El periodista que inventó un género televisivo a partir de su trabajo como notero en los 90 encontró un 2012 perfecto. Los diez años de “Perros de La Calle” y el contundente éxito de “Graduados” lo coronaron como uno de los personajes más creíbles  –y talentosos– de los medios. Un mano a mano imperdible con el Andy que todos queremos.

Año 1970

 

 

Andrés Kusnetzoff nace en Buenos Aires un 17 de noviembre. Al comenzar el colegio, se muda con su familia a Brasil. De allí, cuenta, importó el sarabá, un método rápido y eficaz para espantar la mala suerte. Esta especie de sacudón enérgico de la mano derecha, capaz de alejar los malos espíritus, fue inmediatamente adoptado por el joven Andy. Primera enseñanza de nuestro entrevistado: adquirir esta práctica, porque mal no le fue.

 

 

Año 1995

 

 

Andy debuta como cronista en CQC. Su escudo es el humor, un arma tan refinada como poderosa. Durante su paso por el programa que marcó un hito en la televisión, el notero intrépido se burló de Don Johnson rogándole que dejara de cantar, le regaló un ejemplar del Kamasutra a Bill Clinton en pleno escándalo sexual del mandatario, le preguntó a Fidel Castro “¿Para cuándo otra revolución?”, le hizo un test de personalidades argentinas a Mick Jagger –en el que el líder de los Rolling Stones confundió a Zulemita Menem con un travesti–, jugó un vóley improvisado con el rey de España, le dijo a Pelé que Maradona había sido el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, incomodó a cada uno de los políticos menemistas y se coló en los Oscar unas cuatro veces. Estas escenas memorables fueron compiladas en el reel de Caiga quien caiga que la productora Cuatro Cabezas editó para vender su programa insignia en el exterior. Luego, el formato es reproducido con éxito en varios países y nace en el mundo una nueva camada de cronistas irreverentes que imitan a Andy. Quienes pudimos ver el video de venta del formato, damos fe de que Kusnetzoff es el protagonista absoluto. Mario Pergolini, que amasó una fortuna con la venta de su productora, nunca reconoció el mérito de su periodista estrella.

 

 

Año 2000

 

“Te llevaría a casa conmigo”, le dice Angelina Jolie en plena alfombra roja. Andy no se ruboriza, no arruga y redobla la apuesta. “Conozco todos tus tatuajes”, retruca, y sin pensarlo dos veces le come la boca a la actriz más sexy del planeta. Ella se ríe, sigue hablando de cualquier cosa y deja que el ignoto periodista argentino le estampe un segundo beso, esta vez más largo. La escena hace historia y es retransmitida hasta el cansancio en las pantallas de todo el mundo.

 

 

Año 2001

 

 

Andy comienza su programa de radio. Luego de haberse metido en los Oscar durante varios años consecutivos, mira los premios por TV, desde su casa. De aquella vez, recuerda: “Fue un alivio ver los Oscar por primera vez en televisión después de muchos años. La gente ve que te divertiste y besaste a Angelina Jolie, eso es cierto. Pero es una gran presión porque te vas hasta Los Ángeles, y si no te colás no conseguís nada. Es muy feo, pero cuando termina está bueno”.

 

 

Año 2002

 

 

Estamos en el departamento que comparten Andy Kusnetzoff y Jazmín Stuart en Palermo. Es una comida de amigos a la que fui de casualidad porque no conozco a los anfitriones. Andy es amable con sus invitados, solícito, atento. Habla igual que en la radio, que en la tele, con ese acelere y esa curiosidad innata que lo caracterizan. Jazmín cuenta que Andy comenzó a tomar clases de teatro, y todos lo vemos como un juego, porque no nos podemos sacar de la cabeza al Andy notero, periodista, conductor. Diez años después, me encuentro con él en el parador Metro Beach de Mar del Plata y le pido una entrevista. No le gustan los reportajes, se siente medio tonto hablando de sí mimo y posando para las fotos. Duda, no quiere someterse a las preguntas de un extraño, pero intenta ser amable. Le cuento de aquella reunión en su casa hace tiempo, recordamos anécdotas de esa noche y me da la nota sólo porque es un buen tipo. Entonces le hablo de las famosas clases de actuación y de cómo se tomó su tiempo para debutar en el programa más visto de 2012. “Jazmín me mandó a estudiar teatro”, recuerda. “Tardé diez años en ejercer, pero lo hice”, continúa, y no para de reír.

 

“Haber estado en Graduados para mí fue como decir: jugué en el 

Barcelona, pero dignamente”.

 

 

–¿Cuál es el balance de su participación en Graduados?

 

 

–Estuvo bueno, lo viví con mucha diversión, con alegría. Fue hacer algo nuevo. Si bien me había preparado estudiando actuación, esto fue totalmente nuevo. Nuevos compañeros, que el peso del programa no esté en mí, eso fue muy bueno, y la pasé genial.

 

 

–Con el correr del programa fue mejorando su actuación. ¿Costó adaptarse?

 

 

–Y, todo es un oficio, en la radio pasa lo mismo, te ablandás con el tiempo. Obviamente está el talento en juego también.

 

 

–¿Está contento con los resultados?

 

 

–Sí, supercontento. Haber estado en Graduados para mí fue como decir: “Jugué en el Barcelona, pero dignamente”.

 

 

–Siendo el más inexperto, ¿sufría tentaciones de risa con el resto de los actores?

 

 

–Sí, ¡me tentaba un montón! Con Juan Leyrado es imposible laburar, ¡no quiero trabajar más con ese chabón! La pasé mal, los técnicos esperando para comer y yo llorando de la risa.

 

 

–¿Qué se hace en esos casos?

 

 

–Hay que esperar a que se te pase, pero Leyrado es un hijo de puta, es una mala persona porque te hace reír a propósito (risas). Te hace reír a vos y no se inmuta, permanece impecable, ¡lo hace para joderte! Hablando en serio, la pasé increíble, me reí mucho con Juan Leyrado, con Daniel Hendler, con Violeta Urtizberea y con Mirta Busnelli. Estuvo muy divertido.

 

 

–¿Piensa seguir actuando?

 

 

-Y, si se da, sí. A mí me divierte, hay que ver el proyecto en particular, pero si surge algo bueno, a mí me gusta.

 

 

–¿En qué medida le cambió la vida la radio?

 

 

–La radio te ordena. Yo antes de Perros de la calle venía de CQC, que era un bardo, porque me iba un día a Los Ángeles y volvía, me iba a Roma, volvía… Eso me quemó la cabeza. Esto, en cambio, es como una rutina. Te da una estabilidad distin distinta, es como ir a laburar a la oficina en un punto. Eso es bueno y es malo, porque la no rutina también es linda. En la radio tenés que estar todos los días a las diez de la mañana sin excepción: feriados, cuando te sentís mal, cuando tuviste una fiesta la noche anterior.

 

 

–¿Eso es algo que muchas veces padece?

 

 

–Y sí, la gente prende la radio y vos tenés que estar. Con los años dejé de salir más de noche, me fui ordenando. Si no, llega un punto en el que no tenés voz, te vas quebrando. A los 40 es más difícil seguirle el ritmo a la noche y estar bien para laburar al día siguiente.

 

 

–¿40? ¿Acusa 40 años?

 

 

–42 (risas).

 

 

–¿Cómo fue su evolución en estos diez años de programa?

 

 

–Yo voy cambiando, el programa va cambiando y el oyente va creciendo. No soy el mismo que a los 30, y trato de que se vayan notando esos intereses en el programa. La gente va creciendo y no hay que olvidarse de que el público es medio multitarget, por eso no tengo que dar lo que me interesa a mí nada más, sino lo que a la gente le puede gustar.

 

 

–Alguna gente no sabe que Perros de la calle nació con Fernando Peña, ¿cómo fue eso?

 

 

–El otro día pusimos al aire la grabación de cuando le presenté el programa piloto a Peña el 31 de diciembre de 2001. Le dije: “Escuchálo dos semanas, por ahí puede salir en febrero a ver qué pasa”. Y acá estamos, once años después, acá seguimos.

 

 

–¿La idea es seguir mucho más?

 

 

–El futuro nadie lo sabe, por ahora tengo contrato un año más y después se verá, se va viendo.

 

 

–¿Evita planificar a largo plazo?

 

 

–Yo con objetivos cortos me voy manejando bien, no puedo pensar en diez años para adelante.

 

 

–Últimamente, uno de los pilares del programa es la solidaridad. ¿Cómo surgió este fenómeno?

 

 

–Uno va creciendo, hasta que en un momento decís: “¿Qué hago con toda esta gente que me sigue y me escucha todos los días?”. Creo que está bueno poder hablar y transformar en algo solidario todo ese grupo que se genera.

 

 

–En su caso, la solidaridad que genera en los oyentes deviene de la credibilidad que construyó con el tiempo.

 

 

–Me gusta eso, me da orgullo que haya gente que te escuche y te crea. Es un laburo mantener la credibilidad, ahora más que nunca. No es algo que se da solo, que la gente te cree o no te cree: es un trabajo a largo plazo y hay que cumplir con determinadas pautas de credibilidad, de coherencia. La verdad es fundamental. Si vos sos de verdad, te podés equivocar, pero sin nada hipócrita detrás, y eso está bueno.

 

 

–¿Qué responsabilidad se siente al tener tantos seguidores fieles al programa?

 

 

–Yo trato de no pensar en eso, trato de ser yo. Soy consciente de la gente que me sigue y punto, no es que me creo un líder espiritual que tengo que guiar a la manada, ¿entendés? Yo hago mi laburo todos los días, y después trato de hacer cosas siendo consciente de que la gente me sigue, me respeta y me cree. Trato de aprovechar eso para cosas que funcionen, pero no es que me siento a pensar qué voy a hacer hoy con la responsabilidad de tener tanta gente que nos sigue.

 

 

–Es notoria la ayuda que brinda a muchos oyentes que se acercan a la puerta de la radio, ¿eso cómo sucede?

 

 

–Y, no te podés hacer el boludo. Si alguien viene a pedir ayuda y yo puedo hacer algo, lo hago. Es más simple de lo que la gente cree: no se trata de estrategias, de no estrategias, tampoco de querer ser el pibe más bueno del mundo. Simplemente pasa que la gente viene pidiendo algo, y si se lo puede ayudar, se lo ayuda.

 

 

–¿Y cuando no se puede?

 

 

–Me frustro, porque hay momentos en que te viene a ver mucha gente con una esperanza y decís: “Uy, boludo, ¿cómo hago?”. Porque que hay veces en las que no se puede hacer nada. Me pasa que en la sección solidaria de repente piden una casa, y me encuentro con que no puedo inventar nada para solucionar ese problema, y me frustro mucho. La otra vez vino un oyente pidiendo para la operación de la hija en China, entonces lo llamé a Juan Carr para ver si se podía hacer algo, y resultó que no, porque no era legal por no sé qué tema de las células de implante… El tema es cómo hacés para no cortarle la esperanza a nadie, pero a la vez no hacerte cargo porque no podés. Ahí aparecen los límites, y lo vamos piloteando.

 

 

–Es que la esencia del programa es otra, ¿cierto?

 

 

–Claro, yo nunca me olvido de que lo mío es entretener y ser lo más auténtico posible. No es que quiero transformar el programa en una cosa netamente solidaria. Creo que todo es parte de lo que somos. Yo soy solidario, y a la vez trato de ser divertido, y puedo ponerme sensible, me puedo deprimir, me puedo poner medio boludo, ser frívolo, todo eso que se nota en el programa tiene que ver con cómo soy yo.

 

 

–¿Qué es lo bueno y lo malo de la radio?

 

 

–La radio te da estabilidad, lo que es bueno y es malo. Como me dijo una vez Diego Guebel, es una jaula de oro, estás ahí instalado pero a la vez encerrado. No podés decir: “Quiero irme tres meses de viaje”, porque tenés que estar todos los días. Es espectacular, es un muy buen laburo, es divertido, está buenísimo, podés generar cosas lindas en la gente, ser compañía, ser como un amigo, como familia, pero tenés que estar. Todos los días, a las diez de la mañana, vos prendés y yo estoy. Con voz, sin voz, enfermo, deprimido o bien, yo estoy.

 

 

–¿Y cómo se hace cuando está muy deprimido?

 

 

–Estoy. Se deshace la depre al aire. Yo he hecho notas humorísticas en CQC con mi papá en coma… ¿Qué puede haber más difícil que eso? Nada, así que estamos siempre.

 

 

“Todos los días, a las diez de la mañana, vos prendés y yo estoy”.

 

 

+ Es hijo del doctor Juan Carlos Kusnetzoff, alias Dr. K, uno de los 

sexólogos más reconocidos de la Argentina. Su madre es psicoanalista. Ambos fueron columnistas de 

Perros de la calle. Vivió cuatro años en Río de Janeiro, en tiempos de dictadura militar, cuando la familia siguió a su padre durante su exilio en Brasil.

 

+ Cursó hasta tercer año de la carrera de Psicología en la UBA. Luego estudió Periodismo en TEA y comenzó a trabajar como 

productor en el reconocido programa noventoso El rayo. Más tarde, alcanzó la fama como notero estrella en Caiga quien caiga, donde revolucionó la manera de hacer periodismo y creó un estilo que luego se repitió hasta el cansancio en infinidad de programas y formatos que lo emularon.

 

+ Entre sus romances más conocidos, está la relación de cuatro años que mantuvo con la actriz Jazmín Stuart y el largo noviazgo 

con la modelo internacional Florencia Fabiano, que se terminó 

durante 2012. Al final de ese año, se le adjudicó un romance con su compañera de Graduados Julieta Ortega, aunque ambos se encargaron de desmentir el vínculo amoroso.

 

+ Su pelea con Mario Pergolini es histórica, tanto que el ex conductor 

de CQC pidió específicamente no contratar a Andy en su emprendimiento Vorterix.