Un despliegue callejero de buena onda invade las paredes tucumanas con pronóstico de expansión epidémica por todo el país. Frases de amor, de esperanza, de ilusión, sin otra connotación que alegrar la vida, son el leitmotiv de esta movida.

 

“Encontrarnos en un sueño frente a frente” se lee en un muro cualquiera de la ciudad. Pintada en letras negras, mayúsculas, monumentales y de tipología simple, la frase algo provoca, inevitablemente, en los transeúntes. Unas cuadras más allá, la oración es diferente: “Inventaré estrellas para que sepas de mí”. La señora con las bolsas del supermercado se va acercando, a paso cansado, a la pared intervenida. “¿Qué nueva propaganda política escribieron esta vez?”, se pregunta. Ya frente a ella, se detiene, lee, y quizás en sus pensamientos alguna parte de su historia se hace presente. Ahora se pregunta si habrá sido escrita para ella. En el fondo de su corazón está segura. Sonríe y sigue su camino cargando las bolsas para así continuar con su rutina, pero ya su día es otro.

 

 

“Gracias por los amores vividos bajo esta luna”; “Hoy es día de besarte”; “Sucederás, lo sé”; “Sin poesía no hay ciudad”; “La buena noticias sos vos”. En apenas cuatro meses, y con la firma de Acción Poética Tucumán, la poesía inundó la ciudad capital de la provincia y su onda expansiva afectó al resto de las ciudades vecinas, generando, a su vez, que el contagio de este virus de buena onda sea reclamado de manera vehemente en las redes sociales desde lugares tan remotos a Tucumán como la misma Buenos Aires. Los responsables de tamaña epidemia son un grupo de artistas, provenientes del teatro, coordinados por Fernando Ríos Kissner, agitador amateur de poesía –como se autodefine–, actor y promotor cultural.

 

 

El origen de este movimiento mural, sin embargo, se sitúa en México, cuando hace 16 años el poeta Armando Alanís Pulido, cansado de la indiferencia editorial de la que era víctima la poesía, decidió llevarla a la calle. Comenzó a intervenir paredes con frases positivas, sin connotaciones políticas ni religiosas, y en sólo cinco años esta acción ya había llegado a la Argentina. 

 

 

 

 

“Empezamos muy tímidamente, nunca soñamos lo que vino después. Pero creo que este resultado forma parte de la idiosincrasia tucumana, de su forma de ser, apasionada”, diceRíos recordando –y salvando las distancias en cuanto a la forma y contextos– que no es la primera vez que la palabra Tucumán aparece ligada a acciones artísticas: en 1968, en Rosario y Buenos Aires, la obra colectiva Tucumán arde la instaló como palabra incógnita en las calles, con el fin de generar un fenómeno cultural de características políticas.

 

 

 

 

Hoy Tucumán es la firma que corona estas frases escritas en formato micro, sin superar las ocho palabras ni los dos reglones, “considerando que un conductor no llega a leer un tercer renglón mientras maneja su auto” y sin colores ni dibujos, “nada que distraiga la atención dirigida a la palabra”, dice Ríos. Las poesías provienen de la inventiva de los actores de la acción, de poetas famosos, de otros no tan conocidos, y a veces de la gente del lugar. “Todos tenemos algo para decir”, agrega Ríos, que rescata el trabajo con el vecino desde que se pide permiso para utilizar una pared determinada hasta el momento de la pintada, con mateada de por medio. “Hoy llegamos al punto de que la gente nos llama para que pintemos sus paredes”. 

 

 

El primer mural utilizado fue en uno de los tres espacios que el grupo de gestión cultural Catorce Almas, del que Ríos es miembro, cuenta en la ciudad. Se trata de lugares dedicados a la gastronomía que promueven la cultura y que ayudan a que estos accionistas puedan dedicarse libremente a la poesía sin recibir dinero de persona ni entidad alguna. Sólo es bienvenida la colaboración en forma de pintura, pinceles y otros materiales. En los colegios, Acción Poética Tucumán propone que docentes y alumnos elijan un texto que luego aparecerá en un muro de la institución o, si este falta, en una tela. La idea es que siempre se conserve la escala mural, de suma importancia por el lugar que, frente a ella, ocupa el espectador de una obra. 

 

 

¿Es entonces arte o poesía lo que propone esta movida? Ut picturapoesis (“como la pintura así es la poesía”) formulaba Horacio en la antigüedad, en su Ars Poética, cuando aconsejaba acerca de las mejores maneras de captar la atención del receptor y mantener su interés. El poeta romano no tenía dudas acerca de estas cuestiones: pintura y poesía, afectan y pueden ser disfrutadas por el público de igual manera. La clave está en la correspondencia entre etema y las emociones que se intentan provocar. Algo que Acción Poética Tucumán tiene bien claro, ostentando la nada despreciable cifra de más de 60 mil adherentes en su red social.