Recibe cientos de tuits por día que elogian su trabajo en Graduados. Admirada y respetada desde sus comienzos. asegura que el éxito de la tira de Telefé aún la sorprende. Mujer de tablas, cine y TV, se entrega a un repo-desafío: “En todos estos años no hubo una sola nota donde pusieran lo que dije”.

Reconocerá que la prensa siempre la ha tratado muy bien y que la crítica, en general, tuvo buenos halagos para lo suyo. Pero como la vida trae sus “peros”, hace una salvedad: “En todos estos años no hubo una sola nota donde pusieran lo que dije”.

 

–¡Qué denuncia!

 

–Es sólo la verdad. Hay veces que me pregunto para qué hacen la nota si después escriben lo que quieren. A esta altura ya voy sabiendo que cuando lea el reportaje me encontraré con palabras que nunca dije.

 

–¿El famoso fuera de contexto?

 

– Sí, y también me han copiado palabras que dije hace diez años. Como por suerte una evoluciona, quizás en este momento ya no piense lo mismo o tenga ganas de decirlo de otra manera. Es eso. Antes me hacía problema. Ahora sigo sin entenderlo, pero dejó de sorprenderme.

 

–¿Propone un desafío?

 

–Vos me vas a decir que no, pero cuando yo lea la nota no va a ser igual. Cuando salga, hablamos.

 

–Hecho. ¿Se esperaba el éxito de Graduados?

 

–No, la verdad es que no me esperaba que Graduados tuviera este éxito rotundo. Y menos el éxito de Danna, mi personaje, que no es protagónico. Es algo muy gratificante, la verdad. Me pasan cosas muy lindas, mensajes amorosos que recibo casi a diario, felicitaciones…

 

–¿Qué condimentos ayudaron a marcar la diferencia en el rating?

 

–Que Sebas Ortega y Pablo Culell me llamaran me gustó de entrada, porque ellos tienen una actitud muy amorosa con el trabajo, son exigentes con los actores y la estética del programa. Y cuando entrás en un proyecto que sabés que va a estar muy cuidado es una gran ventaja. Esa virtud que ellos tienen marca una gran diferencia de entrada. Yo privilegio disfrutar lo que hago y hacer bien mi trabajo. Si el rating ayuda, mejor.

 

“Hago terapia aun desde antes de nacer. Llegué a la mitad de la carrera de Psicología. No me recibí, pero me ayudó a entender mejor a mis personajes”

 

 

–¿El personaje de la mamá judía siempre fue para usted?

 

–Sí. Pero te cuento algo: siempre que me convocan, le encuentro objeciones al personaje que me ofrecen. En este caso yo “era la madre de…”, como si “la madre de…” no fuera también odontóloga, pediatra, carnicera o lo que sea. Cumple función madre, punto. En ese sentido se toca un poco con el machismo y con la cosa de la juventud, como que pasada determinada edad sos madre, tía o abuela, no sos más una mujer. Eso es un poquito pesado. ¡Y además judía! Al principio tuve miedo de que Danna se convirtiera en un personaje aburrido. Se hizo y se caricaturizó tanto a la madre judía… Yo ya lo había hecho en La niñera, que tenía muchos prejuicios. No quería caer en ese estereotipo.

 

–No pudo con su genio, entonces. Ya tenía dos retos nuevos para despegarse del papel trillado.

 

–Exactamente. De la madre y de la madre judía. Su ser en el mundo era ocuparse de que los chicos coman, de que los chicos se casen, de que los chicos esto, del marido. Su vida era la familia.

 

–Como si no tuviera sexo.

 

–Como si no tuviera algo propio. Aunque lo propio de ella fuera no tener nada propio. Fue un tema que hablamos. Y hablamos de qué manías y patologías podría tener, como ese déficit que te provoca el ocuparte tanto de los demás y no tanto de vos, un desequilibrio que te lleva a caminos erráticos, como el vicio al juego. Me interesaba que fuera adicta al juego, podía desarrollarlo distinto, creo que eso ayudó.

 

–¿Se ve reflejada en ella?

 

–La verdad que no (risas). A Danna la entiendo, pero no me identifico en nada.

 

–¿Cómo es Busnelli mamá, qué le transmitió a su hija?

 

–No, no sé. Uno toma cosas de los viejos, pero se reelabora en uno. Ana es una chica muy alegre. El humor, quizás. Pero el padre (Axel Pauls, padre de Alan, Nicolás, Cristian y Gastón) también tenía mucho humor, eh. Puede ser cierta capacidad de juego. La vocación por la actuación, pero ella es más tranquila que yo. Además canta, se abre a otras experiencias en relación a la profesión. Estudió teatro desde muy chica, el padre la mandó, no yo. Nunca pensamos que iba a ser actriz. Mi hermana también es actriz. No sé…

 

–¿Es genética, entonces?

 

– Mi vieja nos mandaba mucho a actividades cuando éramos chicas, tipo danza, teatro… Creo que hubiera sido una buena actriz, pero cuando le preguntás si le hubiera gustado no sabe. Ella fue la típica persona que quería estudiar y no la dejaban. Tuvo muchas frustraciones en ese aspecto, creo que la cagaron bastante. Ya de grande desarrolló muchísimas actividades, hizo cursos de cosmetología, comidas, tortas, muñecos, ¡hasta estudió enfermería para darnos inyecciones a todos!

 

“Me parece que no tengo la calma necesaria para dirigir. Soy demasiado hiperkinética: me muevo, corro, bailo y grito al mismo tiempo. Sería como pedirme que haga una cirugía”.

 

 

–Su mamá vive, ¿cómo se llevan?

 

-Ahora re-bien.

 

–¿Por qué “ahora”?

 

–Porque tuvo una educación distinta. En casa mamá era más fría quizás, respecto al afecto digo, porque meterse se metía en todo. Papá, que hacía trabajos de imprenta, equilibraba, él era muy cariñoso. Hasta hace tres años mi vieja vivía sola y hacía natación. Hoy, con 97, ya no, pero está muy bien de acá (se toca la cabeza). Le canto canciones. Le canto o la llamo a Cecilia Rosetto y le pido que le cante por teléfono y Cecilia la llama. Es muy especial mi mamá. Hasta los 94 hacía partidas de poker con apuestas incluidas y nos ganaba a todos. Es competitiva y muy inteligente.

 

–¿Hace terapia?

 

–Sí, hago terapia aun desde antes de nacer. Llegué a la mitad de la carrera de Psicología. No me recibí, pero me ayudó a entender mejor a mis personajes. La herramienta del psicoanálisis es algo que me acompaña desde hace mucho tiempo. Igual no hablo de la popularidad, hablo de otros temas en relación con la televisión o el ser actriz.

 

–¿Cómo la trata la exposición?

 

–Me pasan varias cosas. Por un lado es muy agradable que la gente reconozca tu trabajo, que te digan que le diste una alegría y bla-bla-blá. Pero todo eso en gran escala se convierte en un agobio. No me pasa como a Maradona, pero me pasa.

 

–¿Algún ejemplo?

 

–A veces es raro, no es grato que alguien venga con una sonrisa y le tengas que decir: “No puedo”. Fuimos a las Cataratas para la entrega de los Martín Fierro y había gente famosa. Yo viajé con la idea de tener una relación mística: mirarlas tranquila, apreciarlas, disfrutarlas… Entonces, por consejo de mi hija, me calcé un gorro, los lentes negros y empecé a caminar detrás de un hombre muy famoso, pensando que la gente lo reconocería a él y yo podría seguir mi camino. No sé qué mala suerte tuve, pero el misticismo que buscaba a los dos pasos se fue al diablo. Son pavadas, claro, pero quitan momentos. Hay gente que no se hace tanto problema y otros que viven muy mal, aun peor que yo.

 

–¿Está preparada para una segunda parte de Graduados?

 

–No, me parece que así está bien. Ya basta. Hay que saber terminar las cosas. A mí no me gusta cuando algo bueno, por sacarle el jugo, se estira. Corrés el riesgo de que termine siendo decadente. Muchos se terminan suicidando. Es muy difícil la decisión en este momento, analizo bastante los proyectos que me llegan. Como ganas, me gustaría volver a hacer teatro.

 

–¿Qué ve en televisión?

 

–No veo mucha tele, algún documental y Graduados, por supuesto. Parece demagógico pero me gusta mucho el programa que hacemos.

 

–¿Nunca pensó en dirigir?

 

–No, me han pedido que dirija, pero no. Prefiero las tablas. Me parece que no tengo la calma necesaria para dirigir. Soy demasiado hiperkinética: me muevo, corro, bailo y grito al mismo tiempo. Sería como pedirme que haga una cirugía.

 

–¿Cómo se lleva con la vanguardia tecno?

 

–Tengo Facebook y Twitter hace bastante. Igual no lo uso para contar lo que hago cada dos pasos. Sigo diarios, periodistas y gente que me interesa, como la cuenta del hermano de Mariano Ferreyra. No entiendo mucho inglés pero sigo las noticias de Julian Assange de Wikileaks (el australiano encargado de sacar a la luz documentos confidenciales relacionados con la inteligencia militar de Estados Unidos y de otros países armamentistas), si veo algo muy lindo que puedo recomendar lo subo, retuiteo noticias sobre la tragedia de Once, de la que ya se cumplieron ocho meses. Informo, me informo y contesto las cosas lindas que me escriben.

 

 

@ELPLANETAURBANO: El Planeta Urbano queda a la espera de los comentarios de la señora @mirtabusnelli sobre esta nota.