Los ingleses vuelven a imponer tendencia con la llegada de las silent disco. Ponerse los auriculares y bailar es la consigna para no quedar afuera.

We walked down to the disco on that Saturday night, you know you really looked good, you know I felt all right, we walked to that disco on that saturday night. Así suena “Debedé” de Sumo, pero si uno entrara sin saber qué está yendo a ver, se sorprendería: las personas se mueven y bailan pero no se escucha música.

 

La música la escuchan sólo ellos, porque las silent disco son lo que su traducción impone, una disco silenciosa. Una disco donde la gente danza con auriculares inalámbricos y muchas veces hay más de un DJ al mismo tiempo haciendo bailar a las diferentes personas dentro del lugar. Es una suerte de competencia para ver quien hace bailar más a sus “bailadores” y, al día de hoy, es una fiesta que se impone en varios festivales y ciudades porque puede convivir en paz con su entorno sin producir ruidos molestos.

 

 

 

Había una vez una  disco silenciosa

 

La historia de las silent disco se remonta a la escena de una película finlandesa de ciencia ficción llamada Ruusujen Aika donde había muchas personas usando auriculares y bailando en una fiesta. El mismo concepto fue utilizado por activistas ecológicos a principios de los 90 para protestar en contra de la polución auditiva y el efecto que esto tiene sobre los animales.

 

En el año 2000, el ciclo BBC Live Music tuvo su momento silent disco cuando le entregó a la audiencia auriculares para escuchar a una banda en vivo. Pero fue en 2005 cuando el mundialmente conocido festival de Glastonbury, el más grande de Inglaterra, realizó una fiesta en gran escala de bailadores inalámbricos.

 

Esto se propagó a través de Europa y el nombre de silent disco empezó a tomar forma hasta el punto que el diccionario de Oxford online lo incluyó y definió como un “sustantivo informal”, “propio de los británicos”, que alude a un “evento en el cual las personas bailan una música que se transmite a través de auriculares inalámbricos, más que de un sistema de sonido convencional; los organizadores eligen una silent disco para eliminar los ruidos molestos”. Así es como la sociedad inglesa y europea incorpora el concepto de las discos silenciosas y arranca la fiesta: casamientos, eventos corporativos, fiestas al ternativas, y las celebraciones comienzan a popularizarse, incluso hasta el punto que algunas compañías privadas buscan desarrollar “kits” especiales y tecnológicos para irse de fiesta.

 

Dentro de la variante de la silent disco, encontramos también los clubs móviles, donde la gente se provee de su propia música para bailar, a través de dispositivos como un mp3, y siempre utilizando auriculares. Estas fiestas pueden incluir cientos de personas, transformando los espacios públicos en áreas temporarias de fiesta y celebración en donde los bailadores escuchan sus propias listas de música.

 

 

La convocatoria es en general a través de e-mails o redes sociales, y el primer evento fue organizado por el artista inglés Ben Cummins, fundador del Pillow Fight Club, que junto a Emma Davis convocaron a una fiesta en la estación de metro de Liverpool Street en Londres en mayo de 2003. En los meses siguientes, las fiestas se multiplicaron en otras estaciones de metro tales como Waterloo, Charing Cross y London Bridge. Para el final del año 2008, se habían realizado más de veinte de estos eventos en lugares similares dentro de la ciudad de Londres, principalmente en estaciones de metro pero también en otros espacios públicos, dando lugar a bailes y expresiones urbanas espontáneas y masivas. El clímax fue la fiesta que convocó a más de cuatro mil participantes en Victoria Station, que finalmente fue interrumpida por la policía dos horas después.

 

Lo que importa es el silencio

 

Otra variante de la silent disco es la silent gig, donde diferentes bandas compiten por la aprobación de la audiencia. La gente escucha a cada una con auriculares puestos y el único sonido que se puede escuchar de la banda, sin tener puestos los aparatos, es la voz del cantante. Visualmente percibimos luces que salen de la batería, donde cada golpe genera una luz de color diferente. El silent gig más grande se hizo en agosto de 2008 en Cardiff, llamada la silenciosa Guerra de las Bandas, donde la gente podía circular de escenario en escenario, eligiendo a quien quería escuchar. El evento fue transmitido con gran audiencia nada menos que por la BBC.

 

Actualmente, se están explorando formas de aplicar esta técnica al teatro, al cine y al arte. Naomi Kendrick, una artista de Manchester, realizó una intervención utilizando auriculares inalámbricos como parte de un evento de dibujo, donde los participantes usaban los auriculares y podían elegir entre dos canales de música diferentes para dibujar. En el cine, se realizan eventos en terrazas donde la gente puede ver la película tranquilamente y escucharla aun mejor. En teatro todavía no encuentra una buena aplicación, pero sí se han realizado espectáculos que combinan participaciones más activadas del público, como recorrer un itinerario dentro de una performance narrativa guiada.

En el año 2000, el ciclo BBC Live Music tuvo su momento silencioso cuando le entregó a la audiencia auriculares para escuchar a una banda en vivo. Pero fue en 2005 cuando el mundialmente conocido festival de Glastonbury realizó una fiesta en gran escala de bailadores inalámbricos.

 

La empresa 433FM.com es la que, desde 2002, comenzó a producir formalmente las fiestas: giras por Europa, Asia y América buscando mejorar la calidad de la música y la forma de transmisión.

 

Hoy esto se transformó en un movimiento que se refleja en las redes sociales y en internet. Y es un servicio que se puede contratar, sin importar donde se encuentre el interesado. El calendario es variado, e incluye ciudades como Rótterdam, Tokio, Benicàssim, Ámsterdam, Osaka y Edimburgo, entre otras. En la Argentina, de la mano de una conocida marca de bebida alcohólica, se realizó la primera fiesta silent disco en la discoteca Shampoo. Quizás esto sea una tendencia que haya llegado para quedarse, porque divertirse en silencio parece ser la nueva consigna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 El diccionario de Oxford online lo definió como un “sustantivo informal”, “propio de los británicos”, que alude a un “evento en el cual las personas bailan una música que se transmite a través de auriculares inalámbricos”.