Tiene 19 años y un magnetismo especial. Es tan particular como el ídolo pop al que emula de manera constante. En su infancia pasó por doce colegios y salía de su casa disfrazado. Se declara antisocial, no va a boliches y quiere ser papá. Radiografía de un adolescente atípico.

Nos encontramos en la puerta del estudio de nuestro fotógrafo. Felipe llega puntual, con el look que lo caracteriza, y pregunta por su vestuarista. Coqueto y cuidadoso de la estética, estudia todos los detalles de la producción y se presta a jugar como un niño adulto. El resultado: una sesión de fotos impactante y una charla reveladora.

 

 

–¿Este es usted al natural o hay algo de personaje?

 

 

–En este momento soy yo. Hoy no estoy muy producido igual, ando de camisa blanca y pantalón negro.

 

 

–Sin embargo, se nota una construcción estética. No es un adolescente típico de 19 años.

 

 

–Depende de qué sea típico, pero no. Uso zapatos, eso no es muy típico. 

 

 

–¿Logró capitalizar profesionalmente su fanatismo por Michael Jackson?

 

 

–Creo que sí, en el mundo del espectáculo el look garpa mucho. Desde que murió y empecé a aparecer en el programa de mi papá empezó a haber demanda de shows o de presencias. Hice algunas, igual no soy tan famoso como  para que me paguen.

 

 

–Pero lo llamaron.

 

 

–Me llamaron, sí (risas), eso está bueno, es algo más. Igual  me dan ganas de ir a hacer algo más artístico, como en el teatro.

 

 

–¿Qué va a encontrar la gente en el espectáculo que está  armando?

 

 

–Les va a renacer la admiración que en algún momento  sintieron por Michael Jackson. A eso apunto yo. Ahí me encargo del cien por ciento de la producción. Estrenamos  el  18 de enero en el teatro La Comedia.

 

 

–¿Con la crítica cómo se lleva? 

 

 

–Alguien dijo: “La peor prensa es no tener prensa”. No sé si fue Madonna, Michael Jackson o si me lo dijo mi papá,  pero es verdad. Si sos un panzón que te gusta el futbol y  hablás de San Lorenzo nadie te va a criticar, pero nadie te  va a halagar tampoco. Vas a estar ahí. Estás bien, sos normal y sos correcto. Prefiero que me critiquen, para mal o  para bien, pero prefiero que me critiquen.

 

LA NOCHE Y SUS FORMAS

 

 

–¿Qué cosas le generan mala energía y cómo se  preserva?

 

 

–Me crié en el mundo del espectáculo, donde hay mucho estrés y mala energía de mucha gente. Mismo mi papá es una persona muy estresada, muy nerviosa y temperamental. Si vuelvo a mi casa sintiéndome tenso, escucho unos temas tranquilos de Michael Jackson, busco relajarme y poner en claro las cosas y listo.

 

 

–¿Es una persona diurna o nocturna?

 

 

–Al ser un poco antisocial, soy más nocturno.

 

 

–¿Qué significa ser antisocial?

 

 

–Que paso mucho tiempo solo, no tengo un grupo de  amigos. En la escuela también era así, en los recreos me  iba a un aula y estaba solo ahí.

 

 

–¿Le gustaría tener un grupo de amigos o es feliz así?

 

 

–Estoy feliz solo. Feliz, uno no está feliz todo el tiempo.  Uno es feliz en general o no es feliz en general. Pero sí,  estoy bien. No tengo ganas de tener un grupo, fumar y  tomar alcohol e ir al boliche, no siento que sea eso.

 

 

–¿Por qué no le gustan los boliches?

 

 

–Siento que me contaminan, que me intoxican. Música  muy alta, mucho humo, mucha gente. Después llego a mi  casa y limpio con alcohol la llave, el celular. Lavo mi ropa.  Me baño. Me duelen las piernas, me duelen los oídos.

 

 

–¿Tampoco toma alcohol o fuma?

 

 

–En este momento no me va nada.

 

 

–¿Antes sí?

 

 

–He probado cosas, sí. Nada que me haya gustado demasiado como para quedarme ahí.

 

 

–¿Sus internaciones no tuvieron que ver con esto?

 

 

–No. Tuvieron que ver con problemas de salud. De una  internación se hicieron eco los medios, pero tuve tres. Me parece que todo viene de lo anímico.

 

 

–¿Y hoy cómo está?

 

 

–Muy saludable, muy bien.

 

 

UN APELLIDO CON PESO PROPIO

 

 

–¿Portar su apellido implica que uno tiene que ser  gracioso?

 

 

–No, pero a veces la gente lo espera y te dice: “Eh, Pettinato, contate un chiste”.

 

 

–¿Le trajo dolores de cabeza ser hijo de Roberto?

 

 

–Me trajo dolores de cabeza, emocionales, físicos y todo. Pero bueno, creo que lo manejo bien.

 

 

–¿En qué lo beneficia y en qué lo perjudica?

 

 

–Me favorece tener acceso a determinadas cosas en lo que respecta al arte, aunque no tengo nada asegurado. También me ayuda estar bien económicamente, como familia, no en lo personal pero como familia estamos bien. Además, tener  un padre del que aprendo. Lo negativo creo que es el prejuicio de la gente.

 

 

–¿En qué situaciones nota este prejuicio?

 

 

–Si me va bien es porque soy el hijo de Pettinato: “Si le garpan  todo, la tiene fácil, no se hizo de abajo”.  Si me va mal y soy un drogadicto que está internado por fumar paco también: “Si es  el hijo de Pettinato, qué queres, con el padre que tiene”. Es el  prejuicio y la ignorancia de las personas.

 

 

–¿Cómo fue él como papá? 

 

 

–Él como padre tiene un vínculo laboral con los hijos siempre. Todos trabajamos con él, es cuando más lo vemos, por  eso digo que se aprende de él. Estoy orgulloso por todo lo que  ha hecho, pasó de tocar el saxo en los subtes y pedir monedas  o vender sándwiches de milanesas en Cabildo y Juramento  a escribir libros, estar en la tele, la radio y ganar un Martín Fierro. Veo la historia.

 

 

–¿Cómo es un asado familiar de los Pettinato?

 

 

–Se da de vez en cuando, es un lindo encuentro, es divertido, es alegre. Se tapa el pasado, las cosas malas y resulta alegre. Mi papá toca la guitarra y los niños están en la pileta.

 

 

AMOR Y SEXO

 

 

–Tuvo una novia a la que conoció en la tribuna del programa de su padre. ¿Cómo fue eso?

 

 

–Me estaba escribiendo con ella hasta hace un ratito. No seguimos de novios, pero fue mi única novia y me la mandó Dios. Terminamos bien. Ella me bancó todo y se adaptó a mi estilo de vida.

 

 

–¿Es difícil adaptarse a usted?

 

 

–Sí, tal vez no la llamaba por una semana o me encontraba mensajitos de otras chicas.

 

 

–¿El sexo le parece importante?

 

 

–Es importante, sí, pero nunca tuve sexo por tener sexo. Una cosa es coger y otra hacer el amor.

 

 

–¿Prefiere la segunda opción?

 

 

–Desgraciadamente, sí. Se sufre más.

 

 

–¿Ahora tiene ganas de enamorarse?

 

 

–No, no estoy con ganas de estar en pareja. No puedo permitir que mis sentimientos dependan de otra persona. ¿No? ¿Qué opinas vos? 

 

 

–¿Yo?

 

 

–Bueno, vos tuviste una hija y es otra cosa. Yo  quiero tener un hijo también.

 

 

–¿Ahora? Es muy joven, tiene tiempo.

 

 

–Pero quiero tener un hijo. Con niñera y con todos los chiches. Sería un excelente papá. Tener un hijo te da una razón para vivir, te aferrás más a la vida. Es gracioso porque estamos hablando de todo esto y mucha gente cree que soy gay. 

 

 

–¿Y no es gay? ¿Ni siquiera le da curiosidad?

 

 

–No. Soy un ser humano, soy un ser sexual, ¿no? Como los animales, soy sexual. Pero no soy gay.

 

 

–¿Le enoja o le divierte que se lo pregunten?

 

 

–Ninguna de las dos cosas exactamente, pero más me divierte. Supongo que pasa por la apariencia, porque a veces me visto extravagante. Tienen que entender que me crié en el mundo del espectáculo, es un ambiente muy gay. Es así y está muy bien aceptado. También me han preguntado por qué me maquillo, y bueno, veo a mi papá siempre maquillarse antes de salir de casa, crecí con eso, es algo normal.

 

 

–¿Se haría una cirugía plástica en algún momento por cuidar su estética?

 

 

–Sí, me operaría, no le veo nada de malo. No me cambiaría la cara, pero sí para mantenerme bien. Esto de no crecer también va con la imagen. La gente en eso también es prejuiciosa. Todo el mundo se hace cosas, en la tele todas las mujeres tienen cosas hechas. Adrián Suar se pone botox todos los meses y está bien, supongo. Elvis Presley se operó la nariz y era un sex symbol. Nunca nadie se puso a decir “¡se operó la nariz, se operó la nariz!”.

 

 

–¿De chico no quería salir de su casa si no era disfrazado?

 

 

–Es verdad, salía disfrazado de cualquier cosa que tuviese. Era fanático de los disfraces de Batman, de Spiderman, muchas máscaras y cosas raras. Debe ser porque mi papá salía disfrazado. Usaba trajes de colores, zapatos raros. Veía todo eso en mi casa y me gustaba.  

 

 

–¿Qué opinaban sus padres?

 

 

–Tenía una psicóloga que le dijo a mi mamá: “El nene no puede salir disfrazado a la calle, no puede salir más disfrazado” (la imita).

 

 

–¿Y le hicieron caso? 

 

 

–No, pero siempre fui un niño loco, me cortaba el pelo solo a los cuatro años, cosas que no se consideran normales. Desde los cuatro años que hago terapia.

 

 

–¿Es una persona muy sensible?

 

 

-Sí, soy muy sensible, pero no soy frágil. Me  di cuenta, trabajando este año, de que no soy  frágil.

 

 

 

 

“Siento que los boliches me  contaminan, que me intoxican, música muy alta, mucho humo, mucha gente. Después llego a mi  casa y limpio con alcohol la llave,  el celular. Lavo mi ropa, me baño. Me duelen las piernas, me duelen los oídos”.