Más allá de la curiosidad que representa ser el último bastión de una ideología que partió en dos al siglo XX, Cuba tiene para el viajero el interés que despiertan la decadente grandeza de La Habana y sus promocionadas playas: Varadero, los Cayos, Guardalavaca.

En estos tres destinos nada va a defraudarnos. Por el contrario, nos espera algo mejor de lo esperado. Sin embargo, el viajero curioso puede rentar uno de los extraños autos chinos que han venido a reemplazar a los viejos carros soviéticos y cruzar la isla de norte a sur por la parte más delgada de su cintura y conocer a través de ese roadtrip rincones ocultos e inesperados.

 

TRINIDAD: Francia al encuentro de España

 

Trinidad es una bellísima ciudad colonial fundada por los españoles en 1514, y cuyas casas con techos de tejas rojas, sus calles empedradas y la maravilla del trabajo de sus portones y ventanales dejan sin aliento. La ciudad se ha detenido en el tiempo. Pero no en aquel de la conquista española, sino en el de la prosperidad del azúcar, cuando los franceses procedentes de Haití invadieron los predios y sumaron la sofisticación de sus costumbres, cuyos rastros aún perduran.

 

Caminar por la Plaza Mayor, visitar la Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad, el exquisito Museo de Arquitectura y el Museo Municipal, que fuera la casa de la familia Borrell, son un must. Más alejada del centro, frente a la romántica Plaza de Santa Ana, la Iglesia de Santa Ana, medio en ruinas, iluminada por la luz de la luna, es un panorama de película. En la Casa de la Música, pasada la medianoche, todo puede suceder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PENÍNSULA DE ANCÓN: El Caribe menos pensado

 

 

 

Apenas unos kilómetros al sur de Trinidad, las aguas turquesas del Caribe menos visitado de Cuba se materializan en la playa de Ancón. Usualmente visitada por turistas franceses, ofrece kilómetros de arenas blancas apenas ocupadas y hoteles y resorts acogedores pero discretos, bien diferentes de los enormes complejos de cadenas internacionales que proliferan en otras playas. Las aguas son templadas, el clima benigno y la gente silenciosa y amable. En pocas palabras, el Paraíso.

 

 

 

 

 

CIENFUEGOS : Un glorioso pasado, un glorioso cementerio

 

“Si hubiera un París caribeño, sería Cienfuegos”, dice la guía Lonely Planet. Y es así. Fundada en 1819 sobre una bella bahía natural, la ciudad fue construida con la grandilocuencia del esplendor del azúcar en esa época.

 

Los colonos franceses que la fundaron dejaron su impronta arquitectónica; eso se aprecia en sus hermosos edificios y sus amplias avenidas.

 

Pero, sobre todo, en su magnífico cementerio, que es un atractivo turístico es sí mismo. Y el Malecón, señorial paseo que remata en la Punta Gorda con dos edificios dignos de la Corniche: el Palacio Azul y el Club Cienfuegos. Como todo en la isla, nada parece real. Y todo es tan cierto.