El gerente general de Banco Macro cuenta cómo es manejar una entidad financiera de 7.500 empleados. También habla de su matrimonio con Gabriela Vaca Guzmán y adelanta su inminente postulación a la presidencia del club millonario.

En la oficina de Jorge Brito hay un guante de box de colección, varias fotos familiares, libros con la historia del banco que gerencia y una camiseta enmarcada que usó Enzo Francescoli cuando River fue campeón, en el año 86. Hay también una gran fotografía de Gabriela Vaca Guzmán, la mujer de Jorge y futura madre de sus hijos. Cuesta creer que este mundo tan perfecto y adulto pertenezca a un hombre de tan sólo 33 años.

 

–¿Es cierto que pasó por todos los puestos del banco?

 

 

Sí, fui cadete, trabajé en tesorería, en caja de ahorro, en plazo fijo y fui cajero que, como siempre digo, es la tarea más difícil del banco.

 

 

–¿Por qué?

 

 

–Porque cuando sos nuevo como cajero, te enseñan a contar la plata, en teoría sabés lo que tenés que hacer, pero cuanto más larga es la cola, más lento contás y más nervioso te ponés. Me acuerdo que contaba la plata dos o tres veces, que era lento. No fue mi mejor puesto.

 

 

–¿Y le pidió a su padre que lo cambiase?

 

 

–No, yo en el banco era uno más, iba en tren y volvía con mi viejo, que en el auto me preguntaba cómo me había ido, pero nada más.

 

 

–¿Iba en tren desde San Isidro?

 

 

–Sí, tomaba el tren, después el subte.

 

 

–¿Por qué lo hacía, pudiendo tener auto?

 

 

–Yo siempre fui así, siempre fui a entrenar a rugby en colectivo, me crié como cualquier chico de Boulogne, de San Isidro.

 

–¿Eso se debió a un mandato de su padre?

 

 

–No, a mí me parecía lo más normal. Si mis amigos se iban a trabajar en colectivo, ¿por qué no lo iba a hacer yo? Pero nunca lo sentí a mi viejo como un padre duro. Me dio lo que necesitaba, pero nada en exceso.

 

 

–¿Siente admiración por su padre?

 

 

–Mucha gente me pregunta si no es un peso tener un padre tan fuerte, y yo pienso que todo lo contrario, que es un alivio. En todo caso será un peso el día que no lo tenga.

 

 

–¿Lo abruma ser gerente general del banco con 33 años?

 

 

–No, yo siempre digo que con un buen equipo, no hay que tenerle miedo a nada.

 

 

–¿Es católico practicante?

 

 

–Sí, soy muy creyente, pero eso no me hace mejor persona. Nadie es mejor o peor por serlo.

 

 

–¿Hace terapia?

 

 

–Hice durante tres años, pero ya no.

 

 

–¿Le dieron el alta?

 

 

–Me dijeron que vuelva cuando quiera.

 

 

–Y por ahora no piensa volver.

 

 

–No.

 

 

 

–¿Cómo fue este primer año de matrimonio?

 

 

–Muy bien, nunca imaginé que el matrimonio era algo tan lindo y tan relajado. Lo digo ahora, después de siete meses y sin hijos. Gabriela es una persona increíble. Ella me permite todo, desde el trabajo hasta lo que hago con River. Respeta mis tiempos a full, sabe cuáles son mis prioridades.

 

 

 

“Estoy para lo que River me necesite, trabajando hace ocho meses a disposición del club para lo que sea”.

 

 

 

–¿Cómo maneja el estrés propio de la banca?

 

 

–Uno tiende a estresarse por las cosas que no puede manejar, cuando en realidad eso es lo que menos le debería molestar. Lo que uno no puede solucionar, no es un problema.

 

 

–¿Apuesta por el futuro de la Argentina?

 

 

–Totalmente. En Banco Macro tenemos el cien por ciento de nuestros activos en la Argentina y confiamos en el país. 

 

 

–¿Nunca se planteó vivir en otro lado?

 

 

–No. Cada vez que viajo pienso en lo lindo que es Europa o Estados Unidos, pero cuando pasan los días ya me quiero volver. Nunca en mi vida imaginé vivir fuera de la Argentina.

 

 

–Sabemos que practica boxeo. ¿Cuál es para usted la gracia de ese deporte?

 

 

–Me gusta el deporte, para ejercitar es lo más completo. También me gusta verlo, creo que es uno de los espectáculos más lindos que hay, y eso que soy fanático del fútbol también. Es un deporte que podés ver sin importar por quién hinches, o si no hinchás por ninguno, lo lindo es ver la pelea. El fútbol, en cambio, es un deporte que me cuesta ver sin pasión.

 

 

–Hablando de fútbol, ¿qué hay de cierto en su posible postulación a la presidencia de River?

 

 

–River es una pasión inexplicable. Cada persona sensata con la que hablo y que está al margen de cualquier interés me pregunta: “¿Para qué te vas a meter en eso?”. O me dicen que hay muchos aspectos para perder y pocos para ganar. Y yo digo que en la vida hay muchas cosas que uno las hace con la cabeza y algunas otras que las hace con el corazón. Yo creo que esta es una de esas cosas que uno hace con el corazón. Tal vez a futuro no sé si tiene mucho repago esta inversión, pero creo que es una forma de devolverle al club todo lo que me dio. Me parece muy mezquino quedarse con ir a la cancha y criticar porque nos fuimos a la B, u opinar sobre cómo deberían manejarse las cosas. Yo en lo personal no tengo un anhelo de cargos, no es que me crea el elegido para ser presidente. Yo estoy para lo que River me necesite, trabajando hace ocho meses a disposición del club para lo que sea, no para esta dirigencia en particular. Todas las personas con potencial para manejar este club tenemos que unirnos, dejar las ambiciones personales de lado y empujar todos para el mismo lado.

 

 

–¿No le teme a la exposición del cargo?

 

 

–Creo que es uno de los temas a tener en cuenta, el riesgo que implica ser popular. Estar dirigiendo un club te hace popular en todos los estratos económicos, en todas las regiones del país. Pero el riesgo no lo veo por ese lado.

 

 

–¿Dónde está el riesgo?

 

 

–A los hinchas de fútbol, y especialmente los de River, que somos muy exigentes, de un paladar muy fino, a veces nos cuesta poder ver en el tiempo el trabajo, por eso me preocupa que la gente no le dé tiempo a los dirigentes para poder revertir la cosa. River lleva más de diez años de falta de gestión, y eso es algo que no se revierte en dos, tres semanas, ni con la compra de uno o dos jugadores. Esto es un trabajo que va a requerir un tiempo y probablemente muchas gestiones, por eso para nosotros es importante el equipo con el que trabajemos y el management que le incorporemos al club, y que eso perdure más allá de los dirigentes.