A los 19 años dejó la seguridad del Teatro Colón y la contención de su familia para irse a probar suerte a Inglaterra. Pasó de niño prodigio a bailarín consagrado internacionalmente gracias a su talento, trabajo duro y algo de suerte. Sueños y vida cotidiana de un hombre que prefiere no proyectar a futuro para escribir su presente.

 

Su día empieza a las siete de la mañana con una rutina que cumple al pie de la letra seis veces por semana. El día de la entrevista, un diluvio torrencial caía sobre la ciudad y pensamos que nos iba a cancelar, pero no fue así. “Es un trabajo”, dice, y a medida que avanzamos se entiende que gracias a ese profesionalismo logró concretar el sueño infantil de bailar en el Colón y convertir esa pasión en una carrera artística sin límites.

 

 

–¿Qué sintió cuando llegó al Colón?

 

 

–Me di cuenta de que no era lo que yo soñaba. Era mucho menos lo que había quedado de lo que el teatro era. Yo quería una carrera en serio y tal vez no era el mejor lugar para lograrla.

 

 

–¿Cómo siguió el recorrido? 

 

 

–Tuve que animarme a dejar el Colón, la familia, mi país , mi casa y me fui a Inglaterra a los 19 años a empezar de cero. 

 

 

–¿Fue difícil vivir solo en el exterior siendo un adolescente?

 

 

–Muy complejo, al comienzo me angustié, me sentí mucho más solo de lo que estaba acostumbrado, más vulnerable. No sabía alquilar un departamento, pagar las expensas, ir al banco, no sabía tener responsabilidades de adulto. Hasta ese momento todo lo resolvían mis padres, y estaban a 12.000 kilómetros. Si no pagaba yo la luz, me la cortaban, de hecho el gas me lo cortaron. 

 

 

–Fue creciendo en paralelo en la vida y en la profesión.

 

 

–Creo que crecí mucho antes en la profesión que en la vida. Fue la profesión la que me llevó a crecer en la vida.

 

 

–¿Le costó mucho llegar a donde está?

 

 

–Nada me vino de arriba. Trabajo muchísimo. Soy un gran hacedor de lo que hago y lo que me sucede.

 

 

–¿Nunca dijo: “Basta, esto es muy sacrificado”?

 

 

–No fue decir “basta, es muy sacrificado”. A los 13 años sentí la presión de que supuestamente iba a ser la “futura estrellita”, y como cualquier chico un día pude no tener ganar, o creer que no era posible. La presión exterior era mucho más fuerte que lo que yo estaba preparado par a recibir. Creo que en ese momento no la pasé tan bien.

 

 

–En la actualidad, ¿o hace feliz la danza?

 

 

–Me da mucha felicidad y me produce un gran desgaste. No se puede hacer como yo lo hago sin una gran cuota de felicidad y de elección.

 

 

–¿Cuando baja del escenario se queda contento?

 

 

–Depende de si quedé conforme. Soy muy autoexigente. No tengo una gran felicidad siempre. Dura un ratito. Por suerte en esta etapa todo dura un ratito. Si estoy contento, y si no también.

 

 

–¿ Está en pareja?

 

 

– Sí , hace dos años. 

 

 

–¿Cómo convive la pareja con tanto viaje?

 

 

–A veces convive y a veces no. Es muy difícil al estar de viaje todo el tiempo. Yo no quiero una mochila al hombro. Lo lindo es la dualidad y muchas veces se han roto parejas en mi caso por eso. Porque no estás todo el año en el mismo lugar. Porque muchas veces la energía no está donde tiene que estar, y es muy difícil que a ese ritmo la otra persona lo acepte siempre.

 

 

–¿Y ahora lo acepta?

 

 

–Por ahora, qué se yo. También uno va cumpliendo etapas y va tomando decisiones. Yo tengo muy en claro que de acá a cuatro o cinco años, cuando ya no baile más, esta vorágine se termina.

 

 

“Soy un gran hacedor de lo que hago y lo que me sucede”.

 

 

–¿Hay un proyecto a futuro?

 

 

–Yo no tengo proyectos a futuro con nada en la vida, vivo el hoy por hoy, y el día de mañana Dios dirá, en todos los sentidos de mi vida.

 

 

–¿Cómo es esta idea de no bailar más dentro de unos años?  

 

 

–Se termina una etapa de mi vida. No mi vida artística. Se va a terminar la parte más exigida. 

 

 

–¿Imagina algún exceso que hoy no pueda disfrutar por la rigurosidad de su vida? 

 

 

– Excesos no, pero me imagino con mayor libertad,  no necesito vivir de noche, no soy Sabina. Sí me gustaría tener una mayor libertad horaria, tiempos y dejarme fluir con naturalidad.

 

 

– ¿Para ese momento, le gustaría ser papá? 

 

 

–Sí, me encantaría, seguramente. Es difícil imaginarte lo que nunca fuiste, no tengo ni idea de cómo podría ser yo como padre. Creo que es lo mejor que le puede pasar a cualquier ser humano. 

 

 

–¿Un profesional consagrado gana mucha plata en la danza?

 

 

–Comparado con un futbolista va a ser un muerto de hambre seguro, no tiene punto de comparación. No quita que puedas vivir muy bien pero no vas a ser millonario. Bailando la gente no se hace rica. 

 

 

–¿Cómo surge su relación con el dinero? 

 

 

–Tengo la plata que necesito para vivir, no tengo hijos, ni una familia organizada, ningún gran gasto. Tampoco tengo demasiado tiempo libre para disfrutar lo que gano, entonces no tengo grandes exigencias. A mí me importa jubilarme y haber bailado lo que quise bailar, no haberme hecho rico.

 

 

–¿Cree en Dios?

 

 

–Sí.

 

 

–¿Es más de agradecer o de pedir?

 

 

–Soy de agradecer. Tengo salud, tengo una profesión que elegí y pude disfrutarla, tengo a la mayoría de mis seres queridos conmigo, tengo una vida real, no me devoró el personaje. No tengo nada para pedir.

 

 

–¿Hizo terapia alguna vez?

 

 

–Hago, ahora hace un año. También hice algunos años atrás, cuando pude, porque los viajes lo cortaron. Me gusta, para pensar en uno y dónde está parado frente al mundo.

 

 

–Algunos artistas dicen que la marihuana los inspira ¿Está de acuerdo?

 

 

–A mí nunca me inspiró. Fumé alguna vez. Nunca socialmente, pero alguna que otra vez en vacaciones y la he pasado bien, pero no para inspirarme. Yo creo que si fuera así habría muchos más genios que los que hayo mucho más gente inspirada. 

 

 

–¿A qué le tiene miedo?

 

 

–No tengo ese miedo a la muerte que tiene todo el mundo. Antes, cuando no te explicaban de lo que se trataba, sí. Ahora ya no. Yo creo en la reencarnación, así que no me quita el sueño. Sí le tengo miedo a la ignorancia, complica la vida de mucha gente. 

 

 

– ¿Cómo lo encuentra este fin de año? 

 

 

–Bien, con cosas para enfocar el año próximo desde otro lugar. Quiero un camino de elevación. Quiero vivir otras experiencias.

 

 

–Si tuviera una charla imaginaria con Iñaki a los 8 años, cuando empezó, ¿qué le diría?

 

 

–¡Buen trabajo, nene!

 

 

 

LA REVERSIÓN DE UN CLÁSICO

 

“Es un espectáculo que me da mucho placer hacer.” Con El Cascanueces, Iñaki se presenta nuevamente en Buenos Aires en su triple rol de bailarín, coreógrafo y director general. Hará vibrar el escenario acompañado por el Ballet Concierto, La Orquesta Académica de Buenos Aires y el Coro Kennedy. Lo encontramos en plena etapa de ensayos, y ultimando detalles para interpretar este cuento navideño en el que guiará al público por un recorrido entre mundos maravillosos de fantasía y encanto. Su actuación fue aclamada por la prensa internacional y conmueve a los espectadores, que lo aplauden de pie alrededor del mundo. Se presenta en Buenos Aires, el 6, 8 y 9 de diciembre en el teatro Ópera Citi.

 

 

 

Agradecimiento: Esplendor Hotel Buenos Air es. www.esplendorhoteles.com