Es uno de los más admirados exponentes del stand up local. Su perfil multifacético le permite lucirse como actor, conductor y bailarín. En esta nota, cuenta cómo aprendió a elegir y disfrutar a partir de un proceso de introspección profundo.

¿Cómo nace su vocación artística?

 

 

–Vengo de una familia clásica, donde el arte tenía un lugar de distención, pero no ibas a ser actor si no tenías un título. Era una familia llena de miedos y de mandatos sociales. Yo estaba como predestinado a eso porque siempre me sentí distinto, siempre me sentí raro en este planeta, sobre todo cuando era chico.

 

 

–¿Cuándo fue la primera vez que se sintió realmente bueno en lo que hace?

 

 

–El año pasado. Después de 23 años de carrera me empezó a caer la ficha real de que vine al mundo a hacer lo que yo quería. Pude hacerme cargo de eso y decir: “Pará, pará, todo eso que yo tengo en la cabeza son todas ficciones y todos los miedos que tengo son estructuras. Soltá todo y mandate a fondo porque esto es un sueño”.

 

 

“Hace muy poquito despertamos a que los seres humanos somos todos iguales. Entonces el despertar de que hay humanidad en los animales también está por venir. Yo me subo a ese tren”.

 

 

–¿La inestabilidad en la carrera del actor lo asustaba?

 

 

–Tenía otro tipo de fantasmas, medio opuestos a eso. La abundancia era muy estresante. Esta cosa de que siempre tenía trabajo era como una atadura. Fue un momento de picos de estrés, y me empecé a dar cuenta de que soy un artista. Puedo hacer lo que yo quiera. No tengo que hacer lo que me conviene o lo que más me paga.

 

 

–¿Le costaba rechazar trabajos?

 

 

–Sí, porque hay mandatos instalados. No vas a dejar un éxito, ¿cómo vas a dejar tanta plata? Mirá lo que cobra un oficinista. Tuve que quebrar eso que estaba muy instalado. Habiendo logrado la profesión, en realidad no la estaba pudiendo disfrutar. Me descubrí diciendo “tengo que ir a tal lugar”, “tengo que pagar la luz”, “tengo que ver a mi vieja”. No, yo no “tengo” nada, voy a hacer las cosas que decidí hacer, nadie me obliga, no soy un esclavo de mí mismo.

 

–¿Fantaseaba con ser famoso?

 

 

–Sí, pero más como una cosa exitista, de hecho cuando llegó la fama no la podía disfrutar. Había algo de mala configuración en el deseo. Yo tenía un deseo que venía quizá desde lo mediático, desde esta cosa de lograr un estatus. Por otro lado tenía buenos maestros que me decían “olvidáte de eso, vos tenés que pensar en el arte y en expresar lo que sos”.

 

 

–¿Y finalmente la pudo disfrutar?

 

 

–Al principio me llevaba mal con la fama, pero ahora me llevo bien. Es un cambio muy grande el que desarrollé este año. Renuncié a todos mis trabajos. Tuve un golpe muy fuerte con un trabajo que me asusté. Estaba con taquicardia, gastritis, estaba muy indispuesto y me encerré en mi casa y empecé a pensar en para qué vine a este mundo. Fueron meses meditando mucho y está buenísimo. Todavía estoy renaciendo, como saliendo a la luz.

 

 

–Si no se hubiera dedicado al arte, ¿cree que hubiera habido otra posibilidad?

 

 

–Sí, en el arte se disparan un montón de caminos. Me hubiese gustado ser astrónomo. Tuve esa fantasía de chico.

 

 

 

 

“Si tuviese un hijo, de alguna manera proyectaría lo que opino del mundo en él, y no sé cómo impactaría eso en la educación que le puedo dar. Por ejemplo, no lo mandaría al colegio hasta que no me lo pida”.

 

 

 

 

 

–¿Hoy sus fantasías por dónde pasan?

 

 

–Por poder lograr mi propia expresión, mi propio lenguaje. Con el unipersonal, que lo perfeccioné y está precioso. Investigando un poco de mapping, armando otro espectáculo.

 

 

–Fuera de lo laboral, ¿se imagina siendo padre?

 

 

–Sí, me re imagino papá, es re loco porque si tuviese un hijo de alguna manera proyectaría lo que opino del mundo en él, y no sé cómo impactaría eso en la educación que le puedo dar. Por ejemplo, no lo mandaría al colegio hasta que no me lo pida. Yo estoy entendiendo que hay que hacer lo que uno tiene ganas.

 

 

–¿Cree que todo el mundo puede permitirse esa libertad de elección?

 

 

–Me pregunto qué pasa cuando necesitás dinero o por qué necesitás pedir una visa para entrar en Estados Unidos. Son miles de preguntas que está bueno hacérselas y no aceptarlas de movida. La vida es un hecho vivencial, todo es sagrado. No me vengas a hablar de trabajo esclavo o de trata de personas si te comés un churrasco. Cada acción que uno hace tiene impacto en la realidad. Uno se tiene que hacer responsable del mundo que va creando. Eso te empieza a hacer pensar qué es todo esto y cómo sería romper. Empezar a entender para qué está, por qué ocurre, cuál es la lección que puedo aprender de ahí. Por supuesto que a mí me da miedo decir esas cosas porque son quijotescas. Pero no por quijotesco voy a dejar de pensar en lo que me vibra o me resuena más íntimamente.

 

 

–¿Cómo ve a la sociedad?

 

 

–Veo que estamos en un mundo donde el miedo se ha instalado, se ha instalado la posibilidad de uno sobre el otro. Hay holocaustos animales mucho más grandes que el de los judíos, cuando despertemos a eso nos va a dar mucha vergüenza. Vivimos en un mundo donde hay un tipo que tiene en el banco lo mismo que el PBI de tres países de África y donde está permitido que vos por tu talento puedas tener lo que quieras gracias a que “te lo ganaste”, mientras hay un tipo que no tiene dónde dormir. Donde el trabajo dignifica. No, señor, trabajarse uno dignifica, pero ir al call center a cumplir un horario y que te paguen lo que tu superior dice, la verdad que no.

 

 

–¿Le parece que están al mismo nivel las personas y las vacas?

 

 

–Por supuesto.

 

 

–¿Cuándo dejó de comer carne?

 

 

–Este último año. Me cayó la ficha ahí, fueron muchos palos que me pegué. Me hice vegano.

 

 

–¿No se encuentra en situaciones complicadas al comparar el holocausto de la Segunda Guerra Mundial con la matanza de animales para alimentación?

 

 

–Que digan lo que quieran, hace 150 años vos podías comprar y vender personas. Es más, a principios de siglo XX existían zoológicos humanos. Hace muy poquito despertamos a que los seres humanos somos todos iguales. El despertar de que hay humanidad en los animales también está por venir. Yo me subo a ese tren.

 

 

–Usted se cuestiona la obligación de trabajar. ¿De qué viviríamos?

 

 

 

–Del amor.

 

 

–¿Se come con amor?

 

 

–Sí, se come con amor, porque vos podés ayudar a la gente y que la gente te ayude. Tendría que haber una base de sostén de todos con todos, una red de amor donde todos nos miremos como iguales. Por ejemplo, hace 150 años aquí se apoderaron de tierras de forma libertina. Si entre todos cultiváramos la tierra podríamos vivir de eso. ¿Qué es esto que el que tiene le da trabajo al que no tiene?

 

 

–¿Ideológicamente se ubica cercano al kirchnerismo?

 

 

–No, pero sí siento que es parte de un proceso que se está dando a nivel mundial. Le hizo bien al país, el menemismo también, todo es parte de un aprendizaje que teníamos que atravesar. Si esto que tenemos ahora deriva en algo malo, en algo fascista, como dicen por ahí, será bendito por mí. Son lecciones, yo ya me pegué mi palo personal, peguémonos todos los palos que tengamos que pegarnos. En ese sentido es cierto que la sociedad se está enfrentando hoy, pero es necesario que ocurra, está bueno.

 

 

–¿Se lleva bien con usted mismo?

 

 

–Ahí voy, aprendiéndome.

 

 

 

 

 

Diego Reinhold se presenta en el Paseo La Plaza con su unipersonal “Yo, una historia de amor”.