Existen estadísticas que revelan que entre el 80 y el 90 por ciento de las personas que deciden tatuarse de jóvenes, con el tiempo terminan pensando que mejor sería eliminar esa marca de vida. Sin embargo, el tatuaje se reinventa y vuelve a estar de moda, con cada vez más adeptos y una aceptación social sin precedentes. Historia y detalles del fenómeno, en esta nota.

Antes de hablar de la historia de los tatuajes y del espíritu que representan, comencemos por la gran pregunta: ¿se puede borrar un tatuaje? ¿Cuánta gente se arrepiente luego de haberse tatuado? La respuesta en palabras de los expertos.

 

“Hay bastante gente que viene a taparse un tatuaje. En general, se tapan el nombre del novio y yo les pregunto si están seguros de su decisión. Y creo que sí, que la gente muchas veces se arrepiente”, cuenta Gastón, de 28 años, tatuador de AM Tattoo, una de las tatuadotas más míticas de Buenos Aires, dentro de la galería Bond Street.

 

Los tatuajes se han convertido, con el tiempo, en el objeto de deseo más sensual del cuerpo femenino.

 

El incremento en la cantidad de tatuajes aumenta, y a su vez, también lo hace el deseo de eliminarlos. Aun con la modernidad del láser, el tratamiento para deshacerse de los tatuajes puede ser doloroso, caro y consumir mucho tiempo. “Está bueno que se puedan sacar los tatuajes, porque hay gente que tiene algunos muy feos. La manera de tatuar de antes no es la misma, la tecnología para tatuar ha evolucionado bastante: las formas, las técnicas. Dependiendo de cómo sea el tatuaje, quizás te convenga taparlo con algo más lindo que sacarlo con láser. El láser a veces te termina dejando una quemadura que puede ser peor que el tatuaje en sí”, dice Daniel, de 29 años, tatuador de oficio de AM Tattoo. “Hay gente que se tatúa impulsivamente el nombre de una pareja y a los quince días vienen a sacárselo”, cuenta David, de 28 años, tatuador y dueño de The Red Place, uno de los más antiguos en el rubro. “A mí me pasa eso de querer sacarme mis tatuajes. Me sacaría todos los que tengo en los brazos y me haría unos nuevos, más modernos. Cuando yo me empecé a tatuar no era lo mismo que ahora. Estoy tatuado con lo que en ese momento estaba al alcance de la mano. Lo hacíamos entre amigos, casi experimentando, y yo creo que uno, en algún momento de su vida, se arrepiente. Alguien que a los 20 años se tatuó el logo de una banda y ahora tiene 40 y ya no le interesa, posiblemente se lo quiera sacar. Tapar un tatuaje con otro lleva cierto laburo, tenés que pensar bien en cómo taparlo. Es tan doloroso o más que tatuarse. Y es relativamente caro.

 

Me acuerdo que en 1996 apareció la primera maquinita en el Hospital Alemán e iba todo el mundo. Ahora hay en todas partes”, cuenta David. “El tatuaje es arte, tatuar es un oficio. La idea es llevar la hoja a la piel, lograr expresarse artísticamente a través de esto. Este brazo (muestra su brazo tatuado) está vivo, sangra. Ahí está lo difícil: llevar lo que querés artísticamente hablando a cada tipo de piel y a diferentes personas. Y dominar eso lleva muchos años”, dice Gastón, compañero de Daniel. Él, por su parte, expresa: “Si mejorara la tecnología, se tatuaría más gente, estaría la confianza de decir ‘si no me gusta, me lo saco’. Lo que te frena de tatuarte es eso, la inseguridad, la gente piensa mucho antes de dar el paso”.

 

 

 

Cualquier parte de la anatomía es apta para hacerse un tatuaje. La audacia es todo.

 

El diccionario define al tatuaje como una modificación del color de la piel en el que se crea un dibujo, una figura o un texto con tinta o con algún otro pigmento bajo la epidermis de una persona. Pero luego de la modificación física de la superficie de una persona, vienen la historia, la intención y el significado. David se explaya sobre la historia de los tatuajes en el mundo y su desarrollo a nivel local. “Esta es una práctica milenaria, los maoríes se hacían los tatuajes tribales como forma de protección. Los ‘yakuzas’ –exponentes del crimen organizado en Japón– se tatuaban todo el cuerpo acorde al tipo de pandilla. En la Argentina la historia del tatuaje comenzó en los ochenta. Recién a mediados de los noventa fue evolucionando a un nivel más profesional, superior. Antes no se podía conseguir una revista sobre el tema, no había mucho. Es una cultura que viene de Estados Unidos, allí se tatúan desde hace 100 años. Después llegó a Brasil, en donde están más adelantados que nosotros. Al principio acá fue todo más primitivo. Se comenzó a tatuar con lo que había. Antes, en los noventa, esta galería era más under, se tatuaba la gente del ambiente del skate y del rock. Era algo mucho más osado. A partir de 2000 se empezó a hacer más masivo; Tinelli y Ricardo Fort aparecieron tatuados y la gente los aceptó. Antes la persona tatuada era ‘distinta’, ahora es algo más de moda. Mucha gente viene a tatuarse con la abuela o con la madre. Antes te hacías un tatuaje para ser distinto, ¡hoy lo hacés para pertenecer! Es más masivo, es como comprarte un par de zapatos”, explica este profesional en la materia.

 

Una práctica milenaria que se origina en el año 3.200 antes de Cristo, cuando Otzi, la momia más antigua del mundo, aparece con 60 líneas y cruces en la zona lumbar, en su rodilla derecha y sus tobillos. En el tercer siglo después de Cristo, los japoneses decoran sus cuerpos enteramente con tatuajes. En 1769, el capitán James Cook llega a Tahití y descubre la Polinesia y sus tatuajes junto con la palabra: “Tatau”. En 1846, Martin Hildebrant inaugura el primer local de tatuajes en Nueva York, en el bajo Manhattan. En 1891, Samuel O’Reilly patenta la primera máquina eléctrica de tatuajes, modificando la máquina de Thomas Edison de pluma perforadora.

 

En 1977, se legaliza la práctica, cuando se calculaba que hasta ese momento más de cincuenta tatuadores trabajaban desde la clandestinidad. “El principio del ser humano es intentar mostrar lo que uno siente a través de diferentes tipos de canales. Esto es una forma de expresión corporal, es algo instintivo. Tenés que conocer a la persona para entender los motivos de sus tatuajes.

 

Hay quienes lo hacen más por la estética, y esos son los que se arrepentirán seguro”, afirma Gastón. Para David, es tanto moda como arte, las dos cosas se combinan: “Hay gente que viene porque se le murió un familiar y quiere hacerse la letra de la madre que había fallecido. Algunos deciden hacerse un tatuaje veinte minutos antes de venir”, explica, al tiempo que define los diferentes tipos de tattoo. “Un tatuaje realista consiste en llevar la realidad al dibujo, como la imitación de una foto. Un tatuaje tradicional es un dibujo más lineal con líneas gruesas y colores más opacos.

 

 

 

 

También existe el oriental y el new skul, que son dibujos tipo graffiti”. Las mujeres parecen tener sus preferencias diferentes de los hombres, no solamente en lo que se tatúan, sino en el lugar. Para David, “hoy por hoy, se suele tatuar mucho el abdomen en las chicas. Ellas usan las remeras abiertas con frases en letra cursiva. Frases que definen a la persona, nombres de libros o canciones, el nombre de un ser querido. Para Gastón, “los tatuajes que más se piden son los nombres, las frases. Los infinitos están muy de moda. Los lugares que más salen son las muñecas y las costillas en las mujeres. Hay tatuajes que son shockeantes: en la garganta, en el cuello, en la cara… A esos no terminamos de estar acostumbrados. Esos son posiblemente los que generan más prejuicios. Pero hoy los tatuajes están muy de moda. Es más, creo que existe el look tatuaje, existe estar lookeado como un tatuador.

 

La moda apareció porque el tatuaje se empezó a hacer masivo en los medios. A raíz de eso se generó un cambio de mentalidad y a nivel social. Antes estabas tatuado y la gente te miraba como si fueras un preso. En mi caso, mi vieja era antitodo, y la terminé tatuando yo”.

 

El oficio de tatuar carga con la responsabilidad de saber que uno hace algo para el otro que durará toda la vida. Crear, aunque implique una gran responsabilidad, genera, según definen los tatuadores, una sensación de libertad creativa. “Empecé con esto hace como ocho años y lo que más me gusta es la libertad que te da este tipo de oficio”, dice Daniel. “Me dedico más por lo artístico que por lo económico, lo que más me gusta de ser tatuador es la libertad que te genera hacer lo que te gusta. La responsabilidad de estar haciendo un tatuaje permanente la manejás teniendo confianza en tu trabajo”, concluye Gastón, casi como una oda de bienvenida a ese tatuaje que se queda impregnado en la piel para siempre. 

 

 

“El tatuaje empezó a hacerse masivo en los medios Antes por estar tatuado la gente te miraba como a un preso”

 

Borrón y cuenta nueva

 

 

Con el paso del tiempo, la mayoría se arrepiente de haber dejado una marca eterna en su cuerpo y opta por borrarse el tatuaje o cambiarle el diseño. El láser muchas veces termina dejando una quemadura que puede ser peor que lo anterior. Un dato a tener en cuenta.

 

 

 

 

 

 

 

Jonathan Shaw

 

Durante siglos, los tatuajes simbolizaron la adhesión a un grupo o familia. La elección de un tatuaje puede hoy indicar algo con respecto al alma de su propietario; algunos creen que un tatuaje es una pintada para el alma. La historia de los tatuajes tribales es muy rica y las historias detrás de estos suelen ser fascinantes. El significado, la tradición, y la técnica de realización, te sumergen en un mundo desconocido. Jonathan Shaw es un tatuador nacido en Nueva York, que actualmente vive en Río de Janeiro y dedica sus días a plasmar su arte tribal en el cuerpo de otras personas.

 

Este artista de los tribales es famosísimo en el mundo de los tatuajes. Ha trabajado con muchos íconos de la música, incluyendo a The Cure, David Lee Roth, Vanilla Ice y Marilyn Manson. Johnny Depp lleva seis de sus tatuajes. La lista se completa con artistas de la talla de Iggy Pop y las modelos Naomi Campbell y Kate Moss. En la foto podemos apreciar algo de su arte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOCALES CONSULTADOS PARA ESTA NOTA:

 

The Red Place: Galería Bond Street, local 18. Santa Fe 1670 (CABA). 4811-3087. theredplacetattoo@hotmail.com

 

American Tattoo: Galería Bond Street, local 7 y local 31. Rodríguez Peña 1023 (CABA). 4813-4509 / 4815-7032