Las playas menos publicitadas del Caribe ofrecen la posibilidad de, literalmente, desenchufarse.

Panamá sorprende al viajero casi desde el momento en que pisa su tierra. Sobre todo porque es uno de esos países de los que no se suele tener muchas referencias. Sorprende la convivencia de la vieja estructura colonial con el nuevo skyline digno de una metrópolis asiática. Sorprende también por el rastro profundamente norteamericano que aún perdura en un país claramente latino, por la calma de su gente y la magnitud de sus malls, invadidos por turistas de todas partes.

 

 

Finalmente, impacta por la enorme obra de ingeniería que representa su famoso canal. Pero su capital es apenas uno de los maravillosos lugares del país. En esta crónica nos referiremos a uno de los –quizá– últimos reductos sin tecnología, lo que no significa sin confort, un paraíso preservado de la contaminación 3G: el archipiélago de San Blas.

 

 

El Caribe más azul

 

El archipiélago de San Blas, un conjunto de islas coralinas también conocido como la Comarca de Kuna Yala, es un conjunto de islotes ubicados en el extremo sur del Caribe panameño y es patrimonio de la tribu kuna, que le disputó y ganó el territorio al mismísimo gobierno panameño y que cogobierna estas islas con representante propio en una gestión que hizo de este territorio un paraíso ecológico pocas veces visto. Las islas de San Blas son aproximadamente 360, y el folclore quiere que haya una por cada día del año. En estos dominios los kuna han logrado mantener sus tradiciones y su forma de vida durante siglos.

 

 

 

 

La cultura kuna: un plus para el visitante

 

San Blas sorprende al visitante desde el inicio, porque es recibido por las mujeres de la tribu vestidas y ornamentadas exquisitamente. Ellas mismas realizan sus vistosas blusas con molas, unas telas confeccionadas con trozos de muchas otras, aplicadas unas sobre otras y unidas por puntadas que tienen la complicación de un bordado. Es curioso observar los elaborados adornos que muestran sus brazos y piernas y los aros de oro en sus narices. Estas molas se han convertido hoy en un factor importante del comercio artesanal de la comarca, ya que el visitante las adquiere como si de tapices o elaborados cuadros bordados se trataran.

 

También son magníficas las pulseras que las mujeres enrollan en sus antebrazos y sus tobillos y cuya colocación exige una concentración y una técnica especiales.

 

 

 

 

Adiós, teléfono

 

Lo que más reconfortará al viajero es dormir plácidamente en los preciosos bohíos de paja, provistos de luz por paneles solares y agua reciclada, instalados sobre pilotes desde donde se puede saltar a las cristalinas aguas del Caribe más puro. Los colchones, manufacturados en las islas, son estrictamente ecológicos.

 

En tren de recomendaciones, las locales Air Panamá y Aeroperlas cuentan con vuelos matutinos diarios desde el aeropuerto de Albrook, en la ciudad de Panamá. Publicaciones tan prestigiosas como National Geographic Traveler y Le Monde Voyage han publicado notas sumamente elogiosas sobre estas islas recomendando, sobre todo, a la isla El Porvenir.

 

En el pequeño avión a hélice que es necesario tomar para llegar a este paraíso el viajero se siente con ganas de tirar el celular por la ventanilla. Mejor no hacerlo, pero el consejo es acercarse a esta geografía sublime y cortar con la hiperconexión al menos por un rato.