Un buen hábito puede pasar de virtud a vicio en menos de un parpadeo. Una cosa es practicar deportes y otra matarse entrenando. Los beneficios del aire libre se diluyen si vamos al sol sin protector. Y un cafecito siempre sienta bien, pero diez no.

 

La palabra vicio se caracteriza por tener una connotación negativa, implica un hábito inmoral o insano. Los vicios son opuestos a las virtudes, algunos pueden atentar contra la salud psíquica, como trabajar mucho, y otros contra la salud física, como fumar, beber mucho alcohol, drogarse o comer muchos dulces y comida chatarra. Los viciosos son adictos encubiertos.

 

 

Todos los vicios que tengamos en edades tempranas se pagan de alguna manera cuando envejecemos porque tenemos menos capacidad para sobrellevar las consecuencias que ocasionan.

Dormir menos de cinco horas, tomar sustancias nocivas para un determinado deporte, fumar en exceso o a veces entrenar demasiado harán eco en algún momento de nuestras vidas.

 

 

Con esto quiero decir que no necesariamente se corre peligro, pero como ejemplo “sano”, los fanáticos de las carreras de aventura, los que exponen el cuerpo a grandes sacrificios (algunos por ser el deporte de moda), empiezan a tener cambios en su comportamiento producto de tanto estímulo corporal.

Si bien el entrenamiento físico genera un efecto psíquico incomparable y esto, realizado a diario, nos genera una dependencia, sería importante lograr un equilibrio para que esa sensación de placer no se transforme en un vicio.

 

 

Lo mismo ocurre con otras acciones no referidas a la actividad física que son recomendadas por los médicos, como por ejemplo dormir unas horitas más algunas veces, porque favorece la recarga de energías y refuerza el sistema inmunológico.

 

 

Pero como les sucede a los adictos a dormir, practicar este hábito por períodos prolongados puede empeorar la calidad de vida, aumentar el riesgo de mortalidad de origen cardiovascular y adquirir entre cuatro y cinco veces más posibilidades de sufrir hipertensión además de problemas en la actividad social, laboral y personal.

 

 

La adicción al azúcar (si bien es sana para nuestro cerebro ya que le aporta energía) se puede transformar en un vicio y eso no es saludable: el exceso causa daño a nivel celular con enfermedades a largo plazo, envejecimiento de la piel y descenso de nuestras defensas. El exceso, además, puede ocasionar una diabetes.

 

 

 

Tomar café ayuda a empezar el día, puede contribuir a combatir algunos tipos de cáncer y favorece algunos problemas cardíacos. Además se estudió que puede disminuir las posibilidades de desarrollar Alzheimer. Lo conveniente son dos tazas diarias, pero los adictos al café (de cinco a diez por día) ponen en riesgo su sistema hepático, con aumento de la presión, insomnio y cambios de comportamiento.

 

 

Tomar sol es muy bueno, ya que aumenta los niveles de serotonina de nuestro cuerpo. Esta es la encargada de regular la mayoría de nuestras hormonas, es decir, que se transforma en antidepresivo ya que interfiere sobre las endorfinas. Produce vitamina D, que ayuda a combatir el cáncer, enfermedades de huesos y corazón, pero ojo, los adictos al sol, como todos los demás, están obligados a usar protección ya que es el primer agente de cáncer de piel.

 

 

 

 

 

Noche de disco, socializar con personas a las que nos unen vínculos amistosos… todo eso mejora la salud mental. Pero lo contrario les ocurre a los adictos a la noche: no dormir, beber, fumar (todo lo que atrae a la hora de socializar), nos provocará una gran pérdida de radicales libres, y lo más probable es que tengamos un envejecimiento prematuro. Todos los vicios o adicciones que podamos enumerar vienen de la mano de alguna carencia personal, lo bueno sería poder detectarla para un futuro más saludable.