramático. No reniego de nada, al contrario: la verdadera escuela de la actuación te la da la versatilidad de poder hacer todo: cine, teatro y televisión.

 

 

–¿Qué ambiciones tiene?

 

 

–¿En lo laboral? No tengo ambiciones desmedidas, creo. Quiero proyectos que me diviertan, poder seguir jugando, estar apasionada, entretenida, con ganas de levantarme para ir a trabajar. Esos son mis objetivos, fundamentalmente.

 

–¿Y en lo personal?

 

 

–Estoy muy plena y feliz, muy tranquila. Tengo la familia que siempre quise tener.

 

 

–Lleva 18 años junto al mismo hombre: Nicolás Repetto. ¿Cómo se sobrevive tanto tiempo en pareja?

 

–(Risas). Y… no hay fórmulas secretas ni reglas. En la pareja no siempre estás bien, como todo. Creo que si hay que pasar alguna clave, todo se trata de tener paciencia, practicarla, crecer, profundizar, estar atento al otro. La relación en pareja también es un trabajo, un trabajo hermoso que uno elige. No creo en las parejas perfectas, pero estoy con el hombre que sigo eligiendo y me sigue eligiendo día tras día, que no es poco. Con Nico nos aburre la rutina, buscamos el cambio, el hacer juntos cosas distintas. Por eso nos casamos a los 12 años de relación, con los chicos ya grandes, no hicimos fiesta ni nada. Fue sólo un trámite que queríamos hacer y la verdad es que no modificó en nada nuestra intimidad, pero sirvió para legalizar todo lo que habíamos construido.

 

–¿Cómo criaron a Renata (13) y Francisco (11) para protegerlos de ser los “hijos de”?

 

–La verdad es que lo llevamos muy tranquilo. Por suerte, los picos de persecuciones periodísticas fueron cuando eran chicos. Ellos saben en el fondo lo que es importante reconocer y lo que no. Siempre les decimos que el papá de su compañero que es médico cumple en la sociedad un rol mucho más importante que el nuestro: salva vidas. Nosotros podemos estar en la tapa de una revista o no, pero los valores son otros. No nos sentimos una familia importante, no somos “divos”, y mis hijos lo tienen muy claro. Trabajamos mucho en ellos para que vivan la fama de sus padres con total naturalidad.

 

–¿Qué heredó Renata de usted?

 

 

–Al parecer, la pasión por la actuación. Hace años que estudia con Nora Moseinco y arma obras de teatros, guiones… Yo la apoyo, pero tiene muy claro que por ahora nada de trabajar en eso. Renata es muy creativa, muy activa, tenaz, lo que quiere lo busca con paciencia.

 

 

–¿Y Francisco?

 

 

–Es más colgado, deja que todo fluya y eso también está muy bueno. Es muy distinto a su hermana, sin embargo admiro mucho las personalidades de los dos. Y se los digo. Es importante que se sientan seguros, que sepan que uno está, que los acompaña.

 

 

–¿Cómo le pegaron los 40? ¿Padeció la popular crisis?

 

 

–(Ríe). Sorprendentemente los 40 me pegaron muy bien. A los 39 dudé de eso, tenía miedo de cómo me fueran a caer. Hice mis balances y fue muy positivo porque le saqué provecho a cada una de mis décadas: a los 20 era una modelo reconocida, viajaba, fue una etapa muy linda. A los 30, ya tenía mi familia formada, lo que siempre quise. Y el día que cumplí 40, que llegué a la mitad de la vida, me sentí feliz, lo festejé con un grupo de íntimos acá en casa, recibí miles de mensajes de amigos, me siento orgullosa. Me afiancé como actriz, me siento bien físicamente y me sobran energías y las ganas de hacer cosas. Con los 40 hay cosas que se van, el cuerpo no es el mismo, hay trabajos que quizá ya no pueda hacer, pero llegan muchas otras que son más profundas, más espirituales te diría.

 

 

“Nunca quise ser modelo. Fue algo que se dio naturalmente y lo aproveché durante tres años. No me arrepiento. Pero no bien pude despegarme lo hice. Mi madre es actriz y desde chica yo también pretendía eso”.

 

 

–Pero se mantiene como en sus tiempos de top model.

 

 

–(Ríe). Bueno, gracias. Yo no lo veo tan así. Pero no reniego de eso. Jamás me toqué la cara, como de todo y siempre me gustó el deporte: de chica hice equitación, danza clásica, gimnasia deportiva, y gracias a la película, en la que tenía que interpretar a una mujer fuerte, con la capacidad física de poder asesinar, me aconsejaron practicar crossfit. Me preparé durante dos meses antes del filme y me gustó tanto que lo sigo haciendo. Es un programa de fuerza física que se creó en los Estados Unidos para entrenar a las tropas de elite. Se trata de levantar mucho peso con tu propio peso, pero sin máquinas, que varía en cada entrenamiento. Creo que el estilo de vida que uno lleva ayuda mucho porque también hice yoga y siempre traté de mirar hacia adentro, más allá de la imagen exterior.

 

 

–Pero el físico ayuda y mucho en su profesión.

 

 

–Sí, eso es indiscutible. Pero de todas formas no creo que la belleza exterior se pueda mantener si no se practica la interna. Y te doy un ejemplo: el otro día fui a ver Lo imposible, y hay una escena que no dura ni tres minutos en la aparece Geraldine Chaplin, que tiene casi 70, con su cara arrugadísima, donde hace de una mujer devastada luego de un tsunami, dice apenas tres palabras, y el brillo que hay en sus ojos transmite una belleza tan profunda y hermosa que es envidiable. Cuando salí, dije: “No sé si los de 30 pudieron ver lo que yo vi, pero cómo me gustaría llegar así”. Ojalá mi salud mental, emocional, espiritual me lleven por ese camino. Es muy triste ver a las mujeres grandes tratando de luchar ridículamente contra el paso del tiempo, hoy no sé cómo me pegará, es todo un reto, pero me encantaría poder seguirlo. Me atrae mucho llegar a los 70 sin una gota de botox.

 

 

–¿Dónde está parada Raggi políticamente?

 

 

–La política es un tema que me incomoda y te explico por qué. No me gustan los enfrentamientos, antes de estar de un lado o del otro me quedo en el medio. Detesto la manipulación. Si opinás de una forma corrés siempre el riesgo de que digan que estás a favor o en contra de. Lo más político que he hecho es colaborar con Teatro por la Identidad, en España. Junto a Manuel Callau y un grupo de argentinos armamos la fundación allá. Me parece que todavía hay una gran cantidad de chicos que viven en la mentira y me gusta colaborar en eso sin levantar ninguna bandera.

 

 

–Pero la vida espiritual suele estar comprometida con la parte social.

 

 

–Eso es así y lo hago. Pero detesto alardear con esas cosas. Lo hago como ciudadana, no desde un rol de famosa. Lo hago porque me hace muy bien a mí, no por apoyar a nadie en particular. Soy voluntaria de la Fundación Sí y de la Fundación Discar, les dedico mucho tiempo y me da felicidad. Incluso lo tomo como una iniciativa indispensable para el crecimiento de mis hijos porque ellos me acompañan y me emociona mucho verlos en acción. Como verás, hacemos todo para escaparle a la burbuja. Nuestras fantasías y proyectos son siempre muy terrenales.

 

 

“No nos sentimos una familia importante. No somos divos, y mis hijos lo tienen muy claro. Trabajamos mucho en ellos para que vivan la fama de sus padres con total naturalidad”.

 

 

 

Producción: Claudia Pandolfo

 

 

Make-up: Bettina Frumboli con productos Lancôme

 

 

Hairstyle: Cristian Sepúlveda

 

 

Trend: Etiqueta Negra, Caro Cuore e Iván Salinas by Mai Cassal