Vivimos en un campo de energías palpitantes, en el cual los ciclos juegan en un eterno movimiento de fuerzas en evolución e involución.

Al igual que en un corazón, es la implosión de la energía la que promueve la explosión. La vida es un continuo palpitar de fuerzas en movimiento que se equiparan y se equilibran para permitir la existencia recíproca. Todo forma parte de la sinfonía eterna del universo de los ciclos, los ritmos, las vibraciones y ondas, que no son más que palabras diferentes para la misma característica que incide en toda forma de vida. Algunos de estos movimientos de energía son recogidos directamente por los órganos de los sentidos, mientras que otros tienden a ser traducidos en comportamientos inconscientes que nacen como respuesta de la influencia de dichas energías sutiles que, en la mayoría de los casos, operan en nosotros de maneras desconocidas. En esta inmensidad del movimiento universal hay expansión y contracción, melodías y contrapuntos, todos unidos por la puntuación insondable de la música de todo el cosmos. A pesar de la limitada capacidad perceptiva y cognitiva del hombre, ahora detecta un acorde, una nota recurrente, el gran tema musical del universo que hasta ahora muchos no escuchan ni saben decodificar su melodía. Él es como el músico que, habiendo encontrado sólo tres notas de la melodía, tiene que tratar de imaginar la partitura entera a la que una vez pertenecieron las pocas notas que tararea. La curiosidad humana, siendo lo que es, encuentra fascinación por estas piezas y se da cuenta de que la única manera de completar la melodía es descubriendo la partitura. 

 

El profesor ruso de Astronomía, Física y Biología A. L. Tchijevsky ha descubierto, en la búsqueda de las piezas faltantes a la composición de la música celestial, que las batallas más cruentas sucedían después de las erupciones solares durante el período de manchas solares de 1916 a 1917. Intrigado por la relación entre el comportamiento humano y física solar, Tchijevsky construyó un Índice de Excitabilidad Humana en Masa. Compiló las historias de 72 países desde 500 a. C. hasta 1922 para así proporcionar una base de datos para articular sus correlaciones. Luego de evaluar los eventos más significativos, Tchijevsky determinó que un 80% de los eventos humanos más importantes ocurrieron durante los cinco años aproximadamente de máxima actividad de manchas solares.

 

Sus estudios del Sol lo han llevado a encontrar patrones de correspondencia entre el astro y el índice de masa crítica de excitabilidad humana, la cual logró relacionar con las fluctuaciones de manchas solares. Él fue capaz de demostrar que la actividad solar poseía ciclos de actividad de 11 años. Se pregunta: ¿puede ser que los ciclos del Sol influyan en los de la Tierra y que sean los causantes de crisis económicas, conflictos sociales, guerras y otras tantas crisis que regularmente se presentan cada 11 años? Desde las más sutiles modificaciones dentro de nuestro propio cuerpo, pasando por los asuntos sociales, políticos hasta llegar a los conflictos bélicos, todos parecen responder a una especie de respuesta natural, pero no controlada del ser humano a los ciclos energéticos que movilizan las tormentas solares en medio del pico de actividad cíclica. Naturalmente, estos datos tenían que cumplir con ciertos requisitos de las leyes de la probabilidad, de modo que el elemento de azar se pueda descartar, antes de establecer cualquier tendencia cíclica definida para llegar a ser establecida.

 

Tchijevsky fue más allá y encontró evidencia de la existencia de ciclos dentro de ciclos, de frecuencias menores dentro de una frecuencia mayor y que la mayoría de los datos se correspondían evidenciando que se condecían con la aparición histórica de grandes genios en el arte, el florecimiento y ocaso de grandes civilizaciones, en los ciclos de las crisis bursátiles y una regularidad periódica en crisis internacionales, las cuales han ocurrido a través de los siglos con frecuencias que responden a períodos de 11, 21, 98 y 142 años. El más reciente de estos pequeños ciclos de 11 años nos marca con contundencia la crisis mundial de 2001 que se corresponde sincrónicamente con el Ciclo Solar 23.

 

Los atentados del 11 de septiembre en los Estados Unidos, la invasión a Afganistán, la Guerra de Irak y nuestra fatídica crisis social, política y económica de diciembre de 2001 parecen confirmar la teoría. Si nos proyectamos al actual Ciclo solar 24, nos daremos cuenta de que las predicciones aportadas por algunos especialistas en los biorritmos solares se cumplen. La crisis económica mundial, las rebeliones sociales de Egipto y España, las que suceden en Wall Street, los conflictos de Siria, los rumores de guerra con Irán y la creciente desestabilización económica, social y política en la Argentina nos enseñan la correlación entre el Sol y los componentes que hacen a la civilización en la Tierra en medio del naciente pico solar que abarca los años 2011, 2012 y 2013. Estos son sólo algunas de las notas faltantes que suman a completar la partitura. La relación generalmente aceptada entre el aumento y disminución periódica de manchas solares y las variaciones en el magnetismo terrestre hicieron que los científicos correlacionaran estos períodos con los estados de excitabilidad humana –que son evidentes en todas las grandes ciudades del mundo– con los ciclos de la conciencia y su relación con el magnetismo terrestre. Aumentos en los casos de asesinatos en masa, manifestaciones populares, violencia en el hogar, aumento en los índices de criminalidad, etc., no pueden ser casualidad.

 

Después de un estudio cuidadoso de distintos centros de investigación, se descubrió que el número de manchas solares y perturbaciones en su dinámica mostraron un dramático paralelo con los índices de expresiones violentas en la humanidad durante los picos de los últimos ciclos solares.

 

¿Involución o evolución?

 

No todos responden de igual forma. Hay quienes tienen necesidad de expresar su inconformismo, liberar su ira, mientras que otros manifiestan sus deseos de paz y de vivir en armonía. Un factor importante en el cambio global de concientización es que suficientes personas se den cuenta de la necesitad de hacerse responsables de su propia energía, pensamientos, sentimientos y acciones. Es responsabilidade cada persona establecer un equilibrio consigo mismo y con la Tierra. Cada acción cuenta, y “al tomar las riendas” e incrementar nuestros valores de coherencia, este cambio y renovación/mejora de conciencia se verá reflejado también en el entorno del campo planetario. Esto a su vez creará un circuito beneficioso de reacción entre los humanos y los sistemas de energía de la Tierra. El Sol es nuestro aliado, pero nuestras respuestas involutivas sujetas a ritmos alejados de lo natural hacen que los códigos holográficos contenidos en las emisiones solares que arriban al planeta actúen generando respuestas adversas a la evolución. Todos somos receptivos de estos códigos solares que arriban cíclicamente a lo más profundo de nuestro ser, pero las respuestas surgirán en equivalencia a lo que somos en términos de evolución. Usar la inteligencia

 

que nunca supimos despertar, que es la de nuestro corazón, nos servirá para equilibrar y manejar nuestros sistemas mentales y emocionales incrementando nuestra coherencia y resonancia. Al alcanzar estados armónicos y coherentes de recepción energética se elevará nuestro punto más alto de frecuencia individual y nos alinearemos con las oportunidades creativas y beneficios que puede despertar este ciclo actual de actividad solar que alcanza su mayor influencia entre fines de 2012 y 2013. Cada vez son más las personas que se dan cuenta de que tienen una opción para interactuar con la influencia de los advenimientos de energía, ya sea espiritual, astrológica, solar, lunar, ambiental o social. No todo es negativo en el panorama global, las crisis representan oportunidad de cambio y ya existen diseminados por el mundo muchos grupos emergentes creando masa crítica que están trabajando para facilitar el cambio planetario en estos tiempos acelerados y vertiginosos que muchas veces suponen retos infranqueables.

 

Con un espíritu participativo y de verdadero interés por la superación evolutiva, todo individuo contribuye a convertirse en una pieza importante en el patrón de cambio global, para comprometerse en estos tiempos a permanecer unidos energéticamente entre sí a nivel del corazón y servir a la totalidad.La esencia solar del planeta honra y aprecia el amor, el interés y el trabajo que estos grupos e individuos iluminados de todo el mundo están haciendo para esta causa universal. ¿Qué estás dispuesto a dar: paz o violencia?