El músico, cantante y compositor que se mantuvo vigente por tres décadas con Los Fabulosos Cadillacs no para de triunfar como solista. Amor, política y otras adicciones en una entrevista imperdible.

Vicentico espera sentado en la sala de reuniones de su compañía discográfica conservando la paciencia. No le gusta dar notas; explayarse sobre sí mismo no es lo suyo. No siente que tenga nada importante que declarar ni se desespera por salir en los medios. Sin embargo, esa tarde está tranquilo, y encuentra en nosotros la confianza suficiente para hablar de todo. Hace dos meses entrevistamos a la actriz Valeria Bertuccelli, su mujer desde hace 18 años y la madre de sus dos hijos, Florián, de 17, y Vicente, de cinco. Hay que ver juntos a Vicentico y Valeria para creer en el amor. Hay que conocerlos, escucharlos referirse uno al otro, para morirse de la envidia por el gran equipo que forman juntos.

 

En esta nota, el cantante habla de cosas que a nosotros nos parecen importantes. Además de declarar y reafirmar una y otra vez su amor eterno por Valeria, reflexiona sobre la política actual, cuenta que prefiere mantenerse al margen de las redes sociales y establece su canon de prioridades: para él, un artista que logró todo, la felicidad plena consiste en conservar intacta la vida doméstica que construyó, y tener más tiempo para estar en su casa haciendo nada –y haciendo todo– con su mujer y sus hijos.

 

–¿Siente que algo le quedó pendiente?

 

–Cumplí 48 años y no creo que se me haya pasado nada. Me siento muy muy joven, no tengo esa preocupación por el momento. Tal vez dentro de un tiempo me dé una piña. En lo único que puedo un poco sentir el paso del tiempo es en lo físico, haciendo deporte. A mí me gusta mucho jugar al fútbol, correr, nadar, y a veces me encuentro con algún obstáculo o limitación. Tiene que ver más con el dolor físico, pero también es interesante y también hay algo ahí que aprender, porque el dolor es un camino para tener en cuenta: donde duele hay que fijarse, por algo duele. Entonces, hay que ir por ahí.

 

–¿Hay que ir o hay que evitarlo?

 

–No, no, hay que ir. Si duele algo es porque hay que prestar atención. Lo mismo para el espíritu que para el cuerpo: si algo duele, hay que trabajar en eso. Digo yo, capaz que me re equivoco.

 

–¿Es cierto que una canción tiene el poder de modificar el estado de ánimo de una persona?

 

–A mí ser escuchado por alguien de alguna manera me modifi ca lo que yo haga. En la física cuántica hay cosas que son tan pequeñas que sólo por ser observadas se modifican. Si vos agarrás algo demasiado pequeño, sólo con agarrarlo lo modificás, creo que la música y todo el arte se resignifica cuando uno lo escucha, y esa resignificación a veces es tan fuerte que modifica algo, todo está cambiándose todo el tiempo.

 

–Claro, no es lo mismo escuchar la canción de ABBA (“The Winner Takes it All”, o “Sólo hay un ganador”, en versión de Vicentico) cuando a uno lo acaban de dejar que en un momento de felicidad plena.

 

–(Ríe) Tal cual. Ese podría ser un ejemplo. Esa canción es muy bajón si te dejaron. Es una canción divina.

 

–Es la mejor canción de ABBA.

 

–Sí, ABBA tiene muchas canciones lindas.

 

–¿Pudo ver el musical en Broadway?

 

–No.

 

–¿Es un hombre antimusicales de Broadway?

 

–No, yo no soy anti nada, simplemente me da un poco de fiaca. Ya con escuchar la canción me alcanza. A mí hay cosas que me gustan mucho, como ABBA o Queen, que después me cuesta ir a ver una reversión de eso. Me gusta el original, no los fanatismos.

 

–¿Y los tributos?

 

–A los Cadillacs nos hicieron varios tributos.

 

–¿Y hay un Vicentico trucho, como pasa con Sabina y Arjona?

 

–(Ríe) Sí, hay algunos imitadores, pero no tributo.

 

–¿Es cierto que no le gusta hablar de tú en las canciones?

 

–Sí, prefiero hablar de vos. Si yo compongo, no puedo escribir de tú, me parece cualquiera.

 

–Es sabido que le gusta Cristian Castro, ¿nunca intentó hacer un cover de sus canciones?

 

–No, es difícil, traté pero no logré empatía con las palabras. La canción de ABBA, en cambio, es difícil pero tiene una letra que a mí me gusta mucho lo que dice, me gusta y puedo cantarlo fácilmente. En cambio de Cristian me gustan muchas canciones, pero para cantarlas tendría que encontrarles la vuelta.

 

–Igualmente cantaron juntos.

 

–Sí, cuando a Shakira le entregaron un Grammy, viajamos a Las Vegas y cantamos a dúo con Cristian una canción de ella.

 

–¿Por qué dice que cantar con Cristian Castro es punk?

 

–La gente se pone muy ploma, muy intensa, me dice: “¿Eh, por qué cantás con Cristian?”.

 

–¿Quién sería esa gente?

 

–Con los únicos que yo hablo es con la prensa, a veces, y me pasa que me juzgan. Yo entiendo que me estén preguntando eso porque hay mucha tontería y la gente está loca, deposita en la música cosas que a esta altura de la vida es ridículo poner, pero en todo caso me parece que, si fuera cualquiera cantar con Cristian o con quien sea, es mucho más valiente y punky de mi parte hacerlo que no hacerlo. Si yo lo hiciera, no habría nada de lo que hablar. Entonces hubo algo de lo que sucedió que a alguien le hace ruido. A mí no. Aparte es divertidísimo. Agarrá a cualquier cantante y decile: “¿Qué preferís, quedarte en tu casa o estar en Las Vegas, en los Grammys, cantando una canción?”. Yo a veces puedo decidir quedarme en casa porque me da fiaca ir, pero la verdad es que algunas cosas todavía me dan ganas. Me copa viajar allá y pasar por la situación de cantar con una orquesta, con Cristian Castro y qué se yo.

 

–Esa crítica de algunos puede sonar a envidia.

 

–No, lo que puede dar envidia es que a mí no me importe lo que digan, que no me moleste hacerlo. También cuando canté con Ricky Martin se armó lío.

 

 

ESTAR DE VUELTA

 

–Está claro que no le importa el qué dirán. ¿Eso se traduce en un estilo de vida?

 

–Claro, me chupa un huevo absoluto. Es más, si hay algo de lo que me gustaría alardear, es sobre eso.

 

–¿Sería estar de vuelta?

 

–No, para nada. Es un buen modo de freakear. Yo no tengo muchas ambiciones externas, pero si tengo alguna que involucra a los demás es poder freakear al idiota medio. Es sacar al idiota medio de su letargo.

 

–¿Cómo es eso?

 

–Tampoco quiero que suene soberbio, simplemente si yo puedo hacerle temblequear el cerebro a alguien, si tengo la oportunidad, no la dejo pasar. No sé por qué es eso.

 

–Porque le divierte.

 

–Porque me divierte y también porque estamos repletos de mediocridad estúpida. Todo lo que se habla, se habla tanto de más… Te sacan de foco todo el tiempo. En algún sentido los discos que yo hago provocan, porque sé que estoy jugando con un borde; el disco tiene un halo romántico y extraño que todo el tiempo está bordeando los límites.

 

–Hablando del idiota medio, ¿quién es para usted el mejor exponente?

 

–No lo pondría en términos de grupos, para mí es tonto el que se toma mortalmente en serio a sí mismo, el que no entiende que la música debe ser todo lo contrario a eso. Tiene que ser lo que sea, lo que importa es el modo en que se hace.

 

–¿Cuáles son sus ambiciones?

 

–Son todas demasiado básicas, cómo decirte… No perder mis días en el mar.

 

–¿Qué sería eso?

 

–Tener más tiempo libre, tiempo para hacer nada, y que a la vez eso se convierta en todo. Esa es mi ambición más fuerte. Parece simple, pero para mí es muy importante, y quiero llegar a eso.

 

–Existe el mito de que los músicos no llevan una vida sana.

 

–No es mi caso, yo soy bastante sano. Sólo tengo algunos problemas con el cigarrillo que me gustaría no tener.

 

–¿Fuma mucho?

 

–No tanto, pero me gustaría no fumar. Al margen de eso, soy recontrasano.

 

–¿Cómo se lleva con los límites en este sentido?

–Yo creo que cualquier cosa que se pase de la raya es enfermedad. Para mí, fumar marihuana o tomar cocaína no es una enfermedad. En cuanto uno se pasa con un límite propio, que no tiene que ver con el afuera, se transforma en adicción. Comer en exceso es una enfermedad, tomar alcohol de más también.

 

–¿Es cierto que no toma?

 

–Yo alcohol no tomo.

 

–¿Nada de nada?

 

–Nada.

 

–¿Ni una cerveza?

 

–No.

 

–¿No le gusta?

 

–Tomé mucho cuando era chico. Un día dejé de tomar y nunca más volví. No me interesa especialmente, no me gusta el efecto que produce, no me sirve para nada.

 

–¿No lo considera bueno para desinhibirse?

 

–Es que no me hace falta desinhibirme. Me gusta poder controlar lo que hago, y el alcohol te afloja demasiado. Sí me gustan bastante, aunque para nada como algo de necesidad, la marihuana o las drogas más psicodélicas que te abren la cabeza. De pendejo me encantaban y ahora de grande no me hacen tanta falta.

 

–¿Le pegan mal?

 

–No, para nada. Nunca tuve un mal viaje con ninguna droga, por suerte. Pero ahora me pasa que puedo llegar al mismo estado sin consumirlas. Igual, me gusta fumar de vez en cuando.

 

–¿Embandera la causa de la legalización?

 

–A mí no me importa si se legaliza la droga o no, me da igual. Si se quiere legalizar, genial, pero no soy un abanderado de la causa porque no me interesa. Yo igual hago lo que quiero, siempre hice lo que quise. Está

bueno que eso se vaya liberando y legalizando, pero tampoco es que a mí me importa cien mil por ciento eso. Adentro de mí sé lo que es y no me hace falta que legalicen nada.

 

POLÍTICAMENTE INCORRECTO

 

 

–¿Mira televisión?

 

–Cuando era más pibe veía mucho la tele y estaba más colgado en eso, pero ahora hay tantas cosas más entretenidas para hacer que es un bajón ponerse a mirar. A veces prendemos la tele con Valeria y decimos: “¿Qué estamos haciendo? ¡Estamos metidos en cualquiera!”. El día del cacerolazo por la cadena de Cristina fue una locura, todo el mundo encerrado en su casa

viendo un cuadrado, todos con la cabeza opinando, un delirio. No me interesa eso en lo más mínimo.

 

–¿Hay algo que le moleste de la situación actual de los medios?

 

–No me gusta estar metido en la estupidez de la mentira de los medios, tanto de un lado como del otro. Son todos un desastre, están todos locos. Esto no le hace bien a nadie, está todo el mundo muy enroscado en algo que andá a saber dónde termina. De todos modos, es interesante, y visto desde afuera hay una especie de tejido mundial que no sé a dónde nos conduce, pero prefiero mirarlo desde afuera. No tengo Facebook ni nada de esas cosas raras.

 

Me parece mucho más sano para mí mirar todo desde afuera. Me recontrachupa un huevo. No voy a tener nunca Facebook ni Twitter para ponerme a opinar de política, es una locura. Un tipo solo desde su casa mirando el televisor y la computadora, y con una cacerola haciendo ting ting. Es de terror, me da miedo. La gente está muy loca.

 

–¿Se coloca –o lo colocan– en alguno de los dos bandos políticos y mediáticos?

 

–Es lo mismo de un bando o del otro. Me chupa todo un huevo, que hagan lo que quieran. A mí nunca me interesó la política, mi posición siempre fue igual. Y lo digo con todas las letras, me chupan un huevo todos, me chupa un huevo Cristina y me chupa un huevo Macri. Los dos me parecen gente que hace política, y la política para mí no es el camino, es un camino mentiroso y punto. De cualquier modo, si hay algo que me interese, puedo participar. Sí me parecía importante que muchos amigos se pudieran casar y formar una familia de la manera que ellos tuvieran ganas. Y así se manejan las cosas, por afinidad y por cercanía. Yo no puedo pensar en macro, puedo pensar en lo que tengo cerca, y si alguien me tira una onda yo tiro una onda. Si conozco a alguien que se lo llevan preso por fumarse un porro, lo más probable es que salte.

 

UN HOMBRE DE FAMILIA

 

–Encontrar a alguien con quien compartir la vida todo el tiempo es genial.

 

–Da envidia.

 

–Puede ser, porque mucha gente me dice: “¡Pero como están juntos tanto tiempo!”. Y no es un logro, a mí me copa eso, y aparte descubrí que me copa en serio, o sea, lo lamento por los que piensen que no está bien. Prefiero toda la vida eso a estar dando vueltas como un boludo, saliendo… ¡Ni hablar de eso! A mí salir a levantar gente me produce una depresión y una tristeza horribles. Ir a un bar a levantarse a alguien me parece tristísimo, si no estuviera con Vale, estaría solo.

 

–¿Soltero?

 

–Sí.

 

–No, en algún momento saldría a buscar.

 

–Bueno, eso es lo que piensa la mayoría de la gente, pero yo no estaría con nadie. Yo sé que es difícil de creer, pero encontré un modo de vivir perfecto, genial. A lo mejor algún día no estamos más juntos, pero igual seguiríamos juntos. Lo que nos puede pasar es que nos agote la convivencia. Vale es muy ordenada, y yo soy desordenado.

 

–Bueno, eso no es grave.

–No, claro, por eso te digo que para mí estar pareja es un modo de vida ideal. Me pasaba que tenía muchos amigos gays que se querían casar y no podían, y por eso me daban más ganas de que se aprobara la ley. Porque sé cómo te cambia la vida, cómo bajás a un nivel donde todo ya no importa, donde está todo bien y todo se disfruta diez veces más: el sexo, la vida, todo es más copado. Pero bueno, lo lamento por los que no lo logran.

 

–Se nota que en ese sentido es incondicional.

 

–Es una decisión clara. Vos elegís estar con la otra persona pase lo que pase, y vas a entenderla y quererla en la situación que sea. Y para mí no hay nada que perdonar, nada. No tengo que perdonarla por lo que hizo, tengo que entenderla. No sé qué me pasaría si me enterara que se garchó a Benicio del Toro. Bueno, creo que la entendería en ese caso, es un tipo muy pintón (risas).

 

–¿Valeria tiene algo del carácter de su personaje de la Tana Ferro? ¿Es malhumorada?

 

–No (ríe). Ponele, un cinco por ciento de lo que pasa en la película. Yo soy muy relajado, pero también muy desordenado. Es la pelea típica. Yo siempre fui un desastre en ese aspecto, pero con el tiempo entendí que hay algo muy fino en la pulcritud y la limpieza de Valeria que me gusta.

 

–¿Lo emociona que su hijo Florián sea músico?

 

–Sí, me encanta, me vuelve loco. Me encanta verlo hacer eso, y es él, cien por ciento él.

 

–¿Cómo es la vida doméstica de ustedes?

 

–Normal, como la de cualquier familia, no sé. Entramos, salimos.

 

–¿Esa es la felicidad?

 

–Esa es la felicidad plena, a mí me gusta eso. Yo disfruto eso, es lo que más me gusta. Llevar a mi hijo más chico al colegio, verlo que entra, me cago de risa. Me gustaría tener más ocupaciones como esa y no tener ninguna de las otras.

 

–Bueno, pero hay que compensar.

 

–Sí, claro, ahora exagero, pero también me gusta tener un show a la noche, estar arriba del escenario y sentir que la música fluye al palo, es superemocionante. Pero me gusta mucho lo otro también, me gusta todo.

 

VICENTICO 5: su nuevo disco

 

–¿Qué fue lo que más aprendió luego de cinco discos como solista?

 

–A mí me parece que nunca parás de aprender, no es una frase hecha. Sucede que es así. Son distintos niveles de lo que a mí me pasa con la música. Uno va aprendiendo cosas puntuales que tienen que ver con el oficio, como cantar determinada cosa, colocar la voz, sacar una canción. Cosas técnicas y que tienen que ver con el espíritu, porque en un cantante todo se mezcla, como la voz es algo muy físico, no es un instrumento que vos lo pulsás y suena siempre igual. En el cuerpo está todo tan mezclado entre lo físico y las emociones que es instantáneo lo que el corazón dice a través del sonido de la voz.

 

–¿Cómo fue grabar dos temas de su disco con Valeria?

 

–El tema de grabar juntos es algo que estaba ahí dando vueltas desde hace un montón de tiempo. Ella tiene una voz muy dulce, entre parchís latina mexicana y a la vez algo muy afrancesado.