Es uno de los jugadores mediáticos más importantes del momento. Escritor y periodista de alma pero empresario de profesión, apuesta todo a consolidar su grupo y seguir creciendo.

Era febrero de 1993, Juana –costurera tucumana- y Carlos –empresario devenido en diariero y bandeoneonista de alma- estaban de vacaciones en Brasil. El menor de sus cinco hijos se había quedado solo en su casa de Ramos Mejía.  Diego tenía 19, la intuición de que quería ser productor de televisión, la billetera vacía y ningún trabajo en vista. Así se paga en una familia de clase media del conurbano no elegir una carrera de verdad, como contador, abogado o ingeniero. “¿Querés meterte en cosas raras? Hamacate”, le dijeron. 

 

La pequeña batalla había comenzado a gestarse cuatro años antes, cuando Diego Kolankowsky (a quien a partir de ahora nombraremos con las siglas DK) le contó a su madre su intención de ser escritor, que fue, en verdad, su primera vocación. “Cuando le dije lo de escribir me sacó a patadas de la casa, y cuando terminó de tirar toda la pilcha en la vereda me despachó con un: ‘Andá, Cortázar’”, recuerda, ahora, entre risas. Volvamos al verano del 93. Tenemos a un DK veinteañero, rugbier y pecoso sin un peso en el bolsillo ni comida en la heladera.

 

Un mediodía cualquiera encaró la Avenida de Mayo de Ramos y caminó a tranco largo los 20 kilómetros que separaban su casa del barrio de San Cristóbal, donde todavía hoy está Canal 11. En el bar Denaro, en la esquina de Pavón y Matheu, se encontró con su hermana 20 años mayor que trabajaba de productora en el canal.

 

“Mirá, esos son los del noticiero. Si querés trabajar encaralos”, le dijo Diana. Diego, cansado del viaje, ya almorzado pero hambriento, los encaró.

 

¿Sabés inglés, pibe? –preguntó Carlos Radicce, en ese entonces jefe de archivo del canal.

 

–Sí.

 

–¿Sos traductor?

 

–Sí –mintió Diego.

 

–Mañana hacés una prueba.

 

Finalmente la prueba se hizo a la semana siguiente y, para entonces, DK ya había demostrado mantenerse vivo y atento en jornadas de 16 horas seguidas. Al año se aburrió de las traducciones y tomó de punto al periodista más lindo y luminoso que había en el staff: un tal Juan Castro. DK vio en Juan el potencial que necesitaba para sus locas ideas y se le pegó. Juan vio en Diego una energía que le era hermana, y juntos armaron un equipo. “Hacíamos cosas osadas. Por ejemplo, estaba en ese momento el debate sobre el topless y Juan entrevistó a cinco mujeres en bolas en un bar en Callao y Santa Fe. Vino la policía, se armó un lío bárbaro. Yo pensé que me iban a echar, pero no. Me pasaron formalmente a producción”.

 

En poco más de 15 meses, Diego se había convertido en uno de los productores ejecutivos del informativo, y Juan era Juan. Luego vino Zoo, el periodístico precursor de Kaos en la ciudad, adonde después conocí yo a Juancito. Ocho años más tarde, DK tomó el segmento del columnista de política del noticiero, Luis Majul. Durante años la dupla fue inseparable. Hicieron La cornisa primero en cable y después en televisión abierta. Y se animaron a hacer programas polémicos. No eran un show de espectáculo. No eran un clásico periodístico. Hacían infoteinment: mezclar a Moria Casán o a Pergolini con Aníbal Fernández, o a Ventura y a Amado Boudou. Luego, el hombre que ganó seis premios Martín Fierro alcanzó la Gerencia de Noticias de América TV, y en ese período rediseñó los noticieros, armó los programas Informe central con Rolando Graña, 12/12 con Guillermo Andino y desarrolló con La Cornisa Producciones el periodístico ¿Por qué?, conducido por Jorge Lanata. 

 

En 2004 abrió su propia productora, DK Group, que hoy genera ocho programas de televisión y cuenta con un staff de 13 periodistas, entre los que están Tuni Kollman, María Belén Aramburu, Rodolfo Barili, Ronnen Szwarc, Toti Pasman, Pablo Duggan, Horacio Cabak y quien escribe. También genera el portal de noticias Haceinstantes.com y brinda asesoramiento a empresas. Por eso, le preguntamos sobre el actual panorama mediático. 

 

–¿Cómo se posiciona un empresario de medios en el actual panorama político y económico del país?

 

–Como productor creativo de medios y gerente general de mi vida creo que en los contenidos que realizo nunca dejo de pensar en la gente, en el público. Son ellos los que merecen el respeto. Son ellos los que convierten exitosos o no nuestros productos. Trato de estar del lado de ellos. De nosotros, en realidad. La política y la economía han dado estos años capítulos que quedarán en la historia. Algunos por amor y otros por odio. Pero estos últimos diez años no pasarán desapercibidos.

 

–¿Cuáles son los medios del futuro?

 

–El futuro de los medios es genial. Si los entendemos en términos de comunicación van a crecer indiscriminadamente. En forma casi descontrolada, como lo están haciendo. Se convertirán en más horizontales con todos, con la posibilidad de crear, producir y comunicar. Lo audiovisual crecerá. La tele como aparato o licencia para transmitir probablemente desaparezca, pero jamás sus contenidos. Cambiará la forma de distribución pero los contenidos seguirán existiendo. El desafío en la era digital va a ser conseguir fondos para producir con tanta oferta. El que resuelva esa pregunta, tendrá resuelto el 99 por ciento del recorrido.

 

“ La política y la economía han dado estos años capítulos que quedarán en la historia. Algunos por amor y otros por odio”


Rápido y furioso

 

Si algo caracteriza la vida de Kolankowsky es la velocidad. A los 4 ya manejaba kartings a motor, a los 8 motos y hoy conduce los fierros capaces de levantar mayor potencia. Tiene motos y autos deportivos. Dos Harley Davidson y un BMW descapotable lucen soberbios en el garaje de su loft reciclado. Sabe pilotear aviones, aunque todavía no tiene uno. “Todavía”, aclara, y dice que le gusta la “sensación de vértigo que le da manejar a 260 kilómetros por hora”. Yo agrego: la sensación de vivir a 260 por hora.

 

DK es con el trabajo como con la comida: un compulsivo. De generar y desarrollar ideas, de buscar y encontrarles la vuelta a los formatos de televisión y de entusiasmar a los periodistas para confiar en él. Y, en tren de contarles a ustedes sus lados luminosos pero también sus costados oscuros, Kolankowsky es, además de compulsivo, caprichoso como un hijo único. Si se encapricha con los autos, va por el más caro. Y si le gustó un reloj suizo, se arma una colección completa. Y un programa internacional de alta relojería como el que está desarrollando DK Group este año. Con ese proyecto planea abrir próximamente oficinas en San Pablo y en Estados Unidos.

 

No tiene pareja pero es padre. Ámbar tiene un año y poco y es rubiecita, de ojos celestes y mimosa. Promete ser también su malcriada y malcriadora. Ya le llenó el placard de vestiditos Chanel y Gucci que compró en uno de sus últimos viajes de placer. Si uno se mete en la casa de DK, encuentra de todo. Libros, discos, autos, guitarras y, sobre todo, fotos. Todas las semanas hay conga en su casa. Suele juntarse a tocar con sus amigos Jorge “Corcho” Rodríguez, Javier Malosetti y Luciano Napolitano, el hijo de Pappo. Justamente de Pappo conserva la Firebird con la que el Carpo grabó su último disco, Buscando un amor, que produjo Corcho. Tiene una banda que se llama Rock/A, y aunque es fanático de este género, se jugó por la música electrónica. Es uno de los dueños de Radio Delta, la principal frecuencia de música electrónica que transmite en vivo. A esta altura ustedes se preguntarán si canta bien. No. La respuesta es no, según su juicio y el de la que escribe. Más bien ladra. Pero ladra con un coro de tan buenos vocalistas, que cuando festeja su cumpleaños dan un show de rock nada despreciable. Además, toca piano, guitarra y batería y, ahí, se defiende bastante bien. Lo que se dice un hombre orquesta.