Mientras aumentaban las tensiones de la Guerra Fría y las dictaduras en Latinoamérica tenían sus días contados, el flúor y las hombreras invadieron las pasarelas, el Pac-Man revolucionó los videojuegos y Madonna escandalizaba la escena musical con Like a Virgin. Sí, habían llegado los 80, un período tan ecléctico como prolífico que también tuvo sus hitos en la literatura.

 

Del lado de allá

 

Música para camaleones, de Truman Capote, fue el libro de relatos que inauguró la década. Publicado en 1980 en EE.UU., significó el regreso a las novedades del autor de A sangre fría, obra fundacional del género non fiction que lo llevó a la fama. Después de tamaño éxito, Capote se había comprometido a escribir una novela, pero para entonces era una estrella mediática con más tiempo para la vida social que para la escritura y su esperada novela nunca llegaba (el manuscrito se publicaría tras su muerte como Plegarias atendidas: la novela inacabada). Mientras tanto, fue publicando relatos en revistas –entre ellas la mítica Interview creada por Andy Warhol– que terminaron inspirando Música para camaleones, un libro extraordinario cuya materia prima fue su propia vida. Y es que “su vida”, durante esa etapa, incluía visitar a la escritora Willa Cather, acompañar a una empleada doméstica durante un día de trabajo, encontrarse con un asesino serial relacionado con Charles Manson o asistir a un funeral junto a su amiga Marilyn Monroe (a quien retrató con partes iguales de sarcasmo y ternura en su relato “Una hermosa niña”).

 

 

La frivolidad lo atraía tanto como la realidad más cruda, y en esos extremos se mueven los relatos de este libro que resultó clave para la década. En sus páginas convive el breve “Vueltas nocturnas”, una suerte de autorretrato donde inmortalizó su famosa frase “Soy un alcohólico. Un drogadicto. Un homosexual. Soy un genio”, junto con la nouvelle Ataúdes tallados a mano, basada en el caso real de un asesino serial. Instantáneas de una época y sus protagonistas, desde la mirada ácida y detallista de Capote. Desde su ironía y su distancia, desde su genio alucinado.

 

 

Del lado de acá

 

 

1982. Guerra de Malvinas. Cuenta la leyenda que, mientras la sociedad argentina se encontraba en plena euforia bélica desatada por los genocidas, Rodolfo Enrique Fogwill se sentó frente a su máquina y en sólo una semana escribió Los pichiciegos. El resultado fue una novela que terminó anticipando desde la ficción buena parte de las atrocidades sufridas por los soldados argentinos (muchas inflingidas por sus propios superiores) que mucho después saldrían a la luz.

 

 

Publicada en 1983, Los pichiciegos narra la historia de un grupo de desertores argentinos (“los pichis”) que decide esconderse en un refugio subterráneo y esperar a que la guerra termine. Cuestionando los lugares comunes del patriotismo y del mentado “ser nacional” (de hecho “los pichis” dicen querer ser brasileños) el libro es a su vez un retrato descarnado del abuso de poder. Rodeados de muerte, de uno y otro bando todos torturan y son brutales y corruptos; ni más ni menos que estos hombres que ponen su propia vida por delante de cualquier otro ideal y que, con tal de sobrevivir, no titubean en negociar con los ingleses o expulsar hacia la muerte por congelamiento a uno de los suyos, si en el encierro de la convivencia se volvió conflictivo. La novela está escrita con un lenguaje llano, coloquial, y la espontaneidad de las conversaciones y la proximidad de sus protagonistas hacen que Malvinas se vuelva un escenario palpable, un paisaje en el que los cuerpos mutan y se llenan de costras por la intensidad del frío, Fogwill y su retrato de Malvinas donde los lazos de nacionalidad son los primeros en disolverse, donde el mayor temor no es morir sino convivir con el miedo a morirse. Sin ser panfleto de nada, sin adoptar una posición ni heroica ni pacifista, Fogwill logró conLos pichiciegos uno de los textos más importantes de la década.

 

 

 

Un clásico de todos los tiempos

 

 

“Lo único que me duele de morir es que no sea de amor”. La frase resume el espíritu que recorre las casi 500 páginas de El amor en los tiempos del cólera, la novela que el hoy Nobel Gabriel García Márquez publicó en 1985 y que fue “lectura obligada” de toda una generación. Se trata de la historia de un hombre que, con paciencia, espera a la mujer de su vida durante 50 años, después de haber tenido con ella un breve coqueteo en su juventud, al que su familia se opuso casándola con otro. Pero, como Penélope, él espera. Y vuelve a buscarla para renovar sus votos cuando él tiene 80 y ella 71 años, apareciéndose nada menos que en el velorio de su marido. Ella lo echa, lo desprecia, lo ignora (o al menos lo intenta) para terminar cediendo a una de las más bellas historias de amor jamás contadas, de las que pueden sostener la idea que recorre toda la novela: que los síntomas del cólera, con sus nudos y dolores de panza, se parecen demasiado a los síntomas del amor. Y que cuando uno u otro llegan, son epidemia.