Es uno de los pocos argentinos ganadores del premio más codiciado de la industria cinematográfica mundial. Además de director de arte, este cordobés reconocido en Hollywood es guionista, director de cine y artista plástico. Su impecable muestra de óleos Tondo, presentada en la galería Maman, fue un éxito rotundo tanto de público como para la crítica. Viajero incansable, el presente lo encuentra en Buenos Aires preparando el rodaje de Amapola, su primera película como realizador integral. Estuvimos en su casa, vimos de cerca el premio y hablamos de todo.

 

En el piso céntrico de Eugenio Zanetti todo es magnificente, exuberante, generoso. En los salones del gran departamento de estilo barroco se reparten cuidadosamente muebles de época, obras de arte, carpetas de grandes diseños, arañas enormes y paredes de colores estridentes. Y ahí mismo, en medio del salón principal, descansa brillante la estatuilla más preciada del mundo.

 

 

“Al Oscar lo llevo conmigo”, cuenta su dueño. “Si te lo roban o se te pierde, no te dan otro. Cuando voy en avión no lo llevo abajo, no lo mando en la valija, lo traigo siempre conmigo”. Sin abrir el bolso, los oficiales de control lo ven a través de los rayos X y ya empiezan a preguntar de todo: en qué año lo gané, por qué película. Lo llevo en el bolso de mano, y si me llegan a detener o no les gusta, simplemente me bajo del avión”.

 

 

“Que sea pasajero todo lo que está ocurriendo es un método para encontrar un punto medio, tanto de la alegría como de la tristeza”

 


 

Debe de estar un poco harto de que le hablen del Oscar, ¿cierto?



–No, yo sé que cuando me muera lo primero que van a decir es que me gané un Oscar, va a estar en mi obituario. Pero la importancia que tiene para mí es relativa, y no quiero con esto sonar presuntuoso, porque estoy muy agradecido y me parece fantástico haberlo ganado. Pero también estoy agradecido al Cóndor de Plata, y con esto no quiero ser populista. Está todo bien, yo siempre digo que cuando estás más cerca del arpa que de la guitarra te llueven los honores, entonces habrá que prepararse para lo que viene.

 

 

–¿Qué siente que se viene?

 

 

–Estoy en el tercer acto de la vida, que es la resolución del conflicto (lo que no significa que venga un final feliz). El tercer acto es tan activo o más que los otros. Vos agarrás el tercer acto de Bergman y es el mejor de su vida, el tercer acto de Goethe es cuando escribió todo lo importante de su vida. El segundo acto es expansivo, cuando uno se va por el mundo, hace cosas, gana premios.

 

 

–¿Cuál fue el primer acto en su vida?

 

–El primer acto es en el que te formás, te convertís en lo que sos, y donde se plantean tus intereses profundos. La pintura, la dirección de arte, el arte en general en mi vida. Yo era muy arrojado, iba muy rápido y no sé bien por qué. Los intereses de uno tienen que ver con cosas genéticas, con cosas que han hecho tus ancestros y las han dejado en tu sangre y no sabés de dónde vienen. Pero uno va siguiendo, olfateando como un sabueso ese perfume que no sabés qué es, pero va en una cierta dirección. Después de unos años decís: era esto, pero en ese momento no lo sabés.

 

 

–Además de la genética, ¿qué otra cosa nos define? 

 

 

–Muchas de las cosas que nos suceden tienen que ver con tu autoestima, y eso es algo que te lo dan o no en tu infancia. Si tus padres piensan que sos maravilloso, te ayudan. Si piensan que sos un desastre, te hunden. Lo que no quiere decir que seas ninguna de las dos cosas, simplemente te dan un permiso. Y yo tuve la suerte de que dieran eso que tiene dos caras: una buena, que es sentir que podés hacer cualquier cosa, y una mala, que es darse cuenta de que uno no puede hacer cualquier cosa, porque siempre viene el límite.

 

–En Hollywood triunfó al poco tiempo de llegar. ¿Cómo hizo?

 

 

–Llegué a Hollywood y me reuní con una representante que me dijo que todo era muy largo y complicado. Sin embargo, a los dos días me mandaron un guión, y a los cuatro días ya estaba haciendo una película. Así que fue bastante fácil.

 

 

–¿Cuál fue la clave?

 

 

–Ocurrió algo muy curioso: en aquel momento mi inglés era bastante mediocre, entonces leí el guión, que era un thriller de un director chino americano. Al leerlo, le dije al director que se parecía mucho a los cuentos de Borges, y el chino me miró y me dijo: “Es exactamente lo que tengo en la cabeza, Borges”. ¿Cuántas chances hay de que un chino americano leyera Borges?

 

–Luego comenzó una carrera imparable.

 

–Tengo el recuerdo de haber hecho películas como Línea mortal, con Julia Roberts y Kiefer Sutherland, que en esa época eran muy jóvenes. Lo interesante es que eran muy frescos, y he tenido con ellos una relación de amistad sin que medie la fama y esas cosas.

 

 

–¿Aquella amistad perdura?

 

 

–Sí, claro, con Julia y Keifer somos amigos.

 

 

–¿Qué saben de la Argentina ese tipo de celebridades?

 

–Depende de quiénes sean. Jodie Foster, por ejemplo, es una mujer muy inteligente, muy formada, sabe todo lo que pasa en el mundo. En los últimos años la gente tuvo una información mayor sobre la realidad argentina. Películas como El secreto de sus ojos y Nueve reinas ayudaron. Con Nueve reinas, los americanos se dieron cuenta de que había un universo paralelo en el sur.

 

 


TONDO: La muestra


Se trata de 30 pinturas al óleo en las que el exitoso creador vuelca tres años de intenso trabajo artístico. Esta producción fue realizada en Los Ángeles y Buenos Aires, y las obras han sido exhibidas recientemente en el MUBE de San Pablo y la Galería Maman de Buenos Aires.









 

–Ahora debuta como director y guionista de su primera película. ¿Cómo es eso?

 

 

–Amapola, la película que voy a dirigir acá, tiene dos actos: uno es en el 66, el día en que Onganía derroca a Illia. Fue el final de nuestra adolescencia dorada y el comienzo de otra época. El segundo acto de la película ocurre el día de la declaración de la Guerra de las Malvinas, en el 82. Entre esos dos puntos se produce un enorme deterioro en el país, y en esta familia de la que se cuenta el cuento. Es un día y un día, así va la peli. En realidad, es alguien que ve el futuro, no le gusta ese futuro, y vuelve al pasado y trata de cambiarlo.

 

–¿Qué certezas tiene a esta altura de su vida?

 

–Las puedo resumir en tres puntos importantes. Uno es: “Esto también pasará”. Que sea pasajero todo lo que está ocurriendo, tanto lo bueno como lo malo, es un método para encontrar un punto medio, tanto de la alegría como de la tristeza. El segundo punto que también siempre menciono es que no es por accidente que estamos aquí. Entonces, sin agregarle una mitología a la cosa, el tema es que estamos acá por un sentido. Eso me ayuda a ir para adelante. El tercero tengo que pensarlo, porque no sé cuál sería (risas).

 

 

–Podría ser que sigamos nuestro corazón, como dijo en su discurso cuando ganó el Oscar.

 

 

–Cuando tuve que decir ese discurso pensé: “¿Qué tengo yo en común con estas cien millones de personas?”. Entonces les dije: “Sigan su corazón”, porque esa frase es universal y le llega a todo el mundo.

 

 

–¿Usted siempre siguió su corazón?

 

 

–Claro. Si no seguís tu corazón, el universo te da tantas cachetadas que te deja sentado.