La hija mayor del fundador de Ámbito Financiero, Julio Ramos, y de la ex Miss Mundo, Silvana Suárez, es todo menos previsible. Fotógrafa de profesión, con sólo 22 años abrió su propia galería, Holbox, y viaja por el mundo sacando fotos de paisajes andinos y festivales de rock. Diario de una chica de estética dark y personalidad muy luminosa.


¿Cómo decidió abrir la galería?



–Estaba estudiando fotografía, cursando el último cuatrimestre, y a medida que se acercaba el final de la carrera pensaba en cómo seguir. Hay muchas opciones de cosas para hacer en fotografía, pero cuando uno no tiene experiencia no puede abrir un estudio de la nada, hay que empezar como asistente. Y como yo soy muy ansiosa no quería hacer eso,  aparte no me interesaba asistir a alguien en fotografía de moda, publicitaria, de estudio, no es un área que a mí me interese.

 

 

–¿Cuál es su área de interés?

 

–Lo artístico, los paisajes, tal vez algún retrato de gente pero no de estudio, sino medio robado. Lo que me interesa es mostrar mi trabajo y el de los demás, por eso abrí la galería. Se me ocurrió así, de la nada, fue como que se me iluminó la mente.

 

 

–¿Resultó muy complicado a nivel organizativo?

 

 

–Sí, pero a mí me gusta organizar, administrar cosas, planear, armar planillas, cuentas. Todo eso me encanta.

 

 

 

 

–¿No le interesaba ir por el camino de los medios gráficos, dado su legado familiar?

 

 

–No, lo mío es más artístico. Las fotos que yo hago no son comerciales para los medios, son comerciales en el sentido del arte. Son lindas y se pueden vender, pero como si fueran cuadros, más accesibles en el sentido visual y decorativo.

 

 

 

“Las fotos que yo hago no son comerciales para los medios, son comerciales en el sentido del arte. Son lindas y se pueden vender”.

 

 

–¿Pensó en dedicarse al periodismo, siguiendo la línea de su padre?


 

–Sé que si me hubiera dedicado al periodismo se me habrían abierto muchas puertas, pero por otro lado tendría la presión de que me comparen con mi papá. Me encanta escribir, corregir textos, leer mucho. Pero no me dedico a eso.

 

 

–¿Le molesta ser la hija de?


 

–No, para nada, estoy orgullosa de mi padre. 

 

 

–¿Cuando abrió la galería, pensó en su padre?


 

–El tema es que si mi papá estuviese acá yo no hubiera estudiado fotografía, probablemente hubiese terminado estudiando economía o periodismo.

 

 

–¿Por qué? ¿Era muy estricto con usted?


 

–No, pero a mí me gustaba complacerlo. Él quería que yo estudiara algo, lo que sea, pero creo que le hubiera gustado que trabaje con él. Tal vez por eso no me dediqué al periodismo, porque si no lo puedo puedo hacer con él, mejor no lo hago. Para mí no tendría sentido ahora.

 

–Entonces, si el estuviera acá tal vez no existiría la galería.


 

–No sé, pero en ese caso yo le tendría que haber pedido plata a él, y las chances de que me diera eran pocas. Ahora lo pude hacer y no hay nadie que tenga derecho a decir nada.

 

–¿Qué es lo que más extraña de su padre?


 

–Todo, qué se yo. Esa pregunta es re turbia. Qué no extraño, sería en todo caso. Y la respuesta sería nada, así que no tendría mucho sentido hacerla.

 

 

–¿Su madre la apoya en este proyecto?


 

–Sí, le encanta toda esta movida.

 

 

–¿Cómo es tener una madre ex Miss Mundo?


 

–Está bueno, es todo un orgullo. Me encanta ver las fotos de ella de esa época. Yo ya nací con eso, así que me parece muy normal. Ahora que me estoy sacando fotos para prensa, tranquilamente mucha gente puede decir: “¡Ah, pero la madre es más linda!”. Y a mí eso no me jode. Creo que tiene que ver con que uno se acepte, entonces me importa un corno que me comparen. Mi casa estaba llena de fotos de mi mamá en bikini con un lomazo infernal.

 

–¿Eso no es nocivo para una adolescente?


 

–No, cero, me parece una genia mi vieja. Y yo no me hago historia con mi físico, como de todo, me da igual. Justamente mi madre me enseñó a estar bien conmigo misma, entonces no hay conflicto con eso.

 

 

–¿Es cierto que las primeras cámaras fotográficas que usted usó eran de ella?


 

–Sí, en el colegio usaba unas cámaras analógicas que habían sido de mi mamá. Ella estudió fotografía también y es una persona muy artística, pinta dibuja, saca fotos.

 

 

–¿Qué le atrae de la fotografía?

 

–Me encanta que algo que yo hice con un aparatito se pueda convertir en un cuadro tan lindo. Bajar las fotos a la compu y ver que son supercolgables en una pared. Eso me gusta. Es tener la sensación de haber hecho algo lindo.

 

–¿Qué fue lo primero que le interesó fotografiar?


 

–Caballos. A los seis años arranqué equitación y la practiqué toda mi vida. Ahora, además, me dedico a la cría de ca ballos en lugar de competir. El caballo es un bicho que me da paz, lo que me gusta es que te lo tenés que ganar, no es como los perros, que se te entregan al toque.

 

–Es como ganarse a un hombre o a una mujer.


 

–Ponele, pero mucho más difícil. Porque al caballo vos le hablás y no te entiende, una mina o un pibe sí.

 

–¿Cómo está compuesta su familia?


 

–Mi mamá, mi hermano, mi perro. También está Claudio, que es el hijo del primer matrimonio de mi papá y con el que me veo seguido.

 

–¿Con quién vive?


 

–Con mi perro.

 

–¿Viaja con frecuencia? 


 

–Al exterior, dos o tres veces por año.

 

 

“Tal vez por eso no me dediqué al periodismo. Porque si no lo puedo hacer con él, mi padre, mejor no lo hago”.

 

 

–¿Cuál es su ciudad favorita?

 

 

–Ahora quedé re flasheada con Estocolmo. Estuve hace poco sacando fotos en un festival de rock ahí y el año que viene voy a volver. Suecia me parece el mejor país del mundo, no sé qué onda ese lugar, no sé qué me pasó, pero me flasheó mal. Me la pasé yendo a disquerías, comprando discos y remeras de bandas, yendo a bares de rock.

 

–¿Por qué elige vivir en Buenos Aires?


 

–Esta ciudad tiene muchísimas cosas malas que todos conocemos, pero a la vez tiene otras muy, muy copadas. Estocolmo puede ser increíble, pero el tema es la gente. Hay algo que siempre me hace volver acá, soy adicta a la forma de ser del argentino, me gusta poder dejar el auto en doble fila, esas pequeñas cosas poco civilizadas que hacen que nuestra sociedad no sea tan rígida. Esa libertad que hay acá es atractiva, poder salir a las cinco de la mañana y que siga habiendo lugares abiertos.

 

–Entonces, no se planteó vivir afuera.


 

–Sí, muchas veces, pero estuve cinco años de novia, corté en febrero, entonces no era una opción irse y dejar todo. Ahora podría en el sentido amoroso, pero tengo la galería, así que no. Nunca sería capaz de sentar cabeza cien por ciento en otro lado. Eso, jamás.

 

 

Para ver el material de Julia Ramos y saber más sobre su galería, ingresa en: www.holboxphotogallery.com