El boxeador del momento no deja de sorprender. A las glorias ganadas sobre el ring se suma la publicación de su primer libro, Corazón de Rey, y el deseo de convertirse en un escritor de profesión. Los detalles, en esta entrevista exclusiva.

 

Si uno se pregunta qué tienen en común Antonio Gasalla, Charlotte Caniggia y Sergio “Maravilla” Martínez, no encuentra en principio ninguna coincidencia. Sin embargo, los tres fueron protagonistas de ShowMatch. La diferencia entre los dos primeros y el boxeador es que aquellos tuvieron su momento de gloria pero terminaron devorados por esa picadora de carne en que se ha convertido el emblemático programa, mientras que Maravilla Martínez “usó” –en el buen sentido de la palabra– a Marcelo Tinelli para construir una imagen popular que no tenía pese a sus más de diez años peregrinando por rings de todo el mundo. No hay ninguna duda de que el altísimo rating que logró la pelea por el título de Martínez contra Julio Chávez Junior en Las Vegas se debió a la popularidad lograda por el boxeador en las dos veces que se presentó en Bailando por un sueño. No hay duda tampoco de que los más de tres mil argentinos que viajaron a los Estados Unidos para ver esa pelea lo hicieron porque Sergio mostró su carisma en ese programa. Pero a diferencia de los dos primeros nombrados y muchos otros, Martínez no se aferró a los tentadores más de 20 puntos de rating que promedia Tinelli sino que, logrado su objetivo de hacerse conocido, se marchó para prepararse para lo que mejor sabe hacer: boxear.

 

Radicado en España desde nuestra crisis de 2001, Sergio Martínez volvió a la Argentina con sus preciados cinturones de Campeón del Mundo de los pesos medianos y provocó un aluvión de pedidos de notas periodísticas y televisivas. Como buen agradecido que es, se prestó a una parodia de boxeo con Marcelo Tinelli y finalmente presentó su libro: Corazón de rey, en el que relata sus comienzos humildes, sus momentos de lucha para llegar a ser lo que es hoy, pero, sobre todo, su fortaleza mental para cumplir los objetivos propuestos. “Este no es un libro de box, no es una autobiografía y no es autoayuda, es un poco de todo lo que viví y que desembocó en lo que soy ahora”, le explica a El Planeta Urbano después de la presentación del libro, que se ha convertido en el más vendido de los últimos días en supermercados, kioscos y librerías.

 

“El libro está escrito para mostrarle a la gente la fuerza que tenemos en nuestro interior y cómo exteriorizar al exitoso que todos llevamos dentro”.

 

–¿Cómo fue que comenzó a escribir?

–Hace mucho que escribo, en las noches de insomnio, en las esperas de los aeropuertos, en mi casa de Madrid. Años atrás, cuando leí Cuarteles de invierno, de Osvaldo Soriano, me dije a mí mismo que algún día iba a escribir un relato de boxeo, un relato que tuviese que ver con lo que pasa dentro de un cuadrilátero. Para presentar Corazón de rey, Sergio apareció luciendo impecable traje y corbata y expresándose en forma correcta con la música de Calle 13 sonando de fondo, dejando a kilómetros de distancia el estereotipo del boxeador casi analfabeto cuyas opciones en la vida eran boxear o robar.

 

El campeón del mundo construyó pacientemente su imagen, y sabiendo que –más a sus 37 años– no le queda mucho tiempo como boxeador, ya anuncia que cuando deje de boxear se va a dedicar a escribir. Mientras tanto, se saca las ganas en el blog de la revista Ring Side.

 

–¿Cómo se lleva con la tecnología?

 

–Si bien, como dicen algunos, las redes sociales acercan a los que están lejos pero alejan a los que están cerca, y si bien ya me han hackeado el Facebook más de una vez, tengo que agradecer a los más de 260.000 seguidores que tengo en Twitter, con los que interactúo. Y también la posibilidad de estar conectado, aunque me encuentre a miles de kilómetros. 

 

Sergio “Maravilla” Martínez se nos planta a los argentinos en una época flaca en ídolos, una época en la que hasta Lionel Messi tiene que rendir examen cada vez que juega en el seleccionado para ser aceptado. Y lo hace confesando que ha releído últimamente La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, que le gusta porque “es un cachetazo a la vida”.

 

“Hace mucho que escribo, en las noches de insomnio, en las esperas de los aeropuertos, en mi casa de Madrid”.

 

“Intento ser feliz, ya que todo pasa por el corazón. La felicidad no es hacer todo lo que uno desea sino fortalecerse haciendo feliz a los que lo rodean. Escuché tantas veces “no vas a poder” que siempre me planteo la estrategia para conseguir lo que quiero. Y casi siempre lo consigo. Seguro que en otra vida debo haber sido luchador o guerrero”, nos cuenta quien se desempeñó como monaguillo durante 7 años, y hasta fue profesor de catecismo.

 

Su carrera de boxeador ha hecho un paréntesis hasta mayo del año próximo. Después de la operación por la lesión sufrida en el combate contra Julio Chávez Junior, Sergio escucha ofertas para pelear en la cancha de River, en el Estadio Único de La Plata o en el mítico Luna Park, ya que su objetivo es “hacer una pelea en la Argentina con entradas a precios populares, para que mucha gente me pueda ver en vivo y así devolverles todo el amor que hoy me brindan. Yo no viví los tiempos de Monzón, Galíndez o Bonavena, pero sé que peleaban con estadios llenos y eso me gustaría que sucediera en mi pelea aquí. Después ya tendré tiempo de hacer una o dos peleas más buscando también una diferencia económica”.

–¿Cómo se prepara para una pelea?

 

–Lo más importante es la preparación mental. Dicen que los boxeadores no pueden pensar, pero para ganar hay que plantearse una estrategia y tener por lo menos dos dedos de frente para llevarla a cabo. Después, todo es cuestión de no darse por vencido ni aun vencido.

 

 

Nos volvemos a preguntar: ¿será Maravilla Martínez el ídolo deportivo que los argentinos estamos esperando? Su despedida con lágrimas en la presentación de su libro con un “Soy un loco con delirio de grandeza. Hasta la victoria siempre” nos recuerda a esa vieja película protagonizada por Richard Harris: El llanto del ídolo. 

 

 

“Para ganar hay que plantearse una estrategia y tener por lo menos dos dedos de frente para llevarla a cabo”.