La mano derecha de Sebastián Ortega sale a la luz tras el éxito arrollador de Graduados. Cómo crea y qué piensa el cerebro detrás del fenómeno del año.

¿Cómo se llega a ser uno de los productores número uno de la televisión? ¿Cómo se hace un éxito? ¿Qué hay que tener para llegar? En el caso de Pablo Culell, estas preguntas tienen una respuesta clara: trabajo duro, talento y pasión. El talento es algo difícil de medir en este rubro, pero las horas de trabajo y el compromiso con lo que uno hace son un bien tangible. Para Pablo, “el” productor, el tema es claro.

 

“Yo no sé lo que es no ir a trabajar, en mi vida falté al trabajo. Aun sintiéndome mal, siempre iba a trabajar, me tomaba el colectivo a las doce de la noche desde Constitución, en Canal 13, llegaba a mi casa en San Martín a las dos de la mañana y a las seis me levantaba y volvía a tomarme el Bondi al canal. Y estaba todo el día ahí. Incluso dormí adentro de un canal de televisión, porque trabajaba tanto que no tenía sentido volver a casa por tan pocas horas”, recuerda.

 

 

–¿Más de una vez durmió en la oficina de un canal?

 

 

–Sí.

 

–¿La pasó muy mal?

 

 

–No, yo era feliz. No tenía mucha vida fuera de eso, lo disfrutaba mucho. Por eso hoy me cuesta ver a los chicos que trabajan en producción y se ponen quejosos, dicen que no dan abasto, que no llegan. Y pienso que está en uno. Si vos querés laburar de esto, es así. A mí nadie me obliga a hacerlo, pero quiero trabajar con gente que sea igual de apasionada que yo, si no no me sirve.

 

 

–¿De dónde viene?

 

 

–Nací en Pergamino, una ciudad al norte de la provincia de Buenos Aires. Mi viejo laburaba en el campo, mi mamá era maestra. Cuando yo tenía doce años mi papá dejó el campo y nos vinimos a vivir a Buenos Aires, al partido de San Martín. Cuando terminé el colegio me puse a estudiar Comunicación Social y Periodismo en la Universidad del Salvador.

 

 

–¿Cómo llegó a los medios?

 

 

–A los 22 años quedé seleccionado a través de la facultad en una pasantía para Canal 13, en el área de noticias. Al poco tiempo surgió una vacante para el área de ficción del canal y ahí me quedé. A los tres meses estaba contratado por el canal y pasé diez años trabajando ahí.

 

 

“El gran tema de Graduados es el balance de la vida”.

 

 

–¿Es cierto que con Nancy Duplaá se conocen desde chicos?

 

 

–Sí, de cuando vivíamos en San Martín. Teníamos una amiga en común, nos fuimos juntos de vacaciones a San Bernardo, y me llamó mucho la atención lo linda que era, era una bomba, todos estaban locos por Nancy, aparte era muy simpática, muy bella. Después nos dejamos de ver y años más tarde, trabajando yo en canal 13, se hizo un casting muy grande de nuevas figuras y yo era el primero que recibía el material de la gente. Entre esas cinco mil personas recibo las fotos de Nancy y automáticamente la hago pasar el primer filtro.

 

 

 

“Más de una vez dormí en un canal de televisión”. 

 

 

 

–¿Fue su descubridor?

 

 

–No, son las vueltas de la vida, ella obviamente reunía todos los requisitos y luego de esa primera prueba pasó todos los castings que vinieron después. Por eso Graduados nos identifica a mí y a ella particularmente, porque vivimos los fines de los 80 juntos, el mismo barrio, el mismo grupo, las mismas vacaciones, la misma música. Graduados fue un gran reencuentro con Nancy, y ahora nos sentimos muy amigos el uno del otro, nos queremos mucho. 

 

 

–¿Cómo se complementan con Sebastián Ortega?

 

 

–En Underground trabajamos del siguiente modo: Sebastián es el ideólogo de los programas, él es un creador impresionante. Sebastián tira las ideas primarias y las desarrolla conmigo, yo le digo qué me parece. Él es un tipo que tiene la creatividad en la sangre, y yo soy un tipo que lleva la televisión en la sangre, entonces lo que hago es darles forma a las ideas de Seba, darles mi mirada, acompañarlas, desarrollarlas y hacerlas crecer. En ese punto yo ejecuto sus ideas, y contratamos a un equipo de autores y directores para que las desarrolle. Uno necesita de un equipo de productores que le hacen el día a día, gente en la que uno confía y uno siente un poco como discípulos, en este caso son Gustavo y Vanina, que son mi mano derecha.

 

 

–En el caso de Graduados, ¿cómo se dio la vuelta a los 80 y el furor por esa década?

 

 

–A medida que fuimos desarrollando el programa fue surgiendo la idea de mostrar toda esa etapa de los años 80. Lo que no sabíamos era que íbamos a estar tanto tiempo ahí, pensábamos que sólo era el comienzo para empezar a contar la historia. De hecho tampoco estaba pensado que los actores de 40 años hicieran las escenas de ellos en los 80, pero Sebas decidió asumir ese riesgo, sabiendo que podía quedar en ridículo. Si algo tiene Sebastián es que cuando siente algo se arriesga, y yo lo acompaño, porque soy tan loco como él en ese aspecto. 

 

 

–¿No le pone un freno?

 

 

–A veces hago de abogado del diablo, le pregunto si está seguro, le digo si no me parece algo. Yo no soy del tipo que le dice todo que sí, para eso tiene al mundo. Yo soy el tipo que le dice que no en algunas cosas, y como ya son diez años trabajando juntos, evidentemente la cosa funciona.

 

–¿Cómo se conocieron?

 

 

–Primero por su hermana Julieta. Yo estaba trabajando en una serie de Canal 13 en la que ella actuaba, y ahí empecé a conocer a parte de los Ortega. Por otro lado, la ex mujer de Sebastián, Guillermina, hizo un casting como actriz, siendo modelo, y quedó elegida para un proyecto que después no se hizo. Pero me acuerdo que venía a ensayar y Sebastián la pasaba a buscar. Entonces, escuchaba mucho de mí por ella, por Julieta y por el medio. Justo en ese momento yo estaba en una crisis con el canal porque había entrado a producir muy fuerte Pol-ka y los que trabajábamos en el 13 fuimos perdiendo lugar. Entonces, Sebastián me propuso ir con él. Y me fui.

 

 

–¿Qué mensajes se pueden transmitir desde la ficción?

 

 

–Se pueden decir un montón de cosas. Nosotros hemos aportado temas y hemos sido motivadores de debate, y eso me parece que está muy bien. Lo que tiene de bueno Graduados es eso, que todo tiene un sentido, las historias están contadas para algo, porque toda buena ficción tiene dos historias: el cuentito que te entretiene, y de qué quiere hablar ese programa. El cuento y el tema.

 

–¿En este caso, cuál sería el tema?

 

 

–El gran tema de Graduados es qué nos pasa a los cuarenta años en relación a lo que pensábamos, a los veinte, que nos iba a pasar. Es esa edad bisagra, la mitad de la vida. Cuando teníamos veinte pensábamos que iba a ser de una manera y luego a los cuarenta nos damos cuenta de cómo es realmente, y vemos qué nos queda por delante. Es el balance de la vida, pero desde el lugar de defender los códigos de la amistad, los códigos del amor, de la familia y de la tolerancia. Hoy los cuarentones somos todos medio inmaduros. Se fue cambiando la sociedad de algún modo en el que los cuarenta de hoy son los treinta de ayer.

 

 

–Somos más pelotudos, eso lo refleja Graduados.

 

 

–Totalmente.

 

 

–¿Cómo se maneja la ola de éxitos y fracasos al trabajar en televisión?

 

 

–Si vos tenés mucha paz interior y sos un tipo que, más allá de ser un loco de la tele y un adicto a los medios, tenés una vida, lo vivís como un momento más. Es duro, es difícil, pero nadie se muere por eso. Al contrario, aprendés. Sebas y yo hemos aprendido mucho de los fracasos. Yo soy un tipo cero depresivo, soy muy optimista, y para mí lo que pasó, pasó.

 

 

–¿Cuáles fueron los éxitos y los fracasos televisivos del año?

 

 

–Los fracasos prefiero no decirlos. Si tuviéramos la fórmula del éxito, nadie haría fracasos. Hay cosas que se hacen muy bien y la gente no responde, y viceversa. El éxito del año sin duda fue Graduados, porque trascendió el rating, está en la boca de la gente, va más allá de la audiencia, está en el corazón, es tema de conversación. Otros éxitos del año… Dulce amor, por el rating, El hombre de tu vida, porque está muy bien hecho. Y en términos de calidad –no necesariamente de rating– rescato Tiempos compulsivos y En terapia.

 

 

–¿Qué es para usted ser exitoso?

 

 

–Ser feliz. De nada sirve llenarte de plata o tener todos los premios en tu casa si vos no estás satisfecho. Hay gente que está satisfecha haciendo algo chiquito y es muy feliz con su vida personal, con su familia, sus hijos. Yo vivo una vida muy simple, amo a mi familia y amo a mis amigos, y el éxito para mí es más personal que profesional.

 

 

Los éxitos:

 

Tumberos

 

Disputas

 

Los Roldán

 

El tiempo no para

 

Lalola

 

Botineras

 

Los exitosos Pells

 

Graduados