Es una de las ciudades más lindas y alegres del planeta. Y también una de las que más se renuevan, mejorando sin cesar al compás de la bossa nova.

 

Cuando el avión gira sobre la Bahía de Guanabara, y uno ve su silueta contonearse sobre el mar, lo sabe: eso es Río. Esa ciudad sinuosa, ondulante, plena de contrastes. Esa que empieza en el mar y se encarama sobre los morros. Esa que ostenta como una gema la impresionante Lagoa Rodrigo de Freitas en medio de su pecho, como si fuera su vibrante corazón. Esa que coquetea con las olas, una y otra vez, mientras la particular población que la habita, los cariocas, corre, juega al voley o patina a lo largo de las playas que la limitan.

 

Río es el exceso. Es excesiva la naturaleza, el clima (sus altas temperaturas, sus copiosas lluvias, sus soles incandescentes), la gente. Es excesivo el espectáculo que la define universalmente, el carnaval, que convoca a las personalidades más destacadas del mundo, mezcladas allí con las scolas que nacen en las favelas. Río es un compendio de virtudes y pecados tan íntimamente enlazados que intentar separarlos sería desvirtuar su esencia.

 

La maravillosa ciudad de las playas


La silueta de Copacabana es gloriosa. Pero la movida, hace ya muchos años –quizá desde que Jobim inmortalizara a su garota– se trasladó a sus vecinas más sofisticadas: Ipanema y Leblon. En el Puesto 9 de Ipanema, la beautiful people carioca se reúne cada tarde para celebrar la ceremonia de los cuerpos perfectos y la onda inimitable. Al atardecer, mientras el sol se esconde entre el Dos Hermanos, la gente juega voley, rollea o termina lánguidamente la última caipirinha antes de cruzarse a los cafés y los botecos que comenzaron desde hace tiempo a ser la parada obligada del after beach. Imprescindible ir a Cafeína, que cuenta con uno de los mejores cafés de Brasil y desayunos para eternizarse.

 

 El Relais Chateau, Santa Teresa

 

Estos barrios cuentan además con lo mejor del circuito nocturno. Los restaurantes que rodean la Plaza de Ipanema, al igual que los de la Lagoa y los del nuevo barrio trendy, el Baixo Leblon, concentran la mayor cantidad de bellezas por metro cuadrado de Río (que es, quizá, la mayor cantidad del mundo). Por allí encontramos Felice, Zaza, Via Sete, todos en Ipanema; y en la vecina Leblon están Antiquarius, Garcia & Rodriguez y el sofisticado bar d’hotel del Marina All Suites, con la mejor barra de la ciudad y una vista de postal.

 

Si el circuito fashion es tu favorito, la noche terminará con música y tragos en 00, en el exclusivo barrio de Gavea.

 

 

 

Barra da Tijuca 

 

Santa Teresa: un clásico revisitado


En los últimos años, los cariocas comenzaron a recuperar un tradicional barrio de bohemios y artistas, otrora peligroso, para convertirlo en un circuito para exquisitos. Ese barrio, comunicado por la ciudad por el típico bondinho, una especie de tranvía que sube la loma del morro con sus colores traviesos, es hoy el lugar donde se asientan maravillosos hoteles boutiques, restaurantes y bares. Además de talleres de artistas, abiertos al público a las horas más imprevisibles. La vista desde lo alto de Santa Teresa deja sin aliento. El Relais and Chateau Santa Teresa, una antigua casona remodelada, hace uso de esto y muestra una de las mejores caras de este paraíso, con las vistas panorámicas de sus habitaciones, su distinguida decoración y un restaurante que figura entre los mejores del país. Además de exhibir obras de artistas plásticos como Sergio Rodrigues.

 

Bondinho old tram, Largo dos Guimares, Santa Teresa


Río es música 

 

Y, antes de pegar la vuelta, en Toca do Vinicius, una pequeña y legenderia disquería de la ciudad, el viajero se provee de un poco de la música que es el alma de Río, la bossa, para decolar escuchando en los auriculares “Um cantinho e um violão, este amor, uma canção pra fazer feliz a quem se ama…” mientras deja un poco de su alma en la cima del Corcovado.


 

Toca do Vinicius