El actor que supo relacionarse en el mundo, pero volvió a su hogar. Según sus propias palabras, hizo “el setenta por ciento de su carrera en cine, el veinte en teatro y el diez en televisión”. Es completamente histriónico y no encuentra límites a lo creativo. Le divierte lo lúdico y no evita responder a nada. Es reconocido mundialmente, aunque esto no parece importarle demasiado. Lo importante, sí, es que produce una especie de encandilamiento a primera vista que resulta irresistible para cualquiera.

 

Sentados en el bar del hotel, mira a través de la ventana y tiende a sonreír mientras piensa, y aun más cuando responde. Se lo nota divertido con el juego de preguntas y respuestas. Entre una cosa y otra, recita un poema en francés, canta temas de los Beatles y sorprende al fotógrafo actuando situaciones imaginarias. Este es el reportaje y no tiene desperdicio.

 

–Tiene varias películas por estrenar: Red Lights, Cornelia frente al espejo y Restos.

 

–Es verdad, pero no se aún las fechas de estreno porque son todas producciones de afuera. Excepto Cornelia, que es una película independiente que en este momento está en manos de Daniel Rosenfeld (director), y está decidiendo en qué mercados conviene presentarla. Por su parte, Red Lights estrena entre agosto y septiembre. Restos es una película mexicana que se presenta recién el próximo año. Lo único que te puedo confirmar hoy es que a fines de agosto estreno Cock, una obra de teatro en el Paseo La Plaza.

 

–Cock, ¡qué nombre!

 

–(Se ríe) Sí, ese es el doble sentido. Y el espectáculo es muy interesante porque habla sobre una pareja gay establecida, con varios años de relación. Mi personaje entra en crisis con su identidad y establece una relación con una mujer por primera vez en su vida. Es exactamente al revés de cómo suceden las cosas en general. Es una especie de rompecabezas en el que se cuenta la historia de una manera muy particular.

 

–¿Tiene que ver con el planteo de amor por la persona más allá del género?

 

–Sí, exactamente. Utiliza el tema de la sexualidad para hablar de las decisiones, del deseo, del tipo de relaciones que uno establece. Además, tiene un lenguaje muy llano y se habla desde el corazón, desde el sentimiento, y esto establece un diálogo muy accesible y conmovedor.

 

–Es muy moderna la idea dentro del ámbito de las obras.

 

–Creo que es una de las primeras obras en las que se aborda el tema. Si no me equivoco se estrenó en Londres hace tres años. La verdad es que estoy muy contento y asustado también. El teatro es un lenguaje muy difícil y me genera una especie de vértigo.

 

–¿Su personaje es el que transita estos amores y lugares límites?

 

–Sí, son lugares muy lindos y fronterizos a la vez. En eso estamos en este momento, haciendo el proceso que vive el personaje.

 

–¿Y Leo qué opina sobre estos temas?

 

–Comparto completamente la idea de la obra. Me parece una idea que tiene mucho que ver con el ser humano. No me ha pasado, pero entiendo que puede suceder. Siempre me he enamorado de mujeres… al menos por ahora. Pero la propuesta es muy interesante porque rompe estereotipos. No habla solamente sobre la sexualidad, habla sobre la identidad y los sentimientos, sobre los vínculos y las disfunciones sociales en las que nos meten. El personaje es alguien que está tratando de salir de un encierro. Y eso es algo universal.

 

–Volviendo a Red Lights, cuénteme cómo fue la experiencia de trabajar con actores como Robert De Niro y Sigourney Weaver.

 

–Es diferente en varios aspectos. Se trabaja con mucha más libertad económica y eso te cambia todo. Se filma más tiempo, más días y se repiten escenas mil veces. Se mide todo en otras escalas, es genial. La película se filmó en Barcelona y Canadá, pero yo estuve sólo en Barcelona. Con De Niro no compartí escenas, aunque me hubiese encantado. Fui a verlo rodar y quedé fascinado. Tiene una forma de trabajar que me recuerda a Federico Lupi o Lito Cruz. Son personas que abordan el texto y las escenas de manera muy relajada y con una conexión fuerte con el papel. Con Sigourney Weaver compartí más porque tengo una escena con ella, y fuimos a almorzar un par de veces. Es una mujer superelegante, refinada, muy culta. 

Es hija de diplomáticos y tiene esa impronta… ¡y es altísima! Mide 1,85. Es muy 

alta y muy encantadora. Si tengo que sacar una conclusión, fue una experiencia muy 

interesante poder ser parte de otra forma de hacer cine.

 

 

“En Cock hago un personaje gay que se enamora de una mujer. Creo que es algo que puede suceder porque tiene que ver con lo humano”

 

 

–Lo voy a sacar un rato de lo concreto, le propongo un juego, ¿le parece?

 

–Encantado.

 

–¿Cine, teatro o televisión?

 

–Los tres, porque son tres lenguajes diferentes y te relacionás desde otros lugares.

 

–Noto que le gusta cantar y lo hace muy bien.

 

–Sí, me gusta mucho, y voy en esa dirección porque el año que viene voy a hacer un espectáculo de canto.

 

–¿Vicios o virtudes? ¿Qué lo atrae más?

 

–¿Qué son los vicios y qué son las virtudes?

 

–¿Qué son los vicios y qué son las virtudes para usted?

 

–Ah, me estás haciendo pensar. Lo único que sé es que, conteste lo que conteste, voy a quedar reducido a un juicio. Si los vicios son parte de una dependencia que te encierra habría que tratar de destrabar esa situación. Me parece que la vida se va entrelazando 

de esa dialéctica entre vicios y virtudes. Muchas cosas son tóxicas en la sociedad, pero son parte de ella. No hay que negar ni ocultar los vicios ni exacerbar las virtudes. En mi trabajo, para armar un personaje, estoy siempre indagando en las oscuridades, en lo incontenible del ser, en los extremos. Pero para poder hacerlo no se puede tener prejuicios sobre ninguna forma de sentir o de ser. Uno no puede quedarse atrapado en un sistema bidimensional, tiene que entrar en uno que lo contenga todo, y allí no puede haber límites. 

Opinar sobre eso es juzgar, y por lo que hago, no puedo escindir la virtud del vicio en términos artísticos. En la vida vivimos en la realidad concreta y uno no puede perderse en terrenos dañinos o relaciones tóxicas, menos cuando tenés un hijo.

 

–¿Tiene algún vicio?

 

–Si hablamos de algo que no pueda manejar, no. Digamos que no me siento atado a nada. Además, tengo que ser sincero, en mi trabajo uno puede licuar todos los sentimientos que se pueden definir como oscuros y transformarlos en arte. Es una forma de catarsis creativa.

 

–Se ahorra mucho dinero en terapia.

 

–(Risas) En algunos terrenos sí, en otros no.

 

–¿Qué es lo que más valora en una persona?

 

–La honestidad, la generosidad, la atención por el otro, la disposición hacia el otro. La inteligencia, por supuesto, pero siempre al servicio de construir con el otro.

 

–¿Qué no soporta?

 

–El egoísmo como un desprendimiento de la idiotez. Pero no la idiotez por falta de recursos, sino la estupidez de ir por la vida con anteojeras. No soporto la soberbia.

 

–¿Sueños por cumplir?

 

–¡Muchos! Me encantaría hacer más películas como Red Lights…

 

–(Interrumpo) Y hacer escenas con De Niro.

 

–(Risas) No sé si me animaría.

 

–¿Por qué no?

 

–Realmente no lo sé. Tendría que estar ahí y ver qué sale.

 

–Pero hace un rato me dijo que le hubiese encantado hacer alguna escena con él.

 

–Sí, es la dicotomía en la que nos movemos los seres humanos.

 

–¿Tiene miedos?

 

–A veces al público le tengo miedo. Es esa paradoja de desear esa mirada y al mismo  tiempo el miedo a esa mirada.

 

–Si pudiera pedir tres deseos, ¿qué pediría?

 

–En este momento que la obra salga bárbara. Quiero poder disfrutarla, sentirme cómodo y hacer un lindo trabajo. Quiero que mi hija crezca sana y sea feliz. Que encuentre algo que realmente le guste hacer y lo haga, que esté con quien le guste y que sigamos teniendo la maravillosa relación que mi mujer y yo tenemos con ella. Ese deseo se extiende a mi mujer y a su felicidad. Y realmente me encantaría que la gente pueda ver cada vez más lo genial que es como artista.

 

 

–Si pudiera cambiar una sola cosa de este mundo, ¿qué cambiaría?

 

–Lo que cambiaría es cómo está dispuesto el manejo del poder y del dinero.

 

–¿Hacia dónde cree que se mueve el mundo?

 

–Si uno revisa y lee a los historiadores se da cuenta de que hoy el mundo es mucho más humano que hace cien años. Y, sobre todo, hay una conciencia sobre la realidad que nos rodea, más conciencia de la humanidad y de la deshumanidad. Idealmente hacia ahí se dirige el mundo gracias a la gente que todos los días hace algo para que así sea.

 

–Su obra favorita.

 

–¡Qué difícil elegir! En el arte me encanta lo que hace mi mujer, me gusta mucho también Lucian Freud, Henry Moore, Berni y Antonio López. Es tanto que me cuesta responder.

 

 

–¿A quién admira?

 

–Marlon Brando, Al Pacino, Robert De Niro, Daniel Day-Lewis, Peter Brook. Hablo de ellos como artistas, por lo que logran transmitir.

 

–Si no hubiese sido actor, ¿qué hubiera elegido?

 

–No lo sé, pero sí te puedo decir que tendría que ser algo relacionado con la expresión, con la comunicación. Créanme que después de una tarde llena de sorpresas, quedó claro.

 

Leo Sbaraglia es ACTOR, sin nada más que agregar.

 

“Me parece que la vida se va entrelazando de esa dialéctica entre vicios  y virtudes. Muchas cosas son tóxicas en la sociedad, pero son parte de ella”.