Su estudio es infinito en objetos y pedacitos de cosas que alguna vez formarán parte de algo. Es su mundo privado y nos invitó a conocerlo. Es donde juega, donde crea y donde alimenta al personaje público que todos conocemos. Un reportaje sin desperdicios, tal vez por haber sucedido en su lugar de mayor libertad.

 

Hizo radio y televisión, pero en el imaginario colectivo se lo relaciona con este animal de radio, ¿por qué cree que es eso?

 

 

–Porque soy un bicho de radio, aparecí a los quince años y nunca me fui del todo. Si bien en algunas épocas no estuve, son 45 años de mi vida en los que la radio tiene una trascendencia fundamental. Con la tele hice travesuras y jugué dos o tres veces, entonces es normal que me identifiquen con esto.

 

 

–Leí que define su estilo como hipertextual, ¿son estas sus palabras?

 

 

–En realidad me convencieron de que era así. Hace muchos años, el director de la Alianza Francesa –lingüista él– y su mujer, en una sobremesa en casa lo definieron. Estábamos escuchando frases grabadas y me dijo: “Lalo, lo que tú haces es hipertexto”. Entender lo que uno hace te abre la cabeza. Entendés porque lo hacés, no sabés cómo llegaste y eso te dispara a hacer alguna otra cosa que no entendés. En realidad no hay que entender lo que uno hace, hay que hacer. Si entendés lo que hacés te estás pajeando porque es mover sobre lo conocido. A mí me pasa así. Creo mucho en lo que dijo Borges: “Things happens”. Muchas veces sucede lo que uno quiere, otras no. Relajate y andá por donde te lleva la vida. Las cosas suceden igual.

 

 

–¿Qué es lo que más le divierte hacer? Porque usted tiene un discurso muy lúdico, aun cuando hablamos de periodismo duro.

 

 

–Sí, siempre fui así. Creo que tiene que ver con permitirse. Y para estimular ese espíritu, necesitás de otras cosas. Yo tengo esto (se refiere a su estudio). Cada uno lo hace como puede o como le sale. Tal vez trabajar con las manos es lo único que no es público en mi vida. Pintar o armar algún objeto como si fuera una escultura o una instalación es mi juego. No tengo ningún compromiso con eso. A la radio tengo que ir todos los días y con ello alimento a mi familia. Aquí tengo un compilado de basura lista para ser reciclada y transformada en algo, mis pinturas, música y libros.

 

 

–Evidentemente le da un lugar importante a lo lúdico en su vida.

 

 

–Siempre fui niño y siempre jugué, pero no sabía por qué jugaba. Para que todo esto tenga sentido tiene que ser un poco en broma, si no, pierdo el interés. El mundo recibido de serio es muy particular. Si veo a cualquier persona que trabaja de serio y vive de eso, y lo escucho hablar, siento que me está tomando el pelo.

 

 

–¿Por qué?

 

 

–Porque es joda lo que dicen. Es una puta estúpida hipocresía y no entiendo cómo se la creen ellos que son personas serias. Hay un juego perverso entre los medios, los líderes de opinión y de los que trabajan de serios. Yo opté por no trabajar de serio porque de alguna manera todos me chupan un huevo. Decidí armarme una vida con el afecto que me rodea y le pongo una nota musical a lo que digo y hago, y esto nos protegerá y nos defenderá de tanto idiota suelto, peligroso, asesino, ladrón y engreído. Por otro lado está la naturaleza en la que todos los seres, aun los unicelulares, juegan cuando son jóvenes. Esto dura hasta que tienen que procrearse o salir a cazar. Lo mismo sucede con los niños, juegan y así aprenden sus límites y reconocen sus errores, hasta que tienen que ocuparse de cosas serias. Una pequeña proporción de humanos, animales y amebas en el mundo, por alguna razón que no se sabe muy bien, nunca dejan de jugar. Y somos nosotros. Hay una seducción en el juego y no la desestimo para nada. Ahora, el tema de jugar tiene un límite: el patetismo.

 

 

–¿Cómo es Lalo fuera de los medios?

 

 

–Ahora soy menos animal de radio, estoy más domesticado. En todos estos años crecieron tres hijas, sucedieron cosas fuertes en mi vida personal, hubo mucha rotación de afectos, mucha obra, mucho laburo, mucha pasión compartida, muchos muertos. Todo eso te va marcando. Hoy soy más vital que radial. Antes la radio era el 80 por ciento de mi vida, hoy un 49. Hubo todo un reordenamiento de cosas. Antes era más ansioso y acelerado. Ahora bajé los decibeles. Esencialmente sigo siendo la misma persona. Un laburante, me veo buen padre y buen amigo. Tengo pocos, pero buenos. Soy un amarrete de la intimidad porque Creo que no hay que confesar todos los sentimientos. No hay que hablarlos porque tanto hablar hace ruido. Es mejor hacer. Hoy estoy más vivo para vivir (se ríe y acota que parece una canción de Calamaro). Y en general soy un tipo que tiene ganas de hacer. Creo que soy más normal ahora. Antes era un workaholic, me iba de mi casa a las siete de la mañana y volvía a las nueve de la noche. De pronto cambiaron los tantos y se fueron acomodando las cosas de otra manera. Perdí a mi hermano cuando todavía éramos jóvenes los dos, y eso fue un martillazo en los huevos. Sucedió justo antes de que nacieran mis hijas. Y me sacudió de una forma inexplicable. Igual quedé tan pelotudo que me dediqué a laburar como un animal. Recién con mis hijas lo pude acomodar. El duelo cerró mucho después, con ellas más grandes… si es que cerró. Ese fue el punto de quiebre en mi vida. A partir de ahí empecé a aflojar al acelerador y a cambiar mis prioridades.

 

 

–¿Y cómo entiende la muerte?

 

 

–Es algo de lo que nadie escapa, lo único que sabemos es que eventualmente va a llegar. Igualmente, nadie muere en la víspera. Algunos la buscan y se drogan y toman y están todo el tiempo en el límite y no les llega. Otros se cuidan y les cae una maceta en la cabeza. Es tan azaroso que es donde mejor sirve la frase “things happens”.

 

 

–¿Y la vida?

 

 

–Te lo digo con una analogía. No me gustan los deportes, pero sí los conceptos. Uno de los que más me gusta es el del surfista, porque el tipo rema y rema esperando la ola, cuando llega la sigue y se para. Con la mejor de las suertes se la monta y si la monta tiene dos o tres minutos de felicidad. Con suerte un día agarra dos o tres olas. Pero hay que remar y remar. Y hay días en los que no hay olas, pero si practicás te volvés más vivo, más experimentado, y se te escapan menos las olas. Esa figura me gusta. La vida es así. Todos estamos esperando la ola. Y hay muchas olas en esta vida. La vida moderna es surfera. Hay pocas buenas olas y si estás preparado las agarrás. El factor suerte también afecta, por supuesto.

 

 

–¿Es de planificar?

 

 

–Antes era de planear más. Ahora es más relativo. Vengo de un año planificado con dos años de anticipación y ahora me relajé. Entro en una etapa sin proyectar. No puedo sostener esa energía planificadora constantemente, pero tampoco puedo dejar de hacer planes porque me asusta.

 

 

–¿Por qué?

 

 

–Porque cuando no planifico unas vacaciones, por ejemplo, llega el momento y todo se vuelve un caos porque es enero y eso es algo que me asusta. También me pasa que cuando estoy en un período de dejar que las cosas sucedan y somos todos hippies, llega un momento en el que me siento en un huevo cósmico y necesito empezar a hacer planes otra vez. Vivir desconectado no conduce a nada, y vivir hiperconectado tampoco. Una cosa te explota el cerebro y la otra te hace perder el tren.

 

 

–¿Cumplió sus sueños?

 

 

–Sí, soy un privilegiado. De pedo soñé con algunas cosas y esas cosas hoy son realidad y están vivas.

 

 

–Volviendo a los planes, ¿tiene proyectos para 2013?

 

 

–Sigue Lalo por hecho en la 100.

 

 

–¿Podría vivir sin estar en los medios?

 

 

–Sí. Seguramente extrañaría, pero todos aprendemos a vivir sin cosas que tuvimos.

 

 

–¿Es despojado?

 

 

–No, para nada. Este estudio es un juntadero de basura, y como tengo la excusa artística, sigo juntando. Soy un basurero de mierda, pero son basuras elegidas.

 

 

–¿Qué es el bienestar para usted?

 

 

–El bienestar tiene dos cuerdas en las cuales vibra. Por un lado, en el mundo moderno tiene que ver con las necesidades básicas cubiertas y con derechos inalienables del ser humano. Laburo, libertad, opinión y lo elemental que es en lo único en lo que todos coincidimos. Esto debería ser garantizado por los Estados a todas las personas, pero no lo logramos. Nos llenamos la boca y no lo logramos. Hay otro bienestar que está ligado a lo espiritual y relacionado a lo anterior, porque no es lo mismo tener un equilibrio espiritual en la carencia que en la abundancia. Este bienestar tiene que ver con los afectos, la familia y el trabajo que cada uno hace para terminar esta vida un escalón más arriba, un poquito más feliz, un poquito más sano, un poquito más pleno, un poquito menos preocupado.

 

 

–¿Qué hace para encontrar su bienestar?

 

 

–Trabajo, trato de ser buen padre, trato de ser justo y lógico con todos los que me conocen y comparten la vida conmigo, trato de dar un poquito más cada día, trato de no creérmela, busco ayuda terapéutica cuando algo no me deja dormir, pero cada día estoy durmiendo mejor.

 

 

“Hoy soy más vital que radial. Antes la radio era el 89% de mi vida, hoy un 49%”.