Resulta difícil no reírse conversando con ella. Resulta fácil entrevistarla porque no tiene vueltas. Hace magia con sus tiempos, pero le queda lugar para algún conejo en su galera y no deja de sonreír.

Llegó a la sesión de fotos y dos minutos más tarde estábamos todos riendo con sus cuentos. Con la misma energía me recibió a la mañana siguiente en la radio para hacer el reportaje durante los cortes. Un reportaje absolutamente divertido con una Maju que corría por los pasillos para llegar a la nota.

 

Está en pareja hace cinco años con Julián Vardé, director de Publico Press Group. Juntos formaron una familia con la llegada de Joaquín (un año y un mes) y acomodan sus cargadas agendas para priorizar este proyecto, que es el más importante de sus vidas.

 

–¿Televisión o radio?

 

–Para mí el mix ideal sería radio todos los días y tele una vez por semana. Te confieso que a mí la tele me encanta y la disfruto muchísimo. Lo que no me gusta es lo que sucede alrededor de ella.  Decir que la tele es una garcha es un poco fuerte, pero todos los juegos que no tienen que ver con la tele en sí, como la guita, los egos, el poder, seguramente lo son.

 

–¿Cómo es laburar con Lalo?

 

–¡Maravilloso! Laburar con él es lo máximo. Es el único hombre que me duró siete años y yo la única con la que trabajó siete años seguidos. Somos una pareja radial muy consolidada (se ríe). Y él es como un maestro silencioso que te va guiando. Creo que cuando alguien es muy talentoso y está seguro del lugar que ocupa, no tiene problema en compartir lo que sabe.

 

–Tiene mucho que ver con el manejo del ego.

 

–En realidad es muy difícil dejarlo a un costado porque en los medios estás expuesto, entonces el ego tiene su lugar. Lo que hay que aprender es a acomodarlo lo mejor posible para que no ensucie el laburo. Hay que tenerlo controlado porque es un monstruo grande y si no lo tenés en su lugar, te pisa la cabeza.

 

–¿Proyectos para 2013?

 

–Sigo con la radio y con la revista de Susana, y te confieso que tengo muchas ganas de hacer una obra de teatro con la que estoy coqueteando desde el último año. Cuando surgió esta propuesta, yo estaba embarazada y este año Joaquín es muy chico, así que por ahí el año que viene.

 

–¿Cómo distribuye su tiempo ahora que es mamá?

 

–(Se ríe y mira hacia arriba como pidiendo que le bajen una respuesta) Creo que uno no imagina lo que es ser madre hasta que lo es. Es una experiencia que no se puede transmitir. Igual voy a hablar por mí. Me generó una necesidad de estar y ser perfecta en todos los ámbitos, y con el tiempo me di cuenta de que uno tiene que aceptar que no se puede, ¡porque no se puede! (ríe a carcajadas). Es complicado, pero no imposible, al principio es muy caótico y creés que no vas a poder organizarte y después se va acomodando todo de a poco. Una también puede elegir aceptar esta demanda o pasar por la vida teniendo hijos y dejando que te los cuide otro. Pero una tiene la fantasía de ser una mamá presente, sin dejar de ser mujer. Te das cuenta de que tu tiempo lo tenés que compartir con otro para siempre. Cuando fui madre me di cuenta de lo egoísta que era.

 

–¿Por qué?

 

–Porque era mucho más independiente y dueña de mis tiempos de lo que yo creía. Lo primero que me pasó cuando nació Joaquín fue una especie de pánico ante el amor que sentí por ese bebé. Nunca creí posible algo así. Es un amor diferente, ni mejor ni peor. Lo que sí creo es que tiene que ser elegido.

 

–En su caso fue claramente elegido.

 

–¡Sí, imaginate que yo fui mamá a los 40! Muchas veces miro dormir a Joaquín y pienso que podría haberme perdido de esto. Sinceramente, no pensé en formar una familia hasta que Julián entró en mi vida. Ahora, antes de él no tenía la idea de la familia y la maternidad. No quería tener un hijo hasta que mis frustraciones estuvieran bastante cubiertas.

 

–¿A que se refiere con frustraciones cubiertas?

 

–Me daba miedo tener un hijo con la vida tan poco resuelta, o con la necesidad que yo tenía de hacerme un lugar en los medios y de laburar en lo mío.

 

–Sueños por cumplir.

 

–No soy mucho de decir: “Tal cosa me gustaría”. Cuando me proponen algo que me gusta me re engancho con ese proyecto, pero no planifico todo en mi vida. Por ahí cuando era más chica sí. Cuando vivía en Paraná sabía que mi vida no estaba de ese lado del río, pero desde que me vine y empecé a laburar de lo mío se me aplacaron los monstruos. Ahora estoy más abierta a la sorpresa.

 

–¿Le queda algún sueño, de los históricos, por cumplir?

 

–Sí, trabajar en teatro con más dedicación y escribir un libro. ¡Amo escribir! Pero confieso que soy más de esperar… siempre digo que mi vida es una gran sala de espera.

 

“Estoy contenta con la vida que tengo. Me ha costado mucho sacrificio y ahora estoy en un momento de disfrute”.

 

–¿Por qué?

 

–Porque siempre estoy como a la espera y cuando me llaman arranco. Estoy contenta con la vida que tengo. Me ha costado mucho, mucho sacrificio. Me costó dejar a mi familia, llegar a Buenos Aires con menos de lo puesto, vivir de prestada años, cagada de hambre. Ahora estoy en un momento de disfrute. Y esto lo aprendí de Lalo. Él siempre me dice: “Negra, pará la moto que se te va la vida”, y finalmente lo aprendí. Toda mi vida viví un paso adelante de lo que estaba sucediendo y me perdí de disfrutar mucho.

 

–¿Puede ser que esta situación de inestabilidad que me comentó la haya llevado a adelantarse?

 

–¡Claro! Cuando te hacés de abajo tenés que desarrollar ese instinto de supervivencia que de alguna manera te obliga a adelantarte a todo. La incertidumbre es tremenda. Hoy te puedo decir que muchas veces “paro la moto” y puedo ver que soy una privilegiada. Trabajo de lo mío y tengo una familia que nunca soñé. Esto me produce mucho placer.

 

–¿Puede ser por eso que ahora se siente en una sala de espera?

 

–Claro que puede ser. Ahora tengo otra visión de la vida porque sé que las cosas en algún momento suceden. Eso te da otra tranquilidad.

 

–¿Fobias?

 

–Miles, seguro. Me ahogan los tumultos de gente. También que la atención esté puesta sobre mí. Tal vez por eso no me caso (risas). Tengo muchas manías, por ejemplo, no puedo pasar frente a un espejo sin mirarme los dientes. Tampoco me gusta que coman de mi plato ni que el plato esté desordenado. Me gusta que la comida esté separada. Soy capaz de no comer si un plato está desordenado.

 

–Alguna representación debe de tener esto.

 

–Sí, seguro. El desorden en el plato es lo que más nerviosa me pone, pero voy a considerar la asociación (y hace el gesto típico del psicoanalista).

 

–¿Cuáles son sus fantasías?

 

–Cuando era niña fantaseaba con ser Liza Minnelli. Ahora de grande tengo la muy común fantasía, casi cliché, de vivir en una casa sobre el mar y dedicarme a escribir. Mi fantasía no es terminar mi vida acá en Buenos Aires. Siempre sentí que este lugar es de paso, para hacer lo que vine a hacer y retirarme.

 

–¿Lo que vino a hacer es lo que está haciendo?

 

–Sí, y es todo mejor de lo que imaginaba.

 

–Si tuviera tres deseos, ¿qué pediría?

 

–Salud, tiempo y amor.

 

–¿Qué desea para su hijo?

 

–Que sea feliz, que aprenda a disfrutar. Quiero que sea un buen “disfrutador” de la vida. Que esté despierto en el sentido de poder ver y darse cuenta de lo importante. Que sea consciente.

 

–¿Qué es lo que más admira en una persona?

 

–El saber disfrutar. También el sentido del humor y la generosidad.

 

–¿Usted tiene esa característica?

 

–No, pero lo estoy aprendiendo. Estoy aprendiendo a disfrutar.

 

–¿Qué no soporta?

 

–El egoísmo, y no tolero a la gente que no registra al otro. Y lo peor es que no lo perdono porque para mí es una falta de respeto.

 

–Una palabra que la defina.

 

–Saludable.

 

–¿Qué cosas no pueden faltar en su cartera?

 

–El óleo 31, billetera, anteojos de sol, pañuelos y algún caramelo.

 

–Si viaja, ¿qué no puede faltar en su valija?

 

–El pijama.

 

–¿Qué la conmueve?

 

–Es bastante común, pero desde que soy madre, los niños y los viejos. Porque creo que son las dos puntas de la vida. Para mí envejecer es un poco como volver al principio. Si lo trasladamos a un plano más amplio, la dependencia y la necesidad me conmueven.

 

–¿Qué no perdona?

 

–Que no me dejen ser. La gente que ha querido coartarme la libertad o la carrera no fue perdonada. ¡Qué horror, no perdono!

 

–Un perfume.

 

–Love Love Love, de Agatha Ruiz dla Prada.

 

–Un lugar en el mundo.

 

–Mi casa. Ese es mi lugar en el mundo. Cuando cruzo la puerta de casa me siento protegida.

 

–Un momento.

 

–El parto.

 

–¿Para bien o para mal?

 

–En todo sentido (ríe mucho). El momento en el que tu hijo sale de tu panza es mágico. Un hijo te atraviesa no sólo el cuerpo, también el alma. Y al mismo tiempo es la certeza de que tu vida no va a volver a ser la misma.

 

Créditos:

 

Producción: Natalia Zubeldía

 

Maquilló: Sofía Solari Adot Make Up Studio

 

Peinó: César Rajoy

 

Agradecimientos: Kosiuko, Tramando, Paruolo, Nina Piu, Allo Martínez, The Bag Belt, Paula Liarte.

 

Hotel NUSS www.nusshotel.com